¿Cuántas veces le contaste a un chatbot algo que no le dirías ni a un compañero de trabajo? Una duda de salud, un miedo que se repite de noche, una discusión de pareja. En 2026, esa escena ya es rutina: hablar con una IA se siente íntimo, casi privado.
Sin embargo, un hallazgo inquietante empieza a ordenar las piezas. Un estudio de la Universidad de Stanford revela que grandes actores como OpenAI, Google, Microsoft y Amazon analizan con detalle conversaciones con chatbots para mejorar sus servicios. Y ese mismo engranaje abre la puerta a un uso todavía más sensible: la publicidad.
De hecho, OpenAI ya anunció que ChatGPT incorporará anuncios en los próximos meses. Al mismo tiempo, Meta fue la primera en usar datos recogidos por su IA para reforzar el perfilado publicitario, el mecanismo (fichas de intereses) que busca mostrar anuncios solo a quien es más probable que diga “sí”.
Jennifer King advierte que información sensible compartida con ChatGPT o Gemini puede recopilarse y usarse para entrenamiento, incluso si se envía en archivos adjuntos.
La clave está en una confusión cotidiana: para el usuario, “íntimo” suele sonar a “privado”. Para muchas empresas, íntimo significa “muy valioso”. Ese cambio de significado es el interruptor que mueve todo el sistema.
Para entenderlo sin jerga, ayuda una analogía doméstica. Hablar con un chatbot es como sentarse en la cocina y contarle algo a un electrodoméstico nuevo que “escucha”, toma nota y aprende tus rutinas. El problema no es que la heladera oiga: es quién más puede entrar a esa cocina y leer el cuaderno.
También te puede interesar:OpenAI recauda $6.6 mil millones y alcanza una valoración de $157 mil millonesPorque la IA conversacional no recoge solo “clics” o tiempo de pantalla. Recoge contexto emocional, dudas, contradicciones, impulsos. Y lo hace por texto o por voz. Esa conversación funciona como un cableado central que conecta deseos, miedos y decisiones de compra con una precisión que los sistemas clásicos no tenían.
Además, aparecen los llamados datos de categoría especial (salud, ideología, condición personal), protegidos por el RGPD, el Reglamento General de Protección de Datos (ley europea de privacidad). El punto delicado es que un chatbot puede inferirlos (deducirlos por contexto) incluso si nadie se los pregunta de forma directa.
Según el abogado Jorge García Herrero, ese material es una “mina” de información. Y Ricard Martínez subraya que la interacción conversacional “desnuda” intenciones con mucha más precisión que una plataforma tradicional. Si al final de un chat aparece una aerolínea “recomendada”, incluso etiquetada como anuncio, el golpe persuasivo puede ser mayor por la relación de confianza previa.
El riesgo no es solo ver anuncios. Es trasladar a la IA los incentivos que ya marcaron a las redes sociales: más tiempo de uso implica más datos y más oportunidades de monetización. Y si el sistema es una caja negra (proceso interno opaco), detectar manipulación se vuelve doblemente difícil.
En Europa, el Reglamento de IA (norma europea) prohíbe técnicas manipuladoras o engañosas destinadas a alterar el comportamiento. Pero la IA rompe categorías: no es solo recomendador, ni solo soporte publicitario, ni solo plataforma. Es una mezcla que tensiona la ley.
La Agencia Española de Protección de Datos (AEPD) ya publicó una guía y advierte algo concreto: la información que se entrega a estos sistemas puede filtrarse o quedar indexada por buscadores de forma indeseada. Por eso, recomienda medidas simples, casi de “cierre de puertas” en casa:
También te puede interesar:ChatGPT Amplía el Modo de Voz Avanzada para Usuarios Gratuitos de EuropaSi la IA va a ocupar el living de la vida cotidiana, la oportunidad es clara: que sea útil sin convertirse en un espejo publicitario. Y para eso, a veces alcanza con un gesto simple: decidir qué se deja, y qué no, sobre la mesa de la cocina.

Directora de operaciones en GptZone. IT, especializada en inteligencia artificial. Me apasiona el desarrollo de soluciones tecnológicas y disfruto compartiendo mi conocimiento a través de contenido educativo. Desde GptZone, mi enfoque está en ayudar a empresas y profesionales a integrar la IA en sus procesos de forma accesible y práctica, siempre buscando simplificar lo complejo para que cualquiera pueda aprovechar el potencial de la tecnología.