Imaginar que puedes crear un vídeo corto con tus personajes favoritos de Marvel, Pixar o Star Wars ya no es solo cosa de los estudios de animación. Con el generador de vídeo con IA Sora de OpenAI, Disney ha dado un paso que cambia bastante el juego, y lo ha hecho con un acuerdo muy concreto y medido. Lo más interesante no es solo la parte “mágica” de la tecnología, sino cómo afecta a los derechos, los negocios y el futuro del contenido que ves cada día.
Lo primero que conviene aclarar es qué ha firmado exactamente Disney con OpenAI. Se trata de un acuerdo de licencia de tres años para que Sora, el generador de vídeo con inteligencia artificial de OpenAI, pueda trabajar con más de 200 personajes de Disney, Marvel, Pixar y Star Wars. Esto abre la puerta a que los usuarios generen vídeos donde aparezcan héroes y villanos que conoces de sobra.

Durante este periodo, OpenAI se convierte en un socio de contenido muy visible, porque integra dentro de su IA uno de los catálogos de personajes más potentes del mundo del entretenimiento. Disney ha montado este acuerdo con una estructura muy calculada, pensada para ir paso a paso y no regalar toda su propiedad intelectual a cualquier servicio web sin control.
Una parte clave del trato es que solo el primer año es exclusivo. Eso significa que, durante esos 12 meses, únicamente OpenAI está legalmente autorizada a usar estos más de 200 personajes dentro de Disney Sora OpenAI para generar vídeos a partir de las indicaciones de los usuarios. Ninguna otra empresa de inteligencia artificial puede ofrecer algo parecido con esas franquicias en ese tiempo.
Pasado ese primer año exclusivo, la situación se abre. Disney será libre para firmar acuerdos similares con otras compañías de IA generativa y llevar a sus personajes a otros modelos, plataformas o generadores de vídeo. En la práctica, es como si Disney se guardara la opción de diversificar socios, pero empezara probando con solo uno para tener más control al principio.
Si te preguntas por qué Disney ha elegido a OpenAI y a Sora para este experimento, la respuesta está en la forma en que la empresa quiere probar la IA generativa con su enorme biblioteca de marcas. Este acuerdo funciona como una prueba controlada, donde Disney puede observar cómo se usan sus personajes en un entorno de inteligencia artificial sin perder totalmente el mando sobre lo que ocurre.
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Durante estos tres años, la compañía va a poder ver qué tipo de vídeos crean los usuarios, qué problemas aparecen con la moderación de contenido, o qué impacto tiene en su imagen de marca. Como es un único socio al principio, es más sencillo ajustar normas internas, revisar resultados y decidir qué se permite y qué no dentro del uso de su propiedad intelectual.
Más allá de lo llamativo que resulta ver a un personaje de Pixar en un vídeo creado con Disney Sora OpenAI, a Disney le interesa entender algo muy concreto: cómo afecta la IA generativa a sus modelos de negocio tradicionales y a la gestión de los derechos. La empresa quiere medir si este tipo de contenidos compite con sus películas y series o si, al revés, sirve como publicidad y refuerzo de sus franquicias.
También va a utilizar esta experiencia para definir mejor cómo protege sus derechos de autor cuando entra en juego una IA que genera infinitas combinaciones de escenas. ¿Cómo controlas que no se creen vídeos que dañen la reputación de un personaje? ¿Qué haces con las obras generadas por usuarios que mezclan varias marcas? Este acuerdo con OpenAI es, en parte, un laboratorio práctico para responder a esas preguntas.
El CEO de Disney, Bob Iger, ha sido muy claro sobre la filosofía que hay detrás de este movimiento. Él ha comentado que ninguna generación humana ha detenido nunca el avance tecnológico y que la compañía no va a intentar hacerlo ahora. Con estas palabras, marca distancia con la idea de frenar la IA y apuesta por probarla desde dentro mediante Disney Sora OpenAI.

