¿Alguna vez te quedaste mirando a un personaje en un parque y pensaste “se mueve como si fuera de verdad”? Esa frontera entre un muñeco y alguien “vivo” suele romperse por detalles pequeños: un paso demasiado duro, un gesto que llega tarde, un ruido que no debería estar ahí.
Ahora, Disney quiere empujar esa frontera con un hallazgo que funciona como un interruptor: en 2026 presentará a Olaf, el muñeco de nieve de Frozen, como el primer personaje robótico completamente autónomo impulsado por IA en sus parques. Debutará en Hong Kong y París, y no será un autómata.
El mecanismo detrás es una mezcla de robótica avanzada y aprendizaje por refuerzo (entrenamiento por prueba y error) para replicar con precisión sus movimientos y su personalidad. Disney, a través de Walt Disney Imagineering y Disney Research, lo usa como escaparate perfecto: miles de visitantes por día, un entorno controlado y supervisión constante.
Según Kyle Laughlin, vicepresidente senior de Walt Disney Imagineering, procesos de animación de movimiento que antes llevaban años ahora pueden completarse en días o semanas gracias a este enfoque de IA.
La clave está en que no se “programa” cada gesto como quien escribe una lista de instrucciones. Se lo entrena en un simulador que funciona como un gimnasio virtual, con millones de repeticiones, hasta que el cuerpo aprende qué hacer en cada situación.

En ese gimnasio, el aprendizaje por refuerzo (recompensas y castigos digitales) opera como una mamá o un entrenador que dice “así sí, así no”. Los ingenieros le dieron recompensas específicas para que imite el ciclo de animación original creado por artistas. No alcanza con caminar: tiene que caminar “como Olaf” para que el cerebro del espectador no detecte el engaño.
Y la parte mecánica también tiene su truco doméstico: como esconder caños y cables detrás de una pared prolija.
Olaf tiene un problema de diseño evidente: cabeza enorme, cuello diminuto, pies pequeños y sin piernas visibles. Para resolver esa física “imposible”, los ingenieros armaron un sistema de piernas asimétricas, con una invertida respecto a la otra, ocultas bajo una “falda” de espuma de poliuretano. Esa falda cumple doble función: disimula el engranaje interno y absorbe impactos, incluso cuando el robot hace pasos de recuperación para no caerse.
En la cara, cada articulación —ojos, mandíbula— se mueve con enlaces mecánicos esféricos y planos. Los actuadores (motores pequeños) quedan escondidos bajo el disfraz. Es un cableado fino que busca una central: expresividad sin mostrar la máquina.
Durante las pruebas, aparecieron dos enemigos de la credibilidad: el ruido y la temperatura. El sonido de las pisadas era demasiado mecánico. Así que el equipo agregó una recompensa extra en el entrenamiento que penalizaba cambios bruscos en la velocidad vertical del pie al tocar el suelo.

El dato es contundente: el ruido medio por pisada bajó de casi 82 dB a unos 64 dB sin alterar de forma significativa la manera de andar. Es la diferencia entre una silla arrastrándose y un paso que pasa desapercibido.
El otro riesgo fue el calor. El cuello delgado aloja actuadores pequeños que sostienen una cabeza grande, además cubierta por un traje aislante. Para evitar sobrecalentamiento, Disney integró un modelo térmico (simulación del calor) y alimentó datos de temperatura en tiempo real a la IA. Cuando se acerca a 80 °C, el sistema ajusta sutilmente la postura para bajar el esfuerzo del motor.
Este salto se apoya en Newton, un motor físico (simulador de fuerzas y materiales) desarrollado junto a NVIDIA, Google DeepMind y Disney Research, anunciado en la GTC 2025. Newton busca simular mejor cómo un robot interactúa con objetos deformables como telas o alimentos, una pieza clave si el personaje está “envuelto” en un disfraz.
Disney ya venía ensayando esta oportunidad con los droides bípedos BDX de Star Wars, que aparecieron en Galaxy’s Edge en 2023. La hoja de ruta es más amplia: más personajes autónomos, más interactividad, parques y cruceros, respaldados por un plan de inversión de 60.000 millones de dólares en la próxima década.
Para el visitante, el cambio puede sentirse simple: menos “muñeco”, más presencia. Como cuando una casa deja de crujir y, de pronto, parece bien construida. La ilusión no se grita: se sostiene en silencio, paso a paso.

Directora de operaciones en GptZone. IT, especializada en inteligencia artificial. Me apasiona el desarrollo de soluciones tecnológicas y disfruto compartiendo mi conocimiento a través de contenido educativo. Desde GptZone, mi enfoque está en ayudar a empresas y profesionales a integrar la IA en sus procesos de forma accesible y práctica, siempre buscando simplificar lo complejo para que cualquiera pueda aprovechar el potencial de la tecnología.