El informe PISA 2025 de la OCDE y un ensayo de la Universidad de Pensilvania revelan un hallazgo que cambia la discusión sobre la inteligencia artificial en las aulas. Usar chatbots para resumir o redactar tareas se asocia con peores resultados académicos, sobre todo cuando reemplazan el esfuerzo de comprender.

La señal también alcanza a España. El 54% del alumnado reconoce usar chatbots como apoyo para aprender; el 40% los utiliza para resumir contenidos y el 30% para redactar trabajos. La pieza clave, según los estudios, no es prohibir la IA, sino aprender a usarla sin delegarle el razonamiento.

Usar chatbots para resumir o redactar tareas se asocia con peores resultados académicos, y mas si reemplazan el esfuerzo de comprender.

El mecanismo se parece al de una escalera mecánica. Lleva a una persona hasta arriba con rapidez, pero no fortalece sus piernas. Si un examen exige subir por escalones normales, quien siempre usó el atajo puede descubrir que no entrenó el músculo necesario.

La IA entrega una respuesta inmediata, pero el aprendizaje profundo necesita que el estudiante recorra parte del camino mental. Ese recorrido incluye equivocarse, comparar opciones y volver a leer un problema hasta encontrar su lógica.

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El interruptor entre ayuda y dependencia

La IA da una respuesta inmediata, pero el aprendizaje profundo necesita que el estudiante recorra parte del camino mental.

El informe de la OCDE detectó una diferencia cercana a 20 puntos en ciencias entre quienes usan inteligencia artificial para resumir o escribir tareas y quienes no la emplean con ese fin. La brecha equivale, aproximadamente, a perder un curso escolar completo.

Sin embargo, el mismo análisis ofrece una oportunidad. El alumnado que recibió alfabetización en IA, es decir, formación para entender sus límites, verificar datos y hacer mejores preguntas, logró puntuaciones ligeramente superiores a la media. El problema no parece estar en el cableado de la tecnología, sino en quién controla el interruptor.

La Universidad de Pensilvania comprobó ese contraste con cerca de mil estudiantes de matemáticas. GPT-4, un modelo de lenguaje capaz de generar respuestas en texto, mejoró el rendimiento inmediato de quienes lo usaron para estudiar.

Pero en una prueba posterior sin acceso a IA, ese grupo rindió un 17% peor que el grupo de control. Los investigadores relacionan el efecto con la “pereza metacognitiva”, la tendencia a resolver una tarea sin realizar el trabajo mental propio que permite entenderla.

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Richard Scott, un estudiante de 15 años de Pensilvania, vivió esa experiencia fuera del laboratorio. Usó un buscador asistido por IA para resolver ecuaciones, identificar las partes de un volcán y escribir un ensayo sobre un cuento de Edgar Allan Poe.

Sus notas de matemáticas empezaron a bajar. Scott señaló que la herramienta ralentizó su pensamiento y que, durante los exámenes sin ella, le resultaba difícil razonar de forma autónoma.

Un tutor que no entregue la tarea

Especialistas plantean convertir la IA en un “Tutor IA”: sistema que pregunte, muestre pistas, guíe el proceso, y no entregue la solución y respuesta para todo, de forma inmediata

La propuesta de los especialistas no es retirar la IA del aula. Plantean convertirla en un “tutor IA”: un sistema que haga preguntas, muestre pistas y guíe el proceso, en vez de entregar la solución como si fuera una calculadora con respuestas para todo.

También existen alertas fuera de las calificaciones. Un ensayo del Instituto Tecnológico de Massachusetts vinculó el uso diario e intensivo de IA con más soledad, dependencia y menor sociabilización. La Asociación Americana de Psicología advirtió que algunos jóvenes pueden confundir la empatía simulada de un chatbot con una comprensión humana real.

La tecnología puede seguir siendo una herramienta útil en la mesa de estudio, pero no debería ocupar la silla del estudiante. La clave será usarla como una linterna para ver mejor el camino, no como un vehículo que haga el recorrido por él.

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