Según una presentación judicial citada por WIRED, OpenAI decidió abandonar de forma definitiva la marca “io” de Jon Ive para sus futuros gadgets de inteligencia artificial. El hallazgo es contundente: no habrá “io” ni en el nombre, ni en el marketing, ni en el branding.
Además, la decisión aparece como una pieza clave dentro de un conflicto que empezó en 2025. La startup de audio iyO, nacida dentro de Google y enfocada en auriculares y audífonos con IA, demandó a OpenAI poco después de que OpenAI comprara io, la firma creada por Ive. IyO acusó “infracciones intencionadas” de marca y consiguió una restricción inicial de los tribunales.
Peter Wellinder, vicepresidente y director general de OpenAI, declaró que a raíz de la demanda la empresa cambió su estrategia publicitaria para algunos productos y dejará de usar “io” en cualquier forma.

La clave, acá, no es solo legal. Es comercial y psicológica. Un nombre funciona como el interruptor que enciende la confianza: si el consumidor lo asocia a una promesa clara, el producto arranca con ventaja. Si ese interruptor se apaga por un juez, todo el cableado del lanzamiento se complica.
Para entenderlo sin jerga: un gadget de IA necesita “presentarse” antes de hacer su magia. Y esa presentación empieza por cómo se llama. Es como mudarse a una casa nueva, con un sistema eléctrico impecable, pero descubrir que la calle y la numeración ya pertenecen a otro. Podés tener la mejor instalación, pero si no hay dirección válida, el resto del barrio no te encuentra.
Por eso, abandonar “io” no es un detalle cosmético. Es reconfigurar la central del proyecto: desde el packaging hasta la manera en que se lo busca en internet y se lo recomienda en una charla entre amigos.
También te puede interesar:OpenAI Disuelve su Equipo que Velaba por Sistemas de IA Segura y ConfiableMientras tanto, el proceso judicial también reveló engranajes del desarrollo. Según la demanda, Altman e Ive habrían probado hasta 30 modelos de auriculares de la competencia. Y el dispositivo en trabajo se describió como una especie de iPod Shuffle que se cuelga del cuello y se conecta a varios dispositivos cotidianos.
Ese formato sugiere una ambición concreta: un asistente de IA “siempre puesto”, sin depender de sacar el teléfono a cada rato. Todavía no se conoce la naturaleza definitiva del equipo. Las estimaciones oscilan entre unos auriculares con inteligencia artificial o un dispositivo sin pantalla que use los modelos GPT (modelos de lenguaje, programas que generan texto y voz).
Si el gadget termina siendo un dispositivo sin pantalla, el nombre pesa más. En un producto minimalista, el branding es la cara visible. Es la etiqueta en la llave: lo único que te dice qué abre y qué no. Y en un mercado donde los asistentes compiten por volverse cotidianos, esa etiqueta es una oportunidad o un freno.

También hay un efecto colateral: la expectativa pública se llena de rumores. En febrero de 2026, por ejemplo, se viralizó en Reddit un supuesto teaser filtrado de los “auriculares de OpenAI”. Luego se supo que era falso, un bulo fabricado por un usuario. Cuando el producto real aún no existe en tiendas, el vacío se llena rápido.
En tiempos de IA, no siempre el obstáculo es la potencia de cálculo. A veces, el mecanismo que define el ritmo es más simple: quién tiene derecho a colgar un nombre en la puerta.
OpenAI prevé presentar el gadget en la segunda mitad de 2026, pero Wellinder indicó que el primer dispositivo no se comercializará hasta febrero de 2027. Hasta entonces, el proyecto sigue avanzando con un cambio silencioso pero central: el interruptor “io” ya no se toca.
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Directora de operaciones en GptZone. IT, especializada en inteligencia artificial. Me apasiona el desarrollo de soluciones tecnológicas y disfruto compartiendo mi conocimiento a través de contenido educativo. Desde GptZone, mi enfoque está en ayudar a empresas y profesionales a integrar la IA en sus procesos de forma accesible y práctica, siempre buscando simplificar lo complejo para que cualquiera pueda aprovechar el potencial de la tecnología.