¿Alguna vez te pasó que una app “gratuita” de golpe se vuelve más lenta, te limita funciones o empieza a empujarte a pagar? En el mundo de la inteligencia artificial, ese momento se parece a un interruptor central: cuando se enciende, todo el sistema tiene que decidir qué prioriza y cuánto puede sostener.
Según fuentes citadas en reportes financieros y de la industria, OpenAI se está jugando algo grande de cara a 2026. El hallazgo clave no es solo técnico. Es de escala: Sam Altman impulsa una estrategia que va más allá de ChatGPT e incluye chips propios, comercio electrónico, consultoría empresarial y hasta un dispositivo de consumo.

Y el número que revela el tamaño del desafío es directo: OpenAI prevé gastar unos US$17.000 millones en 2026, frente a US$9.000 millones estimados para 2025, con pérdidas por al menos tres años más. La empresa ya recaudó más de US$60.000 millones desde el salto de ChatGPT a fines de 2022 y, según fuentes, buscaría otra gran ronda en 2026: hasta US$100.000 millones, con una valoración cercana a US$830.000 millones.
Mientras tanto, Amazon negocia invertir hasta US$10.000 millones y Nvidia evalúa aportar hasta US$100.000 millones en tramos, con un objetivo pragmático: facilitar que OpenAI compre sus propios chips.
La pieza clave del rompecabezas es la computación. Y acá conviene una traducción inmediata: la inferencia (cuando la IA responde en tiempo real) y el entrenamiento (cuando “aprende” con grandes volúmenes de datos) consumen energía, equipos y dinero como si fueran el cableado de una casa enorme.
En OpenAI, busca cubrirse con los centros de datos y chips. Sus necesidades energéticas pasaron de 200 megavatios en 2023 a 1,9 gigavatios en 2025, casi diez veces más en dos años. Además, firmó cartas de intención para sumar unos 30 gigavatios adicionales en los próximos años, con un costo estimado de US$1,4 billones.
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Por eso Altman busca integración vertical, un mecanismo que ya se vio en Google: controlar más engranajes del sistema para bajar costos. OpenAI firmó un acuerdo con Broadcom para diseñar chips propios. Y contrató a Sir Jony Ive, histórico diseñador del iPhone, para pensar un dispositivo de consumo que acerque su IA a la vida diaria.
Porque la competencia ya no está lejos. Datos del Instituto de IA Centrada en el Ser Humano de Stanford muestran que la distancia entre modelos punteros se achicó. Google, con Gemini 3 (lanzado en noviembre), habría superado al GPT‑5.1 en varias métricas. OpenAI respondió con GPT‑5.2, pero sin una victoria clara.
Además, los modelos abiertos (con “pesos” disponibles públicamente, es decir, sus parámetros internos accesibles) recortan la brecha frente a modelos cerrados. Para OpenAI, aflojar sería perder una pieza clave de su posición de mercado.

En usuarios, ChatGPT sigue arriba: alrededor de 910 millones activos mensuales a mediados de diciembre, frente a 345 millones de Gemini, según Sensor Tower. Sin embargo, Gemini crece más rápido y un estudio de Deutsche Bank detectó que las suscripciones de consumidores a ChatGPT se estancaron en Europa durante el verano de 2025.
Ese contexto explica el “código rojo” interno de diciembre: Altman habría ordenado frenar otras iniciativas para priorizar mejoras en ChatGPT.
Según informes, OpenAI incluso perdería dinero al ejecutar respuestas: la inferencia (responder) puede costar más de lo que entra, sobre todo por el uso masivo de la versión gratuita. Subir precios o limitar acceso sería un movimiento delicado en plena carrera.
También te puede interesar:OpenAI Lanza el Modo Visión en Tiempo Real y Compartir Pantalla en EuropaEntonces aparece otra oportunidad: sumar ingresos sin depender solo de suscripciones. OpenAI ya permite que empresas como Etsy o Walmart vendan dentro de ChatGPT en Estados Unidos a cambio de una comisión. Y, aunque se habría pausado temporalmente, fuentes internas sostienen que la idea de incorporar anuncios en 2026 sigue en pie.
El año decisivo se parece a esa casa que ya no puede enchufar nada más sin una reforma. Si OpenAI logra reforzar su negocio empresarial, abaratar su “cableado” con chips propios y convertir su enorme tráfico en ingresos estables, el sistema se vuelve robusto. Si no, el interruptor podría saltar cuando más falta haga la luz.

Directora de operaciones en GptZone. IT, especializada en inteligencia artificial. Me apasiona el desarrollo de soluciones tecnológicas y disfruto compartiendo mi conocimiento a través de contenido educativo. Desde GptZone, mi enfoque está en ayudar a empresas y profesionales a integrar la IA en sus procesos de forma accesible y práctica, siempre buscando simplificar lo complejo para que cualquiera pueda aprovechar el potencial de la tecnología.