¿Te imaginas llegar a la oficina y descubrir que una parte de tu lista de tareas ya “se hizo sola”, sin recordatorios ni supervisión? No es ciencia ficción ni un truco de agenda. Es una forma nueva de inteligencia artificial que empieza a mover engranajes en silencio.
El hallazgo central aparece en el informe “IA y presencialidad: el nuevo panorama laboral”, elaborado por WeWork y Michael Page. Allí se anticipa que en 2026 el mercado laboral seguirá en transformación acelerada, empujado por tecnología, nuevos modos de organizar el trabajo y expectativas distintas sobre el desarrollo profesional.

Y hay una pieza clave que ordena el tablero: la inteligencia artificial agéntica (IA capaz de actuar sola). A diferencia de la IA tradicional, que asiste cuando alguien pide ayuda, esta variante puede razonar, ejecutar tareas y tomar decisiones de manera autónoma dentro de ciertos límites.
Claudio Hidalgo, presidente de WeWork Latinoamérica, afirma que el desafío hacia 2026 será construir equipos capaces de adaptarse, colaborar y aprovechar las herramientas digitales y la inteligencia artificial para generar impacto.
Ahora, para entender el mecanismo sin caer en jerga, sirve una analogía doméstica. Si la IA clásica era como una licuadora: potente, pero solo funciona cuando alguien la enciende y la usa; la IA agéntica se parece más a un tablero eléctrico con interruptores que prende y apaga circuitos según lo que la casa necesita.
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En términos técnicos, esa autonomía se apoya en agentes (programas con objetivos) que coordinan herramientas. Y usan datos (información del trabajo) para elegir el próximo paso. La clave está en el “cableado”: qué permisos se les da, qué límites se les marca y quién valida lo importante.
Ese cambio ya se asoma en números. Según el mismo informe, el 45% de los trabajadores argentinos cree que entre el 11% y el 30% de su carga laboral podría automatizarse. Además, cinco de cada diez dicen que serían más productivos si tuvieran herramientas avanzadas de IA en su espacio de trabajo.
Pero la transformación no empuja a todos hacia el home office ni borra la oficina del mapa. Al contrario: en 2026 la presencialidad seguirá siendo relevante, aunque con otro significado. Ir se vuelve una decisión estratégica para generar valor, sobre todo en colaboración, creatividad y toma de decisiones.
En este nuevo esquema, la oficina funciona como una central: un lugar preparado para conectar personas, ideas y tecnología. Los espacios se vuelven más flexibles y dinámicos, diseñados para el trabajo en equipo. Y la interacción cara a cara se refuerza con herramientas digitales que ponen a las personas en el centro de la experiencia laboral.
En paralelo, la economía gig (trabajo por proyectos) seguirá ganando peso, en especial entre los más jóvenes. Cada vez más personas combinan un empleo formal con tareas independientes o a tiempo parcial. Eso obliga a las organizaciones a repensar cómo arman equipos y cómo coordinan aportes que entran y salen.
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Y, sin embargo, el informe sostiene una idea que funciona como ancla: el principal diferencial competitivo seguirá siendo humano. La adaptabilidad, el pensamiento crítico, la resolución de problemas y la creatividad aparecen como el engranaje que no se terceriza fácil.
Si la IA agéntica es el interruptor que automatiza circuitos, el trabajo humano seguirá siendo la mano que decide qué vale la pena encender.

Directora de operaciones en GptZone. IT, especializada en inteligencia artificial. Me apasiona el desarrollo de soluciones tecnológicas y disfruto compartiendo mi conocimiento a través de contenido educativo. Desde GptZone, mi enfoque está en ayudar a empresas y profesionales a integrar la IA en sus procesos de forma accesible y práctica, siempre buscando simplificar lo complejo para que cualquiera pueda aprovechar el potencial de la tecnología.