¿Te cuesta terminar una lectura larga sin mirar el celular, saltar a otra pestaña o pedirle un resumen a una IA? Esa escena, cada vez más común en las aulas, ya no se vive como una distracción aislada, sino como una señal de desgaste.
El hallazgo lo resume el profesor Tyler Jagt con una imagen simple y dura: ninguno de sus estudiantes pudo completar la lectura de un artículo de 20 páginas. Todos, según explica, perdían el hilo una y otra vez. Para él, la pieza clave no es solo el desinterés, sino un cambio profundo en el mecanismo de atención.
Además, universidades de distintos entornos ya detectan un deterioro progresivo en lectura, escritura y comprensión. En paralelo, un estudio del Instituto Tecnológico de Massachusetts, MIT, reveló que la dependencia de la IA generativa, sistemas que producen texto o respuestas automáticas, puede alterar la retención de información y reducir la actividad cerebral asociada con la creatividad.
Jagt advierte que hay un “colapso generacional” cuantificable en la lectura y la escritura constantes.

La central de este problema, según el docente, tiene dos cables principales: el uso constante del teléfono inteligente y la costumbre de delegar tareas mentales en herramientas como ChatGPT. Muchos alumnos usan estos sistemas para resumir textos o elaborar trabajos. El resultado es una respuesta inmediata, pero también una pérdida de entrenamiento.
La IA generativa funciona como un ascensor cómodo. Resuelve el trayecto. Pero si se usa desde la planta baja para todo, el músculo deja de hacer su trabajo.
Con el celular pasa algo parecido. Es como un interruptor de luz que alguien enciende y apaga cada pocos segundos. Cada notificación corta el circuito de foco. Y cuando la atención se rompe muchas veces, volver a una lectura exigente se parece a intentar seguir una película mientras cambian de canal a cada minuto.
El engranaje de la concentración
Jagt compara esta situación con su propia experiencia una década atrás. Entonces podía leer el mismo tipo de texto sin dificultad. Hoy, en cambio, sus estudiantes llegan a clase con hábitos mentales condicionados por pantallas y respuestas automáticas, y eso obliga a los docentes a recuperar contenidos básicos que deberían haberse adquirido antes.

No se trata solo de una impresión personal. Un estudio de 2017 ya había relacionado la proximidad del teléfono móvil con un deterioro cognitivo en estudiantes jóvenes. Esa pista, lejos de apagarse, parece haberse intensificado en los últimos años con la presencia constante del dispositivo y la expansión de la IA como atajo cotidiano.
La clave está en que el problema aparece muy temprano. Si un estudiante recurre de forma sistemática a una herramienta generativa para obtener la respuesta, reduce su capacidad analítica y resolutiva. Es decir, deja de montar el mecanismo por sí mismo y se acostumbra a recibir la pieza ya ensamblada.
Esa pérdida se paga más adelante. A medida que avanzan en su formación, los alumnos necesitan más lectura sostenida, más escritura propia y más criterio. Pero llegan con un cableado frágil para tareas que antes eran la base.
Lo que cambia en el aula
Por eso muchos profesores están readaptando sus métodos. Rebajan exigencias, fragmentan materiales y dedican tiempo a habilidades previas. Lo hacen, según advierten, no porque lo consideren ideal, sino porque la alternativa es dejar a parte del curso fuera del sistema.
Jagt subraya que la respuesta académica actual se parece más a la improvisación y al agotamiento que a una reforma estructural. Y ahí aparece una oportunidad incómoda: usar la IA como apoyo puntual, no como muleta permanente, y volver a entrenar la lectura como quien repara una instalación eléctrica antes de que falle toda la casa.
La señal de alarma ya está encendida. Pero también revela algo útil: si el foco se entrenó para dispersarse, también puede volver a aprender a quedarse quieto.

Directora de operaciones en GptZone. IT, especializada en inteligencia artificial. Me apasiona el desarrollo de soluciones tecnológicas y disfruto compartiendo mi conocimiento a través de contenido educativo. Desde GptZone, mi enfoque está en ayudar a empresas y profesionales a integrar la IA en sus procesos de forma accesible y práctica, siempre buscando simplificar lo complejo para que cualquiera pueda aprovechar el potencial de la tecnología.








