¿Cuántas veces abriste el mail, copiaste un dato a una planilla, avisaste por WhatsApp y, recién ahí, te acordaste de subirlo a tu gestor de tareas? Ese “trabajo hormiga” no suele verse, pero se come horas. Y, encima, se repite.
Ahí es donde entra Make.com, una plataforma online que permite armar automatizaciones visuales conectando aplicaciones entre sí. El hallazgo práctico que revela es simple: con un diagrama de pasos, el usuario puede dejar encadenadas tareas para que ocurran solas, sin intervención manual.
Además, Make se integra con más de 3.000 aplicaciones y llama “escenarios” a esas automatizaciones completas. Cada escenario se construye con módulos, que son acciones: leer un correo, guardar un registro, crear una tarea o publicar un contenido, según la app elegida.

Ahora bien, la pieza clave tiene su letra chica. Make.com admite que su curva de aprendizaje puede ser relativamente alta. Para bajar esa barrera, suma un mecanismo de sugerencias: cuando el usuario completa un campo en un paso, aparece una ventana con datos y acciones posibles que provienen de módulos anteriores ya conectados.
En otras palabras: la plataforma intenta actuar como ese recordatorio que te dice “ya tengo este dato, ¿querés usarlo acá?”.
La analogía central ayuda a entenderlo. Un escenario en Make se parece al cableado de una casa. Cada módulo es un interruptor o un enchufe: uno prende la luz del pasillo (leer un email), otro alimenta la heladera (guardar el remitente en una hoja de cálculo) y otro activa el timbre (enviar un aviso por Telegram).
Y lo más interesante es que el cableado no tiene por qué ser lineal. Make permite ramificaciones condicionales, es decir, bifurcaciones según el resultado de un paso anterior. Si el correo trae un adjunto, el flujo toma un camino; si no lo trae, toma otro. Como una instalación eléctrica que decide qué circuito se enciende según el sensor que se activó.

También se puede repetir una misma aplicación varias veces dentro del diagrama. Esa repetición es un engranaje útil para tareas por lotes: procesar varios mensajes, iterar filas de una planilla o recorrer registros de una base de datos.
Make trabaja como una cadena de pasos configurables. Cada interacción dentro de un escenario consume créditos (tokens), una moneda interna que determina cuántas ejecuciones mensuales se pueden hacer. Es un detalle central porque convierte la automatización en algo medible: cada “clic que te ahorras” tiene un costo de cómputo.

El plan Free ofrece 1.000 créditos al mes, permite crear escenarios pero limita a dos activos al mismo tiempo, y fija un intervalo mínimo de activación de 15 minutos. En la práctica, sirve para probar: es gratuito, pero no está pensado para procesos que deban correr minuto a minuto.
En cambio, el plan Core incluye 10.000 créditos mensuales, no limita escenarios activos y habilita intervalos más finos, incluso de un minuto. Cuesta 10,59 dólares al mes con pago mensual y suma acceso a la API de Make (interfaz para conectar sistemas), clave para integraciones más avanzadas.
El plan Pro cuesta 18,82 dólares al mes e incorpora prioridad de ejecución, variables personalizadas y más opciones ligadas a inteligencia artificial y automatizaciones avanzadas. Y Teams, por 34,12 dólares, replica ese paquete pero con trabajo colaborativo: varios usuarios, roles y escenarios compartidos.

Make permite integrar modelos de inteligencia artificial mediante su API (puerta de acceso a un servicio). La IA entra como un paso más: recibe un texto, lo procesa y devuelve un resultado que se “cablea” al siguiente módulo. Un ejemplo doméstico: un bot de Telegram que envía un resumen generado por Gemini de cada email que llega.
Además, ese mismo mecanismo se puede usar para armar resúmenes de noticias a partir de feeds de páginas web, volcar textos a hojas de cálculo, automatizar publicaciones en redes sociales o responder formularios en automático.
La oportunidad de fondo es que Make convierte el caos de pestañas abiertas en un tablero con reglas claras. Como ordenar el cableado detrás del televisor: no hace magia, pero cuando todo está bien conectado, la rutina deja de chispear.

Directora de operaciones en GptZone. IT, especializada en inteligencia artificial. Me apasiona el desarrollo de soluciones tecnológicas y disfruto compartiendo mi conocimiento a través de contenido educativo. Desde GptZone, mi enfoque está en ayudar a empresas y profesionales a integrar la IA en sus procesos de forma accesible y práctica, siempre buscando simplificar lo complejo para que cualquiera pueda aprovechar el potencial de la tecnología.