Anthropic está apretando el acelerador con Claude justo donde más duele —y donde más se paga—: el trabajo real de programación. Entre los slash commands ya activos en Claude Code, las mejoras para entornos remotos y las pistas de un nuevo Sonnet a la vuelta de la esquina, el mensaje es claro: menos conversación decorativa y más código enviado a producción.
No se trata de una actualización aislada, sino de una cadena de cambios que impacta en Claude Code, en Cowork y, potencialmente, en el propio corazón del modelo con la próxima iteración de Sonnet. Lo relevante no es solo qué han añadido, sino lo que esto implica en términos estratégicos: Anthropic quiere que Claude sea un compañero de desarrollo constante, repetible y controlable, no un chatbot brillante pero impredecible.
Los slash commands ya están disponibles en Claude Code, y aunque sobre el papel parezcan un detalle menor, en la práctica modifican la rutina diaria de cualquier desarrollador. Se trata de fragmentos de prompt reutilizables que puedes invocar desde cualquier sesión para tareas típicas, evitando redactar una y otra vez el mismo ritual.

Si programas a diario, sabes que una parte nada despreciable del tiempo se va en repetir la liturgia: pedir una depuración con el mismo formato, generar notas de versión o redactar comentarios para una pull request sin que suenen como si los hubiera escrito un robot con prisa. Estos comandos incluyen opciones predefinidas como debug, release notes y comentarios para PR, lo que convierte tareas repetitivas en acciones casi instantáneas.
En el fondo, Anthropic está productizando el prompt engineering cotidiano: lo empaqueta, lo hace invocable y lo integra en el flujo normal de trabajo. El detalle verdaderamente importante es la estandarización, porque si todo el equipo utiliza los mismos comandos, el resultado se vuelve más consistente, y esa consistencia es oro cuando hay que revisar código con criterio y no simplemente “probar cosas” a ver qué sale.
Desde el lanzamiento de Cowork en enero de 2026, Anthropic ha dejado clara su apuesta por las capacidades agénticas. Poco después llegó un sistema de plugins que reforzó esa dirección: la idea ya no es solo que Claude responda, sino que opere, conecte herramientas, ejecute pasos y mantenga un plan de acción.
También te puede interesar:Claude Cowork: la IA Que Renombra, Ordena y Limpia Miles de Archivos Sin Que Hagas NadaTodo apunta a que los slash commands también se están preparando para integrarse en Cowork. Lo que hoy utilizas en Claude Code podría convertirse mañana en una palanca dentro del escritorio de Cowork para disparar workflows completos con un solo gesto. En ese escenario, aparecerían como una pestaña dedicada dentro de los bundles, junto a conectores MCP y skills, consolidando un ecosistema más estructurado.

El paso realmente interesante sería permitir la creación de estos comandos directamente desde la línea de comandos. Para usuarios avanzados, eso significa poder transformar cualquier prompt afinado en un slash command reutilizable, construyendo una librería interna de mini-herramientas propias, del mismo modo que hoy se crean scripts o snippets en un editor.
Esta capacidad introduce disciplina en un terreno que suele ser caótico: cada persona interactuando de forma distinta con el modelo, obteniendo resultados dispares y preguntándose luego por qué “la IA hoy está rara”.
En Claude Code también han aparecido dos funcionalidades que apuntan claramente al “modo trabajo real”. La primera es la compatibilidad con túnel SSH para conectarse a entornos remotos, algo crucial si trabajas entre varias máquinas, desarrollas contra un servidor externo o mantienes entornos aislados.
Aquí el SSH no es solo un detalle técnico; es una pieza que reduce fricción en escenarios de infraestructura real. Permite que la IA deje de quedarse encerrada en el portátil mientras tu código vive en otro servidor, en un entorno de build o en staging. En otras palabras, acerca a Claude a los repositorios remotos y a las máquinas donde realmente ocurren las cosas.

La segunda novedad es una configuración más granular del acceso a herramientas en los conectores. Ahora se puede definir cada herramienta como bajo demanda, siempre disponible o en modo automático, lo que ataca un dilema clásico de los agentes: o les das demasiada libertad y generan desconfianza, o los limitas tanto que se vuelven poco útiles.
Con estos modos, el desarrollador puede ajustar el radio de acción de Claude según el contexto. No es lo mismo trabajar en un repositorio personal que intervenir en un monorepo crítico en producción, y esta graduación del acceso aporta algo que muchos equipos valoran por encima de todo: control sin sacrificar productividad.
No todas las funciones están aún listas para el público general, pero en Cowork ya se han detectado desarrollos interesantes. Uno de ellos es un modo de voz tipo “mantener para grabar”, con selección integrada del dispositivo de entrada, que simplificaría el uso del micrófono y permitiría alternar entre hablar y trabajar sin fricciones innecesarias.
En entornos de escritorio, esto puede resultar especialmente útil cuando se revisa código, se documenta o se piensa en voz alta mientras se realizan otras tareas. No es una revolución por sí sola, pero sí una mejora que apunta a un Claude más integrado en el día a día operativo.
Más potente aún es la idea de instrucciones personalizadas globales para Cowork, aplicables a todas las tareas. Para equipos, esto supone una ventaja enorme: mismo estilo, mismas reglas, mismos límites y mismo contexto base sin tener que repetirlos en cada sesión. La incógnita es si estas instrucciones globales se lanzarán de forma amplia o quedarán como función experimental o limitada a planes empresariales, pero el concepto encaja perfectamente con la búsqueda de coherencia y control.
También hay indicios sólidos de un lanzamiento inminente de un nuevo modelo Sonnet. Han aparecido referencias en el código que apuntan a la próxima versión, siguiendo el patrón habitual: primero se filtran pequeñas “miguitas” técnicas y, pocos días después, llega el anuncio oficial.
Lo que realmente importa, más allá del nombre —sea Sonnet 5 o Sonnet 4.6—, es el rendimiento. En pruebas tempranas, una build de Sonnet 5 habría mostrado un desempeño competitivo en matemáticas frente a modelos frontier, y en ciertas tareas también habría producido salidas de código más sólidas que Opus 4.5.

La lectura de fondo es clara: Anthropic está construyendo un Claude más operativo, donde los prompts se convierten en comandos, los comandos en workflows y los workflows en hábitos. La competencia, inevitablemente, responderá, pero la batalla ya no se librará solo en quién tiene el modelo más inteligente, sino en quién ofrece el mejor entorno para programar sin que la IA estorbe.
A este ritmo, las mejoras más importantes no llegarán con fuegos artificiales, sino con pequeñas funciones que, casi sin ruido, terminan ahorrando horas cada semana. Si el próximo Sonnet consolida ese enfoque, no será simplemente una nueva versión del modelo, sino otro paso firme hacia una IA que no solo conversa bien, sino que trabaja bien.
Me dedico al SEO y la monetización con proyectos propios desde 2019. Un friki de las nuevas tecnologías desde que tengo uso de razón.
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