Según Iger, la disrupción tecnológica va a ocurrir igualmente, y eso incluye posibles cambios profundos en los modelos de negocio actuales de Disney, como el cine en salas, el streaming o el merchandising. La respuesta de la empresa, en lugar de quedarse quieta, es “subirse al barco” y participar de forma activa en cómo se usa la IA con sus marcas más conocidas.
A medio plazo, Disney quiere algo más que una simple colaboración llamativa. Con Disney Sora OpenAI aspira a construir experiencia interna, entender mejor qué puede hacer la inteligencia artificial con vídeo y preparar el terreno para otros acuerdos futuros. Es una forma de entrenar a sus equipos legales, técnicos y creativos en este nuevo contexto.
También te puede interesar:Disney Paga 1.000 Millones a OpenAI y Sora Gana 200 Personajes, Aunque el Movimiento Persigue Algo MayorSi la prueba sale bien, Disney tendrá datos reales para decidir si amplía el acuerdo, si firma con otras plataformas de IA o si crea sus propias herramientas internas de generación de contenido. En cualquier caso, se está preparando para un escenario donde la creación con IA forme parte del día a día de fans, creadores y empresas de entretenimiento.
Desde el punto de vista del usuario, lo más visible de todo este acuerdo es que vas a poder, dentro de los límites marcados, generar vídeos con personajes icónicos sin necesidad de ser animador profesional. Con Disney Sora OpenAI, un simple texto puede convertirse en una escena donde aparezcan héroes, villanos o personajes clásicos en situaciones nuevas.
Para los creadores de contenido, esto abre posibilidades para prototipos, piezas promocionales o ideas de storytelling rápido, siempre que se respeten las normas de uso y no se intente comercializar de forma no autorizada lo que se genera. También introduce dudas: ¿qué pasa con la originalidad si cualquiera puede generar escenas con los mismos personajes? ¿Cómo se diferencian los proyectos profesionales de los amateur?
El resto de estudios de cine y televisión están mirando muy de cerca lo que hace Disney con Sora. Si el experimento de Disney Sora OpenAI funciona bien, es probable que otras grandes compañías busquen acuerdos parecidos para llevar sus sagas a generadores de vídeo con IA. Si, en cambio, aparecen muchos problemas de reputación o legales, algunos podrían optar por caminos más cerrados.
En cualquier caso, este movimiento marca un precedente: una gran marca global se sienta con una empresa de IA generativa para pactar un uso controlado de su catálogo. Eso presiona al resto del sector para decidir si se quedan fuera o si buscan su propio modelo de colaboración, ya sea con OpenAI o con otras tecnológicas.
Un detalle llamativo del calendario es que el mismo día que Disney anunció el acuerdo con OpenAI, envió a Google una carta de “cease and desist” (cese y desistimiento). En esa comunicación, la empresa acusaba a Google de una infracción masiva de sus derechos de autor relacionados con el uso de su contenido en tecnologías de inteligencia artificial, algo que contrasta con el trato ordenado que ha sellado con Disney Sora OpenAI.

Esta diferencia en el trato muestra claramente la estrategia de Disney: por un lado, está abierta a colaborar cuando hay un acuerdo de licencia claro y controlado; por otro, está dispuesta a ser muy dura cuando siente que alguien usa su propiedad intelectual sin permiso. Es una combinación de apertura estratégica y defensa estricta de sus derechos.
Google, ante esta carta de cese y desistimiento, no confirmó ni negó las acusaciones planteadas por Disney. La compañía se limitó a decir que “entablará diálogo” con Disney sobre este asunto. La frase es diplomática, pero deja claro que el conflicto no está cerrado y que se viene una negociación sobre cómo se ha usado el contenido protegido.
Para el resto de tecnológicas que desarrollan IA generativa, el mensaje es bastante directo: si quieren usar personajes, películas o marcas de Disney, tienen que hacerlo con acuerdos claros, del estilo de Disney Sora OpenAI, y no de forma dudosa a través de entrenamiento sin licencia. Esto puede acelerar la firma de nuevos contratos o, al menos, impulsar conversaciones más serias sobre derechos y compensaciones.
En conjunto, este acuerdo de tres años entre Disney y OpenAI, con su primer año de exclusividad y su enfoque de prueba controlada, marca una ruta muy concreta para mezclar franquicias como Marvel, Pixar y Star Wars con la potencia de Sora.
Mientras Disney Sora OpenAI explora nuevas formas de crear vídeo con inteligencia artificial, la compañía protege sus derechos frente a otros actores como Google y se prepara para un futuro en el que los generadores de contenido con IA formen parte normal del ecosistema del entretenimiento.
Me dedico al SEO y la monetización con proyectos propios desde 2019. Un friki de las nuevas tecnologías desde que tengo uso de razón.
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