Microsoft por fin abre la puerta a desinstalar Copilot en Windows 11, aunque lo hace con letra pequeña y pensando, sobre todo, en entornos profesionales. La jugada llega en una versión preliminar y con varias condiciones que, para un usuario normal, se sienten más como una carrera de obstáculos que como una opción real.
El cambio aparece en Windows 11 Insider Preview Build 26220.7535 (KB5072046) y afecta exclusivamente a Windows 11 Pro, Enterprise y Education. Además, conviene dejarlo claro desde el principio: no estamos hablando de “quitarlo con un clic” como cualquier otra app. Esto va por directivas, permisos de administrador y reglas bastante específicas.
Windows 11 lleva ya más de cuatro años en circulación, y desde el primer momento quedó claro que Microsoft quería que la IA formara parte del ADN del sistema. Cortana pasó a un segundo plano y Copilot ocupó su lugar como el asistente “de verdad”, más conectado con el ecosistema y con un enfoque claro en generación de texto, resúmenes, imágenes y tareas contextuales.

El problema es que Copilot se inicia por defecto al arrancar el sistema. Si lo usas a diario, no molesta. Pero si no lo tocas nunca, la sensación es la de tener un proceso permanente en segundo plano que no has pedido. Y ahí entran preocupaciones muy terrenales: consumo de recursos, procesos innecesarios en el arranque y la clásica lógica de “cuantas menos cosas corran, mejor”.
Microsoft permitirá desinstalar Copilot mediante una nueva directiva de grupo llamada RemoveMicrosoftCopilotApp. Esto deja claro el enfoque: no está pensada para el usuario doméstico, sino para administradores que gestionan equipos en empresas, centros educativos o entornos corporativos.
El proceso es el habitual en Windows empresarial: editor de directivas de grupo, ruta por Configuración de usuario → Plantillas administrativas → Windows IA → Eliminar la aplicación Microsoft Copilot. Funciona, pero no es casual que esté escondido ahí. Microsoft evita así ofrecer un botón visible que contradiga su narrativa de “Windows como plataforma de IA”.
También te puede interesar:Nuevas Funciones de Inteligencia Artificial en el Explorador de Archivos de Windows 11La directiva solo se aplica si se cumplen tres condiciones muy concretas, y aquí es donde se entiende mejor la intención real.
El matiz es importante, porque Copilot es fácil de abrir sin querer. El atajo Windows + C, una pulsación accidental o una costumbre de teclado basta para reiniciar el contador. En la práctica, esto convierte la desinstalación en algo bastante frágil y fácil de invalidar por accidente.
Esta decisión no llega en el vacío. A día de hoy, mucha gente sigue prefiriendo Windows 10 frente a Windows 11. El discurso se repite: más requisitos, más consumo y una experiencia que muchos no sienten como una mejora clara.
No es solo un cambio estético; es la percepción de que se pide más hardware a cambio de beneficios difusos, con la IA como principal bandera. Y aunque Microsoft ha empujado Windows 11 con fuerza, en muchos casos el salto ha sido más una obligación que una elección.
A esto se suma esa teoría popular —con algo de mala leche, pero no del todo infundada— de que Microsoft alterna Windows “buenos” y “problemáticos”: XP frente a Vista, 7 frente a 8, y ahora un Windows 11 que todavía lucha por justificar su identidad. No es un Vista, pero sí arrastra un problema de narrativa: si tu gran promesa es la IA y el usuario no la quiere, el mensaje se rompe.
Hay un detalle final que deja clara la estrategia de Microsoft. Si el usuario se arrepiente, puede reinstalar Copilot sin necesidad de intervención del administrador. Es decir, quitarlo requiere control, permisos y condiciones; volver a ponerlo es trivial.
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La asimetría no es casual. Microsoft quiere que Copilot sea una capa del sistema, no una app más que entra y sale. Para muchos administradores, esta opción es útil: permite limpiar equipos donde Copilot no aporta valor y reducir fricción con usuarios que no lo usan.
Pero para el resto, el mensaje es claro: Microsoft acepta a regañadientes que no todos quieren IA siempre activa, pero todavía no está dispuesta a soltar el volante. Esto parece más el inicio de una convivencia tensa que una concesión definitiva: la del usuario que quiere un Windows ligero y discreto frente a una empresa que quiere que su asistente sea, tarde o temprano, inevitable.
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