OpenAI acaba de cruzar una línea que muchos veíamos venir: ha empezado a probar anuncios en ChatGPT en Estados Unidos para usuarios de los planes Free y Go. No es un rumor ni una filtración, sino un experimento oficial que marca un cambio importante en cómo se monetiza el chatbot.
La promesa, eso sí, es potente y polémica a partes iguales: los anunciantes no verán tus conversaciones y la publicidad, al menos en teoría, no debería tocar ni una coma de las respuestas que genera el modelo.
El experimento afecta tanto al plan Go —una suscripción de 8 dólares al mes en EE. UU.— como a la versión gratuita. Y aquí el contexto importa, porque Go se lanzó a nivel global a mediados de enero, lo que hace bastante evidente la estrategia: probar primero donde el mercado publicitario es más grande y maduro.
Por su parte, los planes Plus, Pro, Business, Enterprise y Education no verán anuncios, lo que deja claro el mensaje implícito: si pagas “en serio”, el producto es más limpio y más puro.
OpenAI insiste en un punto clave: los anuncios no influyen en las respuestas que da ChatGPT. Según la compañía, el modelo no mezcla publicidad dentro de su razonamiento ni introduce recomendaciones patrocinadas disfrazadas de verdades objetivas.
Este punto ataca directamente al miedo número uno del usuario: “si hay anuncios, el bot va a empujarme a comprar cosas”. Y es un temor razonable, sobre todo cuando el chat se usa para tomar decisiones reales, no solo para jugar con prompts.
También te puede interesar:OpenAI Lanza el Modo Visión en Tiempo Real y Compartir Pantalla en EuropaA esta promesa se suma otra igual de sensible: las conversaciones se mantienen privadas frente a los anunciantes. Es decir, ningún anunciante podrá acceder a un panel donde vea que le has contado a ChatGPT que estás buscando trabajo, que te duele la espalda o que estás preparando un juicio.
Con esto, OpenAI intenta abordar de frente la desconfianza natural que surge cuando mezclas IA conversacional, datos personales y monetización publicitaria, una combinación que históricamente ha generado más de un escándalo en el sector tech.
Eso sí, OpenAI reconoce que los anuncios se emparejarán con usuarios en función del tema de sus conversaciones, sus chats anteriores y sus interacciones previas con anuncios. No es publicidad aleatoria, sino publicidad contextual: hablas de X, ves algo relacionado con Y.
El ejemplo que dan es bastante ilustrativo: si estás investigando recetas, podrías ver anuncios de servicios de entrega de comida o kits de ingredientes. Nada sorprendente desde el punto de vista publicitario, pero sí delicado en un entorno conversacional.

Aquí aparece el matiz incómodo: aunque nadie “lea” tu chat, la segmentación nace directamente de lo que escribes. OpenAI aclara que los anunciantes no tendrán acceso a datos individuales, sino solo a métricas agregadas como impresiones y clics.
También te puede interesar:OpenAI une fuerzas con los Laboratorios Nacionales de EEUU para transformar la investigación científicaEn la práctica, el anunciante vería algo como “tu campaña tuvo X visualizaciones y Y clics”, no “María, 32 años, preguntó esto y compró aquello”. Ese enfoque agregado es el estándar del sector cuando se quiere vender privacidad, aunque ya sabemos que el diablo está en los detalles de implementación.
Otro punto clave es el formato. OpenAI asegura que los anuncios estarán claramente etiquetados como patrocinados y separados del contenido orgánico. Nada de colar un “te recomiendo esta app” como si fuera una sugerencia neutral del modelo.
Este detalle no es menor, porque la empresa ya recibió críticas a finales del año pasado cuando probó sugerencias de apps que muchos usuarios percibieron como anuncios encubiertos. Aun así, por mucho etiquetado que haya, el simple hecho de ver un “patrocinado” dentro del chat cambia la percepción de herramienta “de confianza”. La conversación deja de sentirse completamente aséptica.
Para compensar, OpenAI añade más controles para el usuario: se podrán ocultar anuncios, enviar comentarios, ver por qué se mostró uno concreto y gestionar la personalización. Además, el usuario podrá consultar y borrar su historial de interacciones con anuncios en cualquier momento.
Esto no elimina el debate de fondo, pero sí coloca a ChatGPT más cerca de prácticas habituales en plataformas grandes, con una diferencia clave: aquí no estás scrolleando, estás conversando.
OpenAI afirma que no mostrará anuncios a menores de 18 años, una línea roja bastante obvia. Si ya es delicado meter publicidad en un chatbot, hacerlo con menores sería una bomba reputacional.
También asegura que no colocará anuncios junto a temas sensibles o regulados como salud, política o salud mental. Es decir, si estás hablando de ansiedad o de a quién votar, no debería aparecer un anuncio oportunista al lado.

El problema es que cualquiera que haya usado un LLM sabe que las conversaciones no van por compartimentos estancos. Hablar de “recetas para ganar músculo” puede rozar la salud, y una charla sobre “gestionar el estrés en el trabajo” puede entrar de lleno en salud mental.
Aquí la pregunta no es si OpenAI tiene buenas intenciones, sino si su sistema de clasificación será lo bastante fino como para no meter la pata cuando los temas se solapan.
El timing de este movimiento no podría ser más jugoso. La decisión de incluir anuncios, adelantada el mes anterior, fue ridiculizada por Anthropic en anuncios emitidos durante la Super Bowl.
En esa parodia, se mostraban chatbots dando consejos mientras un anuncio mal segmentado interrumpía la experiencia como un elefante en un salón. El mensaje era claro: publicidad y chatbots no deberían mezclarse.
Sam Altman no se quedó callado. Respondió calificando esos anuncios de “deshonestos” y llamó a Anthropic “compañía autoritaria”. Cuando dos laboratorios punteros se lanzan pullas en prime time, no es solo marketing: es una pelea abierta por quién se queda con el relato de la confianza.
Más allá del ruido, el motivo real es evidente. OpenAI necesita generar ingresos con su chatbot para cubrir los enormes costes de desarrollo y escalado. Entrenar y servir modelos a nivel global no es barato, y la inferencia no se paga con buenas intenciones.
El problema es que monetizar con anuncios un producto que la gente usa para tareas importantes y personales es caminar sobre una cuerda floja. A eso se suma la resistencia del usuario: muchos simplemente no quieren anuncios en respuestas generadas por IA.
OpenAI intenta venderlo como un intercambio justo: publicidad para ampliar el acceso a funciones potentes sin cargarse la confianza. Si lo hacen bien, puede quedarse en un banner discreto que apenas molesta. Si lo hacen regular, el chat dejará de sentirse como una herramienta y empezará a sonar a escaparate.
Tocará esperar para ver si esta prueba en Estados Unidos se convierte en norma global y, sobre todo, si la promesa clave —que la publicidad no toca tus respuestas— aguanta cuando el negocio empiece a apretar de verdad.
Me dedico al SEO y la monetización con proyectos propios desde 2019. Un friki de las nuevas tecnologías desde que tengo uso de razón.
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