¿Te pasa que una herramienta “para ahorrar tiempo” termina ocupando más lugar en tu día? Abrís el asistente, resolvés un pendiente en dos minutos y, casi sin darte cuenta, aparecen otros tres. La promesa de alivio se convierte en una cinta que no se corta.
Eso es lo que revela un estudio difundido por Harvard Business Review: en el caso observado, la inteligencia artificial (IA, software que aprende patrones) no redujo el trabajo. Lo intensificó. Y lo hizo incluso sin órdenes explícitas de producir más.
El hallazgo se construyó durante ocho meses en una empresa tecnológica de Estados Unidos con unos 200 empleados. La compañía ofrecía suscripciones corporativas a herramientas comerciales como ChatGPT, Gemini y copilotos integrados en apps cotidianas, pero no obligaba a usarlas ni cambió formalmente los objetivos de rendimiento.

Lo central es el mecanismo: cuando la IA se incorpora al día a día, puede activar un “modo aceleración” que se instala de manera gradual. No se siente como un gran giro. Se siente como pequeñas decisiones que se suman.
Los investigadores identificaron tres engranajes que, combinados, transforman la experiencia laboral: ampliación de responsabilidades, frontera borrosa entre trabajo y descanso, y multitarea que fragmenta la atención.
La analogía más clara es doméstica: la IA funciona como sumar enchufes y alargues en una casa sin cambiar el tablero. De repente hay más aparatos conectados. Y aunque cada uno consuma poco, el sistema queda siempre “casi al límite”.
También te puede interesar:La IA Escribe ya el Código de Medio Internet y se Está Convirtiendo en un Problema SerioPrimero, la ampliación de responsabilidades. La IA permite encarar tareas que antes exigían ayuda de otra persona o un conocimiento específico. Es una oportunidad real. Pero esa expansión del rol no reemplazó tareas viejas: se añadió encima. Y trajo un extra invisible: supervisar, corregir y ajustar lo que la herramienta entrega.
Después, el cableado de los tiempos. Como la IA baja la fricción para empezar, hace tentador “aprovechar” pausas breves. Un mensaje durante el almuerzo. Un borrador a última hora. Un texto que se revisa mientras se espera una reunión. Así, aunque el horario oficial no se mueva, la jornada se vuelve más continua.
Y hay un tercer interruptor: la multitarea. Harvard Business Review señala que, con sistemas que trabajan en segundo plano, muchas personas sostienen más frentes abiertos a la vez. Da sensación de avance. Pero obliga a revisar resultados, detectar errores y saltar de contexto. Esa fragmentación, con el tiempo, sube las expectativas internas de velocidad.
La investigación combinó observación presencial dos días por semana, análisis de canales internos de comunicación y más de 40 entrevistas en profundidad. Participaron perfiles de ingeniería, producto, diseño, investigación y operaciones, lo que permitió ver el fenómeno desde distintos escritorios.
Un detalle clave: la adopción fue voluntaria y empujada por los propios trabajadores. Por eso el resultado incomoda. Si el ritmo sube incluso sin presión formal, el riesgo no es solo “una mala implementación”. Es una dinámica que puede emerger casi sola.
El estudio sugiere que el problema central no es la tecnología, sino la falta de marcos claros. Propone construir una “práctica de la IA”, una forma acordada de usarla sin que se coma los bordes del día.
También te puede interesar:Amazon Anuncia 14.000 Despidos por IA: el Coste Humano de la Eficiencia RápidaLa pieza clave, entonces, no es sumar más IA. Es volver a poner un tablero: reglas simples para que los nuevos enchufes no conviertan la casa en un zumbido permanente. Porque la promesa de alivio todavía existe, pero necesita límites para volverse real.

Directora de operaciones en GptZone. IT, especializada en inteligencia artificial. Me apasiona el desarrollo de soluciones tecnológicas y disfruto compartiendo mi conocimiento a través de contenido educativo. Desde GptZone, mi enfoque está en ayudar a empresas y profesionales a integrar la IA en sus procesos de forma accesible y práctica, siempre buscando simplificar lo complejo para que cualquiera pueda aprovechar el potencial de la tecnología.