El hallazgo político de estas semanas es claro: en Estados Unidos crece la resistencia a construir nuevos centros de datos (galpones llenos de servidores, las computadoras que sostienen la nube) para alimentar la IA. Y Nueva York se sumó con fuerza: dos legisladoras demócratas presentaron un proyecto para suspender durante tres años los permisos de nuevas instalaciones.
Con esa iniciativa, Nueva York se convierte en el sexto territorio que plantea una moratoria en pocas semanas. Además, el rechazo se volvió bipartidista. Desde Florida hasta Vermont aparecen pausas temporales, y desde fines de diciembre ya hay al menos 14 estados con ciudades o condados que frenaron permisos.

En diciembre, Bernie Sanders fue el primer dirigente nacional en pedir una pausa general. Su argumento fue un interruptor moral: la moratoria serviría para asegurarse de que los beneficios de la IA no terminen concentrados en el 1% más rico, mientras el costo físico se reparte sobre el resto.
Para entenderlo sin cables sueltos conviene pensarlo como una casa. La IA no “vive” en una pantalla: vive en una instalación que necesita electricidad constante, refrigeración y agua. Es como si, de pronto, tu barrio recibiera un edificio que prende la calefacción todo el día y abre la canilla para enfriar sus motores. Puede estar lejos de tu cocina, pero se conecta al mismo tablero.
En esa analogía, los centros de datos son un electrodoméstico gigantesco que no se ve, pero comparte el enchufe comunitario. Por eso el mecanismo de la protesta se repite: miedo a facturas más altas, preocupación por el ruido y por emisiones, y la sensación de que el beneficio local es pequeño.
Además, muchas empresas prometen empleo durante la construcción. Luego, cuando el centro de datos entra en modo operativo, necesita poco personal permanente. Es un engranaje que mueve mucho consumo, pero genera pocos puestos en el día a día.
También te puede interesar:OpenAI Presenta un Agente para Investigación ProfundaLos números de Nueva York ayudan a dimensionar el conflicto. El estado ya tiene más de 130 centros de datos en funcionamiento. Y la demanda eléctrica ligada a nuevos proyectos llegó a 10 gigavatios, el triple que un año antes. Entre los planes figura un centro de 450 megavatios sobre los terrenos de una antigua central de carbón.
Por eso la propuesta no es solo frenar. Durante la moratoria, el Departamento de Conservación Ambiental y la Comisión de Servicios Públicos evaluarían impactos y, a partir de esa auditoría, deberían proponer nuevas regulaciones para el sector.
En paralelo, la gobernadora Kathy Hochul lanzó una iniciativa para que los centros de datos “paguen su parte justa” de los costos energéticos. Y del otro lado del mapa, Ron DeSantis sostuvo que la población no quiere facturas más altas solo para sostener servicios de IA como chatbots.
La presión no viene solo de los despachos. Más de 200 organizaciones ambientalistas firmaron una carta que califica esta expansión como una de las mayores amenazas ambientales y sociales de la generación. Y, según Data Center Watch, entre marzo y junio de 2025 se retrasaron o cancelaron proyectos por 98.000 millones de dólares.
En Monterey Park, California, una campaña vecinal de seis semanas logró una moratoria de 45 días y el compromiso del ayuntamiento de estudiar una prohibición permanente. Es el mismo patrón: la comunidad busca un interruptor local para algo que se decide a escala global.
La industria ya empezó a responder. Microsoft presentó compromisos, con apoyo de la Casa Blanca, para actuar como “buen vecino”. Y Dan Diorio, vicepresidente de política estatal de Data Center Coalition, admitió que el sector ve importante educar e informar mejor sobre su actividad. La industria reconoce la necesidad de explicar más y mejor qué hace y qué costos implica, en línea con esas declaraciones.
También te puede interesar:¿La IA nos Hace Más tontos?: El MIT Revela el Impacto Oculto de la IA en el AprendizajePara el usuario, la oportunidad es doble: más transparencia sobre quién paga la energía de la IA y mejores reglas para que el “cableado” no se cargue sobre un solo barrio. Si la IA va a crecer, el tablero eléctrico también tendrá que modernizarse. Y esa conversación, por primera vez, salió del laboratorio y llegó a la mesa de la gente.

Directora de operaciones en GptZone. IT, especializada en inteligencia artificial. Me apasiona el desarrollo de soluciones tecnológicas y disfruto compartiendo mi conocimiento a través de contenido educativo. Desde GptZone, mi enfoque está en ayudar a empresas y profesionales a integrar la IA en sus procesos de forma accesible y práctica, siempre buscando simplificar lo complejo para que cualquiera pueda aprovechar el potencial de la tecnología.