Apple vuelve a mover la portería con su gran promesa: una Siri con IA a la altura de 2026 y de lo que ya haces hoy con ChatGPT o Claude. Sin embargo, después de un año y medio desde el anuncio de Apple Intelligence en 2024, la supuesta “nueva era” de Siri sigue sin una fecha realmente fiable, lo que empieza a erosionar la narrativa de inmediatez que suele acompañar a los lanzamientos de la compañía.
Según Mark Gurman, de Bloomberg, el despliegue de las novedades se está cocinando a fuego lento, con retrasos por fases y más de una función importante deslizándose fuera de la ventana que muchos daban por segura. La sensación ya no es la de un gran salto claro y reconocible, sino la de una transición prolongada en la que las piezas van cayendo poco a poco.
En principio, la nueva Siri se esperaba para iOS 26.4, una actualización prevista para marzo. Ese suele ser el típico update “potente” de primavera, donde Apple introduce cambios relevantes que no llegaron a tiempo para la versión principal presentada en septiembre. No obstante, el plan habría cambiado: en lugar de un lanzamiento contundente, las funciones llegarían gradualmente “a lo largo del tiempo”.
Parte de las mejoras se pospondrían hasta una actualización de mayo, lo que ya enfría cualquier expectativa de marzo como punto de inflexión. Lo más significativo, sin embargo, es que algunas funciones podrían desplazarse incluso hasta iOS 27, cuyo ciclo habitual apunta a septiembre. Y cuando una novedad cruza esa frontera anual, normalmente significa que internamente no está ni cerca de considerarse redonda.

A esto se suma un detalle clave: Apple habría detectado problemas durante las pruebas internas del software, lo que obligó a retrasar nuevamente el lanzamiento. Se trata de cuestiones que afectan al estándar mínimo de fiabilidad que Apple necesita antes de desplegar algo en millones de iPhone. En otras palabras, si no pasa el filtro interno, no sale, aunque eso implique aplazar la promesa pública.
El rediseño no es menor. La intención es que Siri se acerque mucho más a los chatbots basados en grandes modelos de lenguaje (LLM), que ya se han convertido en el estándar de facto. La idea es que, en lugar de abrir una app como ChatGPT o Claude en tu iPhone o tu MacBook, puedas hablar directamente con Siri y recibir respuestas más largas, contextuales y útiles.
También te puede interesar:Apple prueba un nuevo Siri capaz de controlar aplicaciones solo con la vozEso implica pasar de interacciones cortadas por el clásico “no he entendido” a experiencias donde el asistente organiza la información, la explica con claridad y la deja lista para usar. Es, básicamente, el tipo de conversación que ya te resulta normal si llevas meses interactuando con IA generativa a diario.

Aquí surge el verdadero problema de expectativas. Cuando prometes una “nueva era” y la competencia lleva años entrenando a los usuarios con respuestas cada vez más brillantes, cada mes de retraso pesa el doble. Además, lo que se espera en 2026 no es solo que el asistente responda preguntas, sino que entienda contexto, mantenga memoria operativa, se conecte con tus apps, funcione con baja latencia y no comprometa la privacidad. La vara está mucho más alta que en 2016.
El giro más interesante es el rumor de que la nueva Siri podría estar impulsada por Google Gemini. De confirmarse, estaríamos ante un escenario híbrido en el que Apple mantendría el control de la experiencia, los permisos y la integración con iOS y macOS, pero apoyándose en un modelo externo para el “cerebro” conversacional.

Sería una jugada muy Apple: control absoluto del ecosistema y del diseño, pero alianzas estratégicas cuando la calidad del modelo lo exige. Sin embargo, también sería una confesión implícita. Si la Siri de estilo LLM depende de un tercero, significa que construir y operar un modelo propio al nivel que el público espera no es trivial, ni siquiera para una empresa con los recursos de Apple.
Además, existe un componente reputacional difícil de ignorar. Siri lleva años acumulando memes, frustraciones y la sensación de ser la parte menos pulida del iPhone. Cuando finalmente anuncias un relanzamiento serio, lo último que quieres es que llegue tarde y, peor aún, fragmentado.
Apple no compite solo por tener una Siri más inteligente. En realidad, está disputando el control de la interfaz del futuro. Si el usuario conversa con el sistema operativo, ese sistema decide qué app se abre, qué servicio se utiliza y qué resultados se priorizan. En ese escenario, el asistente deja de ser una función secundaria y se convierte en la autopista principal de interacción.
También te puede interesar:Actualización de Siri en Apple: Cómo Google Gemini Puede Impulsar su Inteligencia ArtificialEn caso de que Siri se vuelva realmente competente, podría reducir la necesidad de saltar entre aplicaciones y menús, simplificando el uso del dispositivo a través de la conversación. Pero si no llega a tiempo, ese hábito lo estarás construyendo con otras herramientas. Y una vez que te acostumbras a pedirlo todo a un chatbot concreto, cambiar de rutina no es tan sencillo.
También hay un ángulo humano en todo esto. Liderar un producto tan visible como Siri, criticado por millones y comparado constantemente con la competencia, no debe ser tarea fácil. La ironía es evidente: Apple prometió una Siri de nueva generación, pero lo que estamos presenciando es la realidad de la IA moderna, con iteraciones constantes, fallos inesperados y una necesidad permanente de pruebas.
La gran incógnita es si este retraso terminará traduciéndose en un aterrizaje sólido o en otro “ya llegará”. Si la nueva Siri realmente consigue sentirse como un LLM profundamente integrado en el sistema, el impacto podría ser enorme y redefinir la experiencia del iPhone. De lo contrario, septiembre podría traer iOS 27… y otra ronda de paciencia.
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