¿Te imaginás abrir el celular y encontrarte con tu voz diciendo algo que nunca dijiste? No un audio mal editado, sino una versión “perfecta” hecha con inteligencia artificial. Esa incomodidad, que ya le pasó a gente común, también ronda a las celebridades. Y Matthew McConaughey decidió no esperar a que ocurra.
Según The Wall Street Journal, el actor adoptó una estrategia proactiva frente a la IA. El hallazgo central no es un gadget nuevo, sino un movimiento legal: McConaughey registró oficialmente su imagen y su voz como marcas comerciales en Estados Unidos. La clave es controlar cómo, cuándo y para qué se usan en un entorno cada vez más automatizado.

Además, el plan no empezó en un juzgado. McConaughey se alió temprano con ElevenLabs, una empresa líder en generación de voces por IA, y también es inversor desde los primeros años de la compañía. Es decir: no solo mira el fenómeno desde afuera. Se mete en el mecanismo.
El paso más reciente fue llevar esa intuición a un terreno más robusto. La Oficina de Patentes y Marcas de Estados Unidos aprobó hasta ocho registros vinculados directamente a su persona. Entre ellos hay clips de video donde aparece mirando a cámara, sonriendo o hablando, convertidos en elementos protegidos como marca.
Y hay una pieza clave de su imaginario popular: la frase “Alright, alright, alright”, nacida en la película “Movida del 76” y convertida en sello de identidad. En el mundo físico sería como registrar el timbre de tu casa, tu firma y hasta ese modo particular de decir “hola” que todos te reconocen.
Para entenderlo sin tecnicismos: la IA puede imitar voces con clonación de voz (copiar el tono y la forma de hablar a partir de muestras). Ese proceso funciona como una llave maestra digital. Con suficientes audios, el sistema aprende el patrón y lo reproduce con una respuesta inmediata.
La estrategia de McConaughey busca poner un interruptor en ese circuito. No frena la electricidad, pero define quién puede encenderla. Al registrar su voz y su imagen como marca, construye un “cableado” legal que le permite actuar cuando alguien use esos rasgos sin permiso, incluso si el uso indebido no está ligado de forma directa a vender un producto.

Ahí aparece la diferencia con otras protecciones. Las leyes estatales sobre derechos de imagen pueden variar y suelen llevar la discusión a ámbitos locales. En cambio, la vía de marca registrada le abre la puerta a tribunales federales en Estados Unidos, lo que amplía el margen de acción frente a falsificaciones digitales de su voz o apariencia.
McConaughey declaró que su intención es asegurar que cualquier uso de su voz o su apariencia requiera su aprobación expresa previa. Su equipo legal admite algo llamativo: no existe un caso concreto de abuso que haya disparado esta decisión. La apuesta es anticiparse.
En otras palabras, el objetivo no es ganar una pelea puntual, sino dejar un cartel visible en la puerta: “esto tiene dueño”. Los abogados consideran que ese perímetro puede funcionar como elemento disuasorio frente a futuros usos no autorizados basados en IA.
Para el público, la oportunidad es más amplia de lo que parece. Si una figura pública puede transformar su identidad digital en una herramienta protegida, también empuja una conversación incómoda: qué vale una voz, una cara y una frase cuando una máquina puede replicarlas en segundos. El futuro no promete menos imitaciones, pero sí mejores candados.

Directora de operaciones en GptZone. IT, especializada en inteligencia artificial. Me apasiona el desarrollo de soluciones tecnológicas y disfruto compartiendo mi conocimiento a través de contenido educativo. Desde GptZone, mi enfoque está en ayudar a empresas y profesionales a integrar la IA en sus procesos de forma accesible y práctica, siempre buscando simplificar lo complejo para que cualquiera pueda aprovechar el potencial de la tecnología.