Parecía que OpenAI quería comerse el mundo entero, incluido el suculento pastel del comercio electrónico, pero se acaba de chocar de frente contra un muro de hormigón: el comportamiento real del consumidor. La compañía de Sam Altman ha decidido frenar en seco su ambición de convertir a ChatGPT en una especie de clon de Amazon, descartando la compra directa dentro de su propia plataforma tras ver que los resultados financieros no acompañan.
La letra pequeña es que la inmensa mayoría de la gente entra a este asistente virtual a buscar información de forma rápida, pedir resúmenes de reuniones o debatir sobre código, pero no a meter los datos de su tarjeta de crédito. Ha sido un jarro de agua fría enorme para un proyecto que prometía alterar nuestra forma de consumir en internet. Una auténtica cura de humildad.
El frenazo en seco del «Instant Checkout»
Si echamos la vista atrás, hace apenas unos meses la inteligencia artificial de moda sacaba pecho cuando lanzó la función de compra conocida en el sector como Instant Checkout. La premisa inicial era brutalmente seductora: si le pedías recomendación sobre unos auriculares y te gustaba uno de los modelos propuestos, lo metías al carrito y lo pagabas ahí mismo sin salir de la interfaz de chat. El modelo actuaba de intermediario absoluto entre la tienda y tu bolsillo.
Pero claro, la teoría en las lujosas oficinas de San Francisco rara vez sobrevive intacta al contacto con el usuario de a pie. La tecnológica ha tenido que admitir ahora de forma pública que este ecosistema cerrado no proporcionaba la agilidad técnica que demandaban ni los pequeños comerciantes ni los propios compradores diarios. Ante este panorama, han decidido desinflar el globo y reducir al mínimo la prioridad de esta herramienta de pago nativa.
También te puede interesar:OpenAI Mejora la Memoria de ChatGPT para acordarse de todos tus chatsEs decir, el sistema no muere del todo, pero queda relegado a un formato secundario y completamente opcional mediante aplicaciones de terceros integradas en su plataforma. Si una marca quiere vender a través del chatbot, tendrá que programar su propio flujo y enviar al usuario a sus pasarelas de cobro habituales. Ya no hay atajos mágicos.
Los números son fríos: las tiendas no estaban vendiendo
Si miramos los datos con lupa, la justificación de este volantazo estratégico tiene una explicación escandalosamente simple: el volumen de uso era ridículo. Tal y como desveló un contundente artículo de The Information, los internautas pasaban olímpicamente de interactuar con el bot para cerrar sus transacciones online. La fricción psicológica de comprar en un entorno conversacional de IA todavía es demasiado alta.
A ello se le suma que la rentabilidad para los vendedores externos estaba siendo meramente anecdótica. De hecho, un estudio exhaustivo del sector ecommerce demostró que las tiendas web apenas rascaban unos pocos dólares del tráfico derivado desde la ventana principal de ChatGPT. Todo el ruido mediático de la inteligencia artificial no se estaba traduciendo en un embudo de ventas real.
Ya lo venían advirtiendo muchos analistas del sector meses atrás, cuando CNBC informó anteriormente sobre las serias dificultades que existían para monetizar estos flujos puramente conversacionales. A la hora de la verdad, el comprador sigue queriendo ir a su web de confianza, revisar el carrito tradicional y hacer clic en el botón de toda la vida. Así funcionamos.
También te puede interesar:OpenAI Mejora la Memoria de ChatGPT para acordarse de todos tus chatsAgentic Commerce Protocol: El plan B de la mano de Stripe
Evidentemente, una empresa con una valoración estratosférica que no para de levantar capital no se rinde tan fácilmente, así que ya han diseñado una alternativa. Puesto que no han logrado consolidarse como la caja registradora de internet, ahora apuestan por transformarse en el escaparate de recomendaciones definitivo. Quieren que uses su IA como una potente herramienta de investigación de mercado antes de desenfundar tu dinero.
En concreto, este giro radical de 180 grados se asienta sobre las bases del nuevo Agentic Commerce Protocol (ACP). Se trata de un ambicioso estándar tecnológico de código abierto que han desarrollado a pachas con el gigante financiero Stripe. Como puedes leer detalladamente en su anuncio corporativo, este protocolo se engancha directamente a las bases de datos de los vendedores para inyectar información ultra precisa en la red neuronal.
Básicamente, la próxima vez que le pidas a la máquina que te busque el mejor ordenador portátil en calidad-precio, no te escupirá un bloque de texto aburrido propenso a alucinaciones. Te desplegará unas tablas comparativas espectaculares repletas de imágenes de alta calidad, precios actualizados al milímetro, especificaciones de hardware en crudo y cientos de reseñas verificadas. Te lo mastican absolutamente todo, pero el último clic siempre lo das en la web original.
Toca esperar pacientemente para ver si este inevitable paso atrás en la ejecución de pagos les permite coger impulso en el lucrativo negocio de la afiliación y las recomendaciones. Al final del día, hemos comprobado empíricamente que ser la punta de lanza tecnológica en la era de los LLM no te exime de equivocarte al leer el mercado. La pelota ahora está en el tejado de los consumidores y de las marcas que decidan, o no, integrar este agresivo protocolo en sus tiendas online.

Me dedico al SEO y la monetización con proyectos propios desde 2019. Un friki de las nuevas tecnologías desde que tengo uso de razón.
Estoy loco por la Inteligencia Artificial y la automatización.











