¿Qué pasaría si una herramienta digital recordara no solo tus pedidos o tus correos, sino también una discusión con tu pareja, el cumpleaños de un amigo o la última vez que contrataste a un fontanero? Esa memoria ya no parece una función lejana: empieza a parecerse a un mapa de la vida cotidiana.
Un hallazgo sobre Muse, el asistente de inteligencia artificial de Meta, expone esa posibilidad. Según documentos internos obtenidos por el investigador de seguridad Karan Joshi, el sistema ejecuta cada hora un proceso automático para crear y actualizar perfiles de familiares, parejas, amistades, colegas y cuentas seguidas en Facebook e Instagram.
Las instrucciones, que Joshi consiguió después de pedirle al propio chat que compartiera sus archivos de software, ordenan crear “una página para cada persona en la vida del usuario”. Allí, Muse organiza hechos, historia, relación, puntos en común, temas pendientes y estado del vínculo.
El mecanismo empieza con pocos datos y suma piezas a medida que encuentra evidencia en conversaciones, conexiones y servicios vinculados. Puede registrar una mudanza, un objetivo de ahorro compartido, un aniversario o una conversación difícil, siempre que exista un rastro disponible.
También te puede interesar:Meta Muse y el Modelo Ava: la Superapp de IA para Controlar el OrdenadorMeta sostiene que Muse se basa en información pública y en datos que el usuario decide compartir. Daniel Roberts, portavoz de la compañía, explica que un agente solo puede ayudar de forma eficaz si tiene contexto sobre la persona y sobre quienes la rodean.
Una libreta que se llena sola
La analogía más simple es la de una libreta doméstica guardada en un cajón. En sus páginas, alguien anota quién es quién, qué ocurrió la última vez y qué asunto quedó pendiente. Muse funcionaría como esa libreta, pero se actualiza cada hora y conecta notas dispersas sin que las personas perfiladas necesariamente la vean.

La pieza clave es que no se limita a recordar un dato aislado. Si una factura identifica a un profesional y una conversación previa menciona una reparación, el sistema puede unir ambos elementos y recordar que se trata del fontanero contratado. Para Meta, ese cableado de contexto permite respuestas más útiles.
Sin embargo, el interruptor de privacidad no está en manos de todos. El usuario que instala Muse puede borrar la memoria acumulada y desconectar los servicios externos que alimentan esos perfiles. Las personas incluidas en esas fichas, aunque no usen el asistente, no tendrían ese mismo control.
También te puede interesar:Meta Muse y el Modelo Ava: la Superapp de IA para Controlar el OrdenadorLas instrucciones internas indican que la IA debe ceñirse a la evidencia disponible y no inventar detalles. Esa regla busca reducir las llamadas “alucinaciones” (respuestas que presentan datos falsos como ciertos), uno de los problemas habituales de estos sistemas.
Pero el riesgo no termina en lo que la herramienta recibe de manera explícita. Carissa Véliz, profesora asociada del Instituto de Ética en Inteligencia Artificial de la Universidad de Oxford, advierte que los sistemas conocen mucho más sobre las personas de lo que las personas conocen sobre el sistema. También señala que una IA puede inferir o reconstruir datos desde varias fuentes, incluso si esa reconstrucción resulta equivocada.
El contexto que ayuda y también expone
Muse ya reúne millones de usuarios y algunos lo conectaron con cuentas bancarias, mensajes y datos de salud para delegarle tareas. Meta afirma que cada usuario opera dentro de una máquina virtual (un espacio digital aislado), que el asistente pide confirmación antes de enviar correos o hacer compras y que deja un registro de auditoría para revisar su actividad.

El escrutinio creció tras una acusación, negada por Meta, sobre un supuesto acceso a mensajes privados sin autorización. Semanas antes, un investigador reportó una vulnerabilidad que podía permitir el control total del agente. La rápida integración de Muse con Facebook, Instagram y WhatsApp vuelve esas alertas especialmente relevantes.
El hallazgo no implica que cada recuerdo digital sea una amenaza. Sí revela que, antes de conectar servicios y entregar permisos, conviene mirar quién tiene la llave de esa libreta y quién puede leer las páginas que hablan de los demás.

Directora de operaciones en GptZone. IT, especializada en inteligencia artificial. Me apasiona el desarrollo de soluciones tecnológicas y disfruto compartiendo mi conocimiento a través de contenido educativo. Desde GptZone, mi enfoque está en ayudar a empresas y profesionales a integrar la IA en sus procesos de forma accesible y práctica, siempre buscando simplificar lo complejo para que cualquiera pueda aprovechar el potencial de la tecnología.










