Un hallazgo de la Universidad de Swansea demuestra que trabajar con inteligencia artificial no tendría por qué reemplazar la imaginación humana. Al contrario, puede actuar como un compañero de ideas que empuja a pensar mejor. El estudio se probó en una experiencia interactiva con más de 800 participantes.
Para medir ese mecanismo en la práctica, el equipo creó The Genetic Car Designer, una herramienta donde cada persona debía diseñar un coche virtual capaz de superar distintos recorridos. En el camino, el sistema ofrecía galerías de diseños generados por IA: algunos brillantes, otros raros y varios directamente fallidos. Y eso no fue un defecto, fue el interruptor.
El dato que más sorprende es simple y contundente: cuanta más colaboración hubo entre persona e IA, mejores fueron los diseños finales. Las sesiones donde la gente miró sugerencias, eligió modelos de las galerías y los editó, superaron con claridad a las que dejaron actuar al algoritmo con intervención mínima.
Y además, la IA no “acortó” el camino. Lo enriqueció.
La clave estuvo en lo que los autores llaman “diversidad estructurada”: no mostrar solo soluciones buenas, sino una mezcla deliberada de propuestas buenas, mediocres y malas. Ese cableado de opciones ayudó a romper la fijación en una única dirección y a explorar un espacio de soluciones mucho más amplio.

La analogía doméstica ayuda a entenderlo: es como cocinar con una alacena variada. Si solo hay un ingrediente perfecto, vas a repetir siempre la misma receta. Pero si también aparecen combinaciones extrañas —y hasta alguna que sale mal—, de pronto se abren caminos. La creatividad se enciende cuando hay contraste, no cuando todo parece correcto.
También te puede interesar:Ejército de Estados Unidos Revoluciona la Formación con una Nueva Especialidad en IAEn este experimento, la IA funcionó como una mesa de trabajo llena de prototipos. No te entrega “el auto ideal” cerrado. Te deja ver alternativas, incluso las que no sirven, para que tu cabeza haga el engranaje fino: comparar, descartar, mezclar, insistir.
El motor del sistema fue un algoritmo llamado MAP-Elites (generador de opciones variadas), diseñado para producir ejemplos diversos y de alta calidad, pero no necesariamente el mejor de todos desde el inicio. En vez de apuntar a una única cima, llena una cuadrícula con distintas rutas posibles, como un mapa con caminos buenos, atajos raros y calles cortadas.
Los números acompañan esa idea. Quienes vieron al menos una galería de diseños generados por IA dedicaron más del doble de tiempo a la tarea que quienes no la consultaron. Ese tiempo extra no fue pérdida: la mejora media del rendimiento superó el 200%, y en casos extremos llegó a picos de 13.000%.
Otro detalle revelador: no hacía falta copiar o editar una sugerencia para que hubiera efecto. El equipo cuestiona las métricas habituales que solo cuentan “cuántas veces” se usa una propuesta. Según el estudio, simplemente visualizar ideas ya cambia cómo se piensa y se decide, aunque esa influencia sea sutil.
Las implicaciones van más allá de un coche virtual. Un sistema así podría ayudar en arquitectura (variantes de estructuras), música (giros armónicos), videojuegos (niveles y mecánicas), educación (resolución de problemas) o arte digital (composición y color). En todos los casos, la oportunidad no es ahorrar minutos, sino ganar perspectiva.
Tal vez el futuro cercano no sea una IA que crea “por vos”, sino una IA que te pone más puertas delante. Y ahí, con más opciones sobre la mesa, la hoja en blanco deja de ser un paredón y vuelve a ser un taller.
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Directora de operaciones en GptZone. IT, especializada en inteligencia artificial. Me apasiona el desarrollo de soluciones tecnológicas y disfruto compartiendo mi conocimiento a través de contenido educativo. Desde GptZone, mi enfoque está en ayudar a empresas y profesionales a integrar la IA en sus procesos de forma accesible y práctica, siempre buscando simplificar lo complejo para que cualquiera pueda aprovechar el potencial de la tecnología.