¿Te pasó alguna vez que una herramienta “te ahorra tiempo” y, sin darte cuenta, te lo devuelve convertido en revisiones, correcciones y pequeños incendios de último minuto? Con la inteligencia artificial (IA) ese mecanismo se está volviendo rutina en oficinas de todo el mundo, incluso cuando la promesa es exactamente la contraria.
Eso es lo que revela un estudio global de Workday titulado “Más allá de la productividad”: aunque la mayoría percibe que la IA acelera el trabajo, casi el 40% del tiempo ahorrado se pierde después en corregir, revisar o rehacer lo que esas herramientas generan. A ese efecto lo llaman “impuesto oculto de la IA”.
El hallazgo surge de una encuesta a más de 3.200 líderes y empleados en todo el mundo. En España participaron más de 100 personas. Y aunque el 74% cree que la IA aumenta su productividad, el uso diario es moderado (28%), lejos del 46% global. El dato central, entonces, no es solo cuánto ayuda, sino cuánto cuesta sostenerla bien.

Adolfo Pellicer, director general de Workday para España y Portugal, fue categórico al subrayar que “casi la mitad del tiempo ahorrado con IA se pierde”, un número que considera muy significativo. También marcó una pieza clave del debate: para bajar ese “impuesto”, la formación en IA es el verdadero interruptor, porque no se trata de sumar una herramienta, sino de cambiar la mentalidad.
Ahora bien, el “impuesto oculto” no cae igual sobre todos. El estudio advierte que golpea especialmente a la generación de 25 a 34 años, entusiasta y usuaria nativa, que termina actuando como “auditor a tiempo completo” de la IA. Y ese rol permanente alimenta un “agotamiento silencioso”.
La analogía doméstica ayuda a verlo: la IA es como un lavavajillas potente. Lava rápido, sí. Pero si lo cargás mal o el programa no es el correcto, después gastás tiempo en repasar a mano, secar, volver a lavar y ordenar el caos. El ahorro existe, pero queda escondido detrás de un trabajo extra que no estaba en el cálculo.
En una oficina, ese “cableado” se traduce en prompts mal planteados, respuestas que suenan convincentes pero no aplican, y textos que requieren verificación. También aparece el machine learning (aprendizaje automático), que mejora con datos, pero no elimina la necesidad de criterio humano en cada entrega.
Una clave adicional del informe es la brecha de percepción. El 68% de los líderes españoles dice que reinvierte el ahorro de la IA en formación. Pero solo el 53% de los empleados percibe que eso ocurra realmente. Cuando esa reinversión no se siente, el engranaje se frena: el equipo usa IA, pero sin manual de uso compartido.

En el mismo evento, que coincidió con el décimo aniversario de Workday en España, Luis Zamora, Director de Personas del Grupo Iberostar (más de 40.000 empleados), aportó un caso práctico desde un negocio “de personas a personas”, con escasez de talento y alta rotación.
Por un lado, Iberostar integra IA para optimizar operaciones con “Winnow”: la comida que se tira se pesa y se registra con una cámara, y mediante machine learning (aprendizaje automático) el sistema aprende qué alimento es. Esa información permite ajustar menús y reducir de forma muy significativa el desperdicio alimentario. Es IA como central de medición, no como adorno.
Por otro, en la gestión de personas reemplazaron formularios tradicionales por conversaciones vía WhatsApp, apoyadas en un chatbot (asistente automático de chat). El mecanismo libera al equipo de recursos humanos de tareas transaccionales y repetitivas, para concentrarse en lo central: elegir bien a las personas.
Pellicer defendió que la finalidad de la IA no es eliminar empleos, sino aumentar la capacidad humana. Y dejó una frase como advertencia: “El trabajo nos lo va a quitar el que sepa utilizar bien la IA, no la IA”. Zamora coincidió y marcó un límite: en decisiones críticas, “la máquina nunca va a decidir” sola.
La oportunidad, al final, es simple y exigente: usar la IA como un buen electrodoméstico, con instrucciones, mantenimiento y hábitos compartidos, para que el tiempo liberado vuelva a las tareas que sí requieren criterio, creatividad y conexión humana.

Directora de operaciones en GptZone. IT, especializada en inteligencia artificial. Me apasiona el desarrollo de soluciones tecnológicas y disfruto compartiendo mi conocimiento a través de contenido educativo. Desde GptZone, mi enfoque está en ayudar a empresas y profesionales a integrar la IA en sus procesos de forma accesible y práctica, siempre buscando simplificar lo complejo para que cualquiera pueda aprovechar el potencial de la tecnología.