Satya Nadella se plantó en Davos y lanzó una advertencia que suena a freno de mano: la IA solo se puede justificar si mejora la vida real, porque su coste energético ya no es una simple anécdota. Mientras Microsoft habla de futuro, también habla de infraestructura a gran escala, con una inversión de 80.000 millones de dólares para levantar centros de datos orientados a IA.
En ese contexto, Nadella dejó caer que se puede perder muy rápido la “legitimidad social” de gastar energía (y agua) en “generar tokens” si esos tokens no se traducen en mejor sanidad, educación más útil o un sector público más eficiente. Evidentemente, la conversación gira en torno a números, red eléctrica, agua para refrigeración y una carrera global por ver quién puede computar más… y más barato.
Antes de que medio planeta descubriera el prompt perfecto, los centros de datos ya eran auténticas aspiradoras de electricidad. Con la explosión de la IA, ese consumo se ha multiplicado con creces, ya que entrenar y servir modelos exige GPUs a pleno rendimiento y refrigeración constante.
No se trata solo de “tener servidores”, sino de fábricas de cálculo funcionando 24/7, sin pausas. A esto se suma otro elefante en la sala: el agua. Refrigerar centros de datos de alta densidad, como los de IA, implica usar agua directa o torres de enfriamiento, justo cuando el debate global gira en torno a sequías, olas de calor y estrés hídrico.
En este punto, Nadella lo resumió con una frase que pincha: si la energía es un recurso escaso, no puedes gastarla en “generar tokens” sin un retorno social claro.
Nadella describió los tokens como la nueva moneda de cambio entre las grandes tecnológicas. En IA, un token es una unidad básica de procesamiento: lo que el modelo “quema” cuando escribe, resume, traduce o razona.
También te puede interesar:El Éxito de la IA en Microsoft Tiene un Ganador Indiscutible: Satya Nadella y su Bono de 96,5 Millones de DólaresEs decir, no se paga “magia”, se paga cómputo empaquetado en pequeñas unidades que el modelo consume para generar una respuesta. Si los tokens son moneda, el precio real termina reflejándose en el recibo de la luz.
Por eso, Nadella conectó directamente el crecimiento económico con una variable poco glamurosa: el coste de la energía usada para IA. Incluso llegó a sugerir que un país capaz de “producir tokens” más baratos tendrá una ventaja competitiva clara, lo que convierte a la IA en un asunto también geopolítico, no solo tecnológico.
Sam Altman (OpenAI) ha estimado que ChatGPT consume unos 0,34 vatios-hora por respuesta. Una consulta aislada no hunde la red eléctrica, ni de lejos. El problema aparece cuando se escala: millones de consultas diarias, empresas integrándolo en procesos, asistentes always-on, generación de vídeo y agentes que iteran de forma continua.
El verdadero cuello de botella no es el usuario puntual, sino la escala industrial que viene detrás. Un análisis de Michael Thomas, fundador de Cleanview, apuntaba que en 2023 el consumo eléctrico combinado de Microsoft y Google superó al de más de 100 países.
Esto no significa que la IA sea mala por definición, pero deja flotando una pregunta incómoda: ¿qué estamos comprando con ese consumo, memes con IA o productividad real?
También te puede interesar:Satya Nadella Revela la Clave de la IA Empresarial: Unificar Todos los Datos en MicrosoftLa demanda asociada a la IA no es únicamente energética, también es industrial. Se habla de un desvío desmesurado de capacidad productiva hacia proyectos de IA, con componentes críticos reasignados a la carrera del datacenter.
Un ejemplo muy tangible es la memoria RAM, cuyo mercado ya estaría notando esta redistribución de recursos. Cuando una industria absorbe capacidad de fabricación, el resto termina pagando el precio en costes, disponibilidad o retrasos. Esto explica por qué se levantan centros de datos como si no hubiera mañana: no es solo software, es una reindustrialización del cómputo.
Nadella no vino solo a pedir energía, sino a justificar su uso. Puso el foco en la sanidad, defendiendo la IA como una herramienta para liberar tiempo de médicos y personal clínico de tareas administrativas.
Transcribir consultas, volcar datos en historiales médicos o asignar códigos de facturación son tareas que la IA puede asumir, permitiendo que el médico se concentre en ser médico. Si la IA se traduce en tiempo recuperado, menos errores y mayor capacidad asistencial, la conversación social cambia por completo.

El problema surge si el gran titular acaba siendo que hemos quemado energía para generar