¿Te pasó de escribir un mail complicado, preparar una clase o pulir un texto y sentir que el mayor esfuerzo no fue “saber”, sino ordenar lo que sabés? Ahí es donde la inteligencia artificial generativa empezó a meter la mano. No en el taller, sino en la oficina mental.
Un informe de Microsoft Research puso números a esa intuición. El hallazgo surge del análisis de 200.000 interacciones reales entre usuarios y Bing Copilot (hoy Microsoft Copilot), registradas entre enero y septiembre de 2024, para ver en qué tareas laborales la IA ya muestra eficacia concreta.
Entre las 40 profesiones con mayor exposición aparecen intérpretes y traductores (encabezan el ranking), historiadores, escritores, periodistas, representantes de ventas y profesores universitarios. Aunque el estudio usa datos de Estados Unidos, los investigadores señalan que la tendencia puede trasladarse a Europa y América Latina por el cableado global de estas ocupaciones.

Y, entonces, el informe revela una clave: el epicentro del cambio no está en el “empleo” como etiqueta, sino en el trabajo de información (crear, procesar o comunicar conocimiento). Ese engranaje incluye explicar conceptos, redactar, sintetizar, responder consultas y preparar materiales.
Ahora bien, ¿por qué estas tareas son tan vulnerables? Porque muchas se pueden desarmar en subtareas pequeñas, repetibles y digitalizables. A diferencia de un trabajo físico, donde el mundo real impone fricción, aquí el terreno ya es de datos.
La analogía central es sencilla: la IA funciona como un tablero eléctrico que puede encender o apagar “interruptores” de tareas informativas. No construye la casa completa, pero sí prende las luces, activa la calefacción y hace circular el agua cuando alguien le indica qué ambiente necesita.
En esa casa, el “interruptor” puede ser un borrador rápido, una explicación en lenguaje llano o una lista de puntos para una reunión. La persona sigue decidiendo el plano, el tono y la intención. Pero varias acciones que antes pedían tiempo humano ahora se delegan al sistema.
Por eso Microsoft distingue dos mecanismos. Uno es la automatización (transferencia completa de una tarea). El otro es la asistencia (trabajo en conjunto), cuando la IA no reemplaza, pero acelera y ordena.
En áreas como medios de comunicación u operaciones financieras, el reporte sugiere que ya existen procesos que pueden pasar casi enteros a algoritmos. Es decir: preparar resúmenes, redactar primeras versiones, responder consultas frecuentes o clasificar información. Eso libera tiempo para tareas de mayor valor, como entrevistar, verificar, negociar o decidir estrategia.
En cambio, en trabajos físicos —por ejemplo, la preparación de alimentos— la IA aparece más como copiloto. Puede ayudar con planificación, stock o recetas, pero no reemplaza manos, cocina y contexto.

Un dato que funciona como alarma suave: el uso de IA en funciones informativas es mayor que el peso de esos roles en el total de la fuerza laboral. Para Microsoft Research, esa desproporción anticipa un impacto estructural, porque el sistema ya está siendo convocado justo donde más “encaja”.
Al mismo tiempo, el informe advierte que sería un error equiparar más automatización con destrucción directa de empleos. La historia aporta una pista: con los cajeros automáticos, muchos trabajos no desaparecieron en línea recta; cambiaron de foco, hacia atención, ventas y resolución de problemas.
Para un traductor, la oportunidad puede estar en pasar de “teclear todo” a supervisar calidad, contexto cultural y terminología. Para un docente universitario, en diseñar experiencias, guías y evaluación, mientras la IA sostiene una parte repetitiva del material. Para un periodista, en reforzar verificación y criterio editorial, con la máquina como motor de borradores y organización.
El mensaje final no es de reemplazo automático, sino de reacomodamiento: casi todos los empleos formales tienen alguna tarea que puede moverse de manos humanas a circuitos digitales. La clave será quién aprende a manejar ese tablero de interruptores sin perder el control de la casa.

Directora de operaciones en GptZone. IT, especializada en inteligencia artificial. Me apasiona el desarrollo de soluciones tecnológicas y disfruto compartiendo mi conocimiento a través de contenido educativo. Desde GptZone, mi enfoque está en ayudar a empresas y profesionales a integrar la IA en sus procesos de forma accesible y práctica, siempre buscando simplificar lo complejo para que cualquiera pueda aprovechar el potencial de la tecnología.