Un grupo de grandes editoriales y autores, entre ellos Hachette, Cengage, Elsevier, Scott Turow y S.C.R.I.B.E., presentaron una demanda colectiva contra Google en un tribunal federal de Nueva York. El hallazgo central de la acusación es duro: sostienen que la empresa habría usado obras con copyright para entrenar Gemini sin permiso y que incluso modificó o eliminó datos de derechos de autor para ocultarlo.
La demanda no aparece en el vacío. Se suma a una cadena de pleitos contra Google, Meta, OpenAI y Anthropic, en un momento en que la justicia de Estados Unidos todavía intenta decidir qué engranaje legal debe mandar cuando la inteligencia artificial aprende a partir de libros, artículos y archivos protegidos.

Además, el caso tiene una pieza clave que lo vuelve más sensible. Los demandantes recuerdan que ya mantenían una relación histórica con Google a través de Google Books, un sistema que permite buscar libros y ver fragmentos, no el texto completo. También alegan que hubo copias tomadas de libros cargados en Google Play.
La analogía doméstica ayuda a entender el mecanismo. No es lo mismo dejar entrar a alguien al living de una casa que darle acceso al cableado central. Para los editores, Google habría cruzado ese interruptor: tomó materiales entregados para un uso limitado y los habría conectado a otro sistema, el entrenamiento de Gemini.
También te puede interesar:Google expande su herramienta de prueba virtual con IA para incluir vestidosEse entrenamiento suele describirse con un tecnicismo: fair use (uso legítimo), una excepción de la ley estadounidense que en algunos casos permite usar obras protegidas sin autorización. Pero aquí está la clave: los demandantes dicen que una cosa es mostrar pequeños fragmentos en un buscador y otra muy distinta usar copias completas para enseñar a una IA a responder, resumir o escribir.
Como si una biblioteca prestara libros para consulta en sala y alguien, a escondidas, los llevara al taller para desmontarlos pieza por pieza.
Ese es el corazón del conflicto. Según la demanda, Google sabía que ese paso era delicado. Los autores citan un documento interno en el que la propia compañía habría reconocido que usar libros con copyright para entrenar IA podía ser “altamente problemático” y abrir la puerta a multas de decenas o cientos de miles de millones de dólares.
Un tablero legal todavía abierto
Hasta ahora, dos decisiones preliminares en California favorecieron a empresas de IA al aceptar que el entrenamiento con obras protegidas puede encajar dentro del uso legítimo. Sin embargo, esas resoluciones no fijan un precedente definitivo y el tablero sigue abierto, en parte porque la ley de copyright de EE. UU. no se ha actualizado desde antes de internet.
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Eso vuelve más importante el nuevo frente en Nueva York. Allí puede aparecer otra lectura judicial sobre qué permiso cubre una búsqueda de libros y cuál no alcanza para alimentar un modelo de IA.
El contexto reciente también pesa. Anthropic fue sancionada con 1.500 millones de dólares por piratear obras usadas en entrenamiento, la mayor indemnización en la historia del copyright estadounidense. En ese acuerdo, unos 500.000 escritores podían cobrar al menos 3.000 dólares, aunque muchos optaron por no aceptar el pago para impulsar acciones legales adicionales.
Google, por ahora, no respondió públicamente a los pedidos de comentarios sobre esta nueva demanda.
La oportunidad y el riesgo para el usuario
Lo que se discute no es solo dinero. Se discute quién controla el material con el que se enciende la central de la IA. Si los tribunales fijan límites más claros, el futuro de herramientas como Gemini podría volverse más transparente para autores, editores y usuarios.

Y ahí aparece la oportunidad. Si la industria logra un mecanismo de permisos más claro, el lector común podría seguir usando asistentes inteligentes sin que eso dependa de un cableado oculto. A veces, el avance no consiste en correr más rápido, sino en revisar qué hay detrás del interruptor.

Directora de operaciones en GptZone. IT, especializada en inteligencia artificial. Me apasiona el desarrollo de soluciones tecnológicas y disfruto compartiendo mi conocimiento a través de contenido educativo. Desde GptZone, mi enfoque está en ayudar a empresas y profesionales a integrar la IA en sus procesos de forma accesible y práctica, siempre buscando simplificar lo complejo para que cualquiera pueda aprovechar el potencial de la tecnología.











