A veces, un simple mensaje en redes sociales es suficiente para incendiar todo internet. Especialmente si eres Sam Altman, el mediático CEO de OpenAI, y decides ponerte nostálgico justo cuando el sector tecnológico atraviesa una de las olas de despidos más agresivas que recordamos.
La chispa saltó hace unos días en X. Altman publicó una especie de elegía en su cuenta personal, agradeciendo a todos esos desarrolladores que pasaron años de sus vidas escribiendo software complejo «carácter a carácter». Una aparente muestra de respeto a la vieja escuela.
Pero claro, la jugada le salió terriblemente mal. Las respuestas no tardaron en llegar, y no fueron precisamente para darle las gracias por el reconocimiento. La ironía de la situación era demasiado grande y dolorosa como para dejarla pasar por alto.
La excusa perfecta para recortar plantillas en Silicon Valley
El motivo del cabreo generalizado es bastante evidente si repasamos los últimos movimientos financieros del sector. Gigantes como Amazon, Block, Atlassian y, según los últimos reportes, también Meta, han ejecutado despidos masivos afectando a miles de profesionales en los últimos meses. Y la narrativa en las llamadas con inversores suele ser idéntica: hay que optimizar costes para poder financiar la carísima infraestructura de inteligencia artificial.
También te puede interesar:Sam Altman avisa a indios y chinos de que Abandonen las esperanzas de competir con OpenAIEvidentemente, leer al principal responsable del boom de los LLMs dando las gracias por los servicios prestados suena a broma de mal gusto. Sobre todo cuando vemos que las ofertas de trabajo para perfiles junior están desapareciendo de los portales de empleo a un ritmo alarmante. Han roto el mercado.
Si miramos la reacción de la comunidad de ingenieros, el tono dominante oscilaba entre la indignación absoluta y el sarcasmo puro. Había quien se mostraba directamente enfadado por la pérdida inminente de su medio de vida a manos de unos algoritmos que, irónicamente, la propia comunidad ayudó a cimentar. Un duro golpe de realidad.
La paradoja de entrenar a tu propio sustituto virtual
Y es que aquí reside el verdadero elefante en la habitación. Los modelos generativos que impulsan herramientas como ChatGPT o GitHub Copilot no aprendieron a programar por intervención divina. Se han entrenado procesando millones de repositorios de código abierto escritos exactamente por esos mismos programadores a los que Altman ahora dedica palabras bonitas.
También te puede interesar:Sam Altman avisa a indios y chinos de que Abandonen las esperanzas de competir con OpenAIBásicamente, los ingenieros de software de medio mundo han donado gratis el inmenso dataset necesario para automatizar partes clave de su propia profesión. Así de crudo.

Por supuesto, las redes sociales no perdonan esta hipocresía corporativa. Mientras algunos usuarios tachaban el elogio de Sam a los ingenieros de software de insensible e hipócrita, otros preferían tirar del humor para sobrellevarlo. Un usuario bromeaba afirmando que en momentos así echo de menos la cuenta parodia de Sam Altman para poder soportar este nivel de surrealismo tecnológico.
De hecho, en su mensaje, Altman llegó a afirmar que el esfuerzo titánico de picar código a mano ya le resulta casi difícil de recordar, comparándolo implícitamente con tecnologías prehistóricas. El mensaje que se lee entre líneas es demoledor: la programación tradicional está obsoleta. El paradigma ha cambiado.
Memes, apocalipsis laboral y desconexión multimillonaria
Como era de esperar, internet hizo su magia y transformó la ansiedad profesional en una salvaje avalancha de memes. La desconexión entre el multimillonario atrincherado en su torre de marfil y la realidad laboral del desarrollador medio es simplemente abismal.
Algunos tuiteros optaron por traducir las palabras del directivo a su verdadero significado corporativo: «Queridos desarrolladores: perderéis vuestros empleos para siempre». Y viendo la parálisis de contratación actual en el ecosistema start-up, el chiste negro hace mucha menos gracia de la que aparenta.
A ello se le suma una extraña sensación generalizada de final de época. Alguien lo definió a la perfección diciendo que esto suena a algo que dirían los mayas justo antes de que comience la ceremonia del sacrificio humano. Un presagio muy oscuro.
Pero en el mundillo de Silicon Valley siempre hay quien intenta exprimir la polémica para sacar rentabilidad. Entre miles de críticas amargas, nunca falta el típico iluminado de turno proponiendo una idea de aplicación de mil millones de dólares usando agentes autónomos de IA, ajeno completamente a la frustración colectiva. Venden humo a raudales.
Por otro lado, la polarización generada por la irrupción de la IA es tan extrema que todavía quedan perfiles de fe ciega. Aún se ven respuestas de usuarios afirmando con total sinceridad que tengo gratitud hacia OpenAI por democratizar la creación de software, como si los miles de despidos recientes no tuvieran nada que ver con ellos. Dos universos paralelos.
Si echamos la vista atrás, la historia de la tecnología está plagada de reconversiones profesionales dolorosas. El verdadero problema aquí es la velocidad brutal a la que está ocurriendo esta transición y la frialdad con la que a veces se despacha desde las esferas de poder.
La automatización ya no afecta solo al trabajo repetitivo, sino al núcleo duro del razonamiento lógico y la ingeniería. Veremos si la comunidad reacciona para proteger sus creaciones futuras, pero la realidad hoy es que la pelota está exclusivamente en el tejado de las grandes corporaciones.

Me dedico al SEO y la monetización con proyectos propios desde 2019. Un friki de las nuevas tecnologías desde que tengo uso de razón.
Estoy loco por la Inteligencia Artificial y la automatización.










