¿Cuántas veces pagaste una suscripción que sube y sube, aunque uses siempre lo mismo? Ese momento en el que sentís que el software “te tiene agarrado” no es solo una molestia doméstica. Es el punto de partida de una transición que hoy acelera la inteligencia artificial.
La idea la anticipó Marc Andreessen en 2011 con su frase célebre: “el software se está comiendo el mundo”. Ahora, con la irrupción de la IA generativa —hitos como GitHub Copilot (2021) y ChatGPT (2022)—, ese engranaje central empieza a girar distinto. El hallazgo no es que el software muera. Es que se multiplica y cambia de forma.

En paralelo, el temor corporativo tomó un nombre dramático: “SaaSpocalypse”. La semana previa a la publicación del análisis, empresas de software cotizadas perdieron en conjunto unos 300.000 millones de dólares en un solo día. Y compañías como MongoDB, Salesforce, Shopify o Atlassian llegaron a caer entre 15% y 20% en horas.
Steven Sinofsky, exresponsable de Windows en Microsoft, aporta una clave para leer el fenómeno: las grandes transiciones suelen vivirse como un final, pero tienden a ampliar lo existente. El PC no eliminó los mainframes. El comercio electrónico no borró la tienda física. Y con IA, subraya, no habrá menos software, sino mucho más.
Ahora bien, el mecanismo que dispara el cambio no está solo en “que la máquina programe”. Está en quién vuelve a tener el control.
Para entenderlo sin jerga, sirve una analogía doméstica: el modelo SaaS (Software as a Service, software como servicio por suscripción) se parece a alquilar un departamento donde no podés tocar ni un tomacorriente. Vivís ahí, pagás todos los meses, y si el dueño cambia las reglas, te adaptás.
También te puede interesar:Estados Unidos Enfría la Fiebre de la IA: 98.000 Millones en Proyectos de Centros de Datos en el AireLa IA generativa funciona como una caja de herramientas que aparece de golpe en esa casa. De pronto, incluso alguien sin formación formal puede ajustar el “cableado” de una habitación: crear una pequeña automatización, modificar una app Open Source, o armar una solución mínima para una tarea puntual. Esa es la oportunidad de las “microaplicaciones a medida”.
Y ahí entra el concepto que Andrej Karpathy prefiere a “vibe coding”: la ingeniería agéntica (agentes de IA, programas que actúan y colaboran). No es solo autocompletar código. Es tener ayudantes que proponen, prueban y ensamblan piezas, como si varios técnicos trabajaran a la vez sobre el mismo plano.
Pero esos ayudantes no son infalibles. GitHub Copilot, por ejemplo, mostró que las máquinas pueden programar, pero no con fiabilidad del 100%. Requieren supervisión. Porque una cosa es que “funcione” hoy, y otra que sea mantenible y seguro mañana.
El SaaSpocalypse no nace en el vacío. Durante años, muchas plataformas SaaS aprovecharon su posición dominante con subas agresivas y contratos rígidos. Salesforce aumentó precios alrededor de un 35% en dos años. Y Broadcom aplicó en Europa subas de hasta 1.500% en licencias de VMware, un caso percibido como extremo.
Así, para muchos clientes la IA aparece como un interruptor: la llave que abre la puerta para dejar de ser rehén de un proveedor. Algunas organizaciones la usan para migrar, optimizar procesos o directamente plantearse construir software propio, más chico y específico.
El problema es el riesgo de “ponerlo en producción” (usarlo con usuarios reales) con sistemas generados casi solo por modelos, sin revisión humana exhaustiva. En el estado actual, eso se considera inaceptable. Linus Torvalds, creador de Linux, advirtió que programar con IA sin dominar las bases puede ser muy peligroso a largo plazo.
También te puede interesar:OpenAI Presenta un Agente para Investigación ProfundaAdemás, aparece otro cableado sensible: soberanía de datos y seguridad. Si el software se genera o ejecuta con agentes de terceros (como OpenAI o Anthropic), se abren preguntas sobre confidencialidad, propiedad intelectual y dependencia. Y también pesan límites físicos: energía y hardware necesarios para escalar estas soluciones.
La comparación es simple y potente: Excel no eliminó a los contables, los convirtió en analistas. De manera parecida, la IA automatiza tareas repetitivas, pero empuja el valor del desarrollador hacia diseñar arquitecturas, controlar calidad y garantizar robustez en el mundo real.
Si el software era una casa alquilada, la IA no la derrumba: trae planos nuevos y herramientas para remodelarla, con más ambientes, más puertas y más responsabilidades. Y para el usuario común, eso puede significar algo concreto: pagar menos por rigideces, y más por resultados que de verdad encajen con su vida.

Directora de operaciones en GptZone. IT, especializada en inteligencia artificial. Me apasiona el desarrollo de soluciones tecnológicas y disfruto compartiendo mi conocimiento a través de contenido educativo. Desde GptZone, mi enfoque está en ayudar a empresas y profesionales a integrar la IA en sus procesos de forma accesible y práctica, siempre buscando simplificar lo complejo para que cualquiera pueda aprovechar el potencial de la tecnología.