¿Sentís que el trabajo que hoy te da estabilidad podría volverse “chico” de un día para otro? No es una paranoia moderna. Es la misma sensación que da mirar un tablero eléctrico viejo en una casa: funciona, pero cada año suma más aparatos y el cableado empieza a pedir una actualización.
El hallazgo llega desde el Foro Económico Mundial y su “Informe sobre el futuro del empleo”: hacia 2030 se crearán 78 millones de empleos nuevos, muchos en puestos que todavía no existen. En paralelo, el informe revela otro dato central: el 59% de los trabajadores del mundo deberá actualizar habilidades o reconvertirse en los próximos cinco años para seguir siendo competitivo.
En ese mapa, la IA no aparece como un oráculo que “adivina” carreras. Funciona más como un mecanismo de lectura de señales: dónde crecen las industrias, qué tareas se automatizan y qué piezas humanas siguen siendo clave. El resultado es una lista bastante coherente de “carreras del futuro” ligadas a tecnología, ciencia de datos y entornos digitales, con un plus concreto: suelen abrir puertas al remoto y al mercado global, con sueldos en dólares.
La clave, según el informe, no es memorizar herramientas. Es construir alfabetización tecnológica (entender cómo se usa la tecnología) y sumar pensamiento crítico, flexibilidad y “aprender a aprender”. Ese combo actúa como un interruptor: te permite pasar de “usuario” a “perfil adaptable”.
Para entenderlo sin misterio, conviene pensar el mercado laboral como una casa en remodelación. La IA es el nuevo consumo eléctrico: no se ve, pero exige mejor instalación. Y estas tres carreras se parecen a tres oficios muy concretos dentro de esa obra.
Desarrollo de videojuegos sería el equipo que diseña los ambientes y construye experiencias habitables. El gaming crece sin freno y ya no es solo entretenimiento: es una industria cultural y económica que demanda personas capaces de crear mundos interactivos, con mejores gráficos, narrativa y experiencias inmersivas.
En la práctica, hay tecnicaturas universitarias virtuales de dos años, intensivas, que permiten formarse desde distintos puntos de Latinoamérica con docentes del sector, incluso sin experiencia previa. Y ese aprendizaje no queda encerrado en “hacer juegos”: abre puertas en desarrollo de software, animación y diseño creativo.
Ciencia de Datos se parece al medidor de luz y al tablero de control: transforma señales sueltas en decisiones. En la economía digital, los datos son el nuevo “oro”, pero su valor real depende de interpretarlos bien. Ahí entra Data Science, que enseña a analizar grandes volúmenes de información y aplicar inteligencia artificial y aprendizaje automático (modelos que aprenden de ejemplos) para apoyar decisiones estratégicas.
Además, existen programas intensivos de unos nueve meses, part-time, que preparan para roles como analista de datos o científico de datos. Es una disciplina versátil: se usa en finanzas, marketing digital e investigación aplicada, donde cada número puede ser una pista.
Ingeniería de Datos, en cambio, es la plomería y el cableado central. Toda empresa basada en datos necesita una arquitectura sólida para que la información fluya, se almacene y se procese en tiempo real. El ingeniero de datos diseña y mantiene esa infraestructura, muchas veces en plataformas en la nube, y arma pipelines (tuberías automáticas de datos) para que todo circule sin pérdidas.
Esta formación suele apuntar a perfiles técnicos que buscan inserción rápida, con foco práctico en tecnologías concretas. Por eso los graduados suelen encontrar oportunidades inmediatas, tanto en empresas nacionales como en equipos extranjeros que operan con grandes volúmenes de información.
El cambio, para el lector, no es “estudiar lo que está de moda”. Es identificar qué parte del sistema quiere aprender: crear experiencias (videojuegos), interpretar señales (Ciencia de Datos) o construir el circuito por donde todo viaja (Ingeniería de Datos). En muchos casos, no hace falta un título universitario tradicional para empezar, pero sí constancia y una base tecnológica real.
En una década marcada por la IA, la oportunidad no siempre está en correr más rápido, sino en elegir el interruptor correcto y animarse a actualizar el cableado antes de que salte la térmica.

Directora de operaciones en GptZone. IT, especializada en inteligencia artificial. Me apasiona el desarrollo de soluciones tecnológicas y disfruto compartiendo mi conocimiento a través de contenido educativo. Desde GptZone, mi enfoque está en ayudar a empresas y profesionales a integrar la IA en sus procesos de forma accesible y práctica, siempre buscando simplificar lo complejo para que cualquiera pueda aprovechar el potencial de la tecnología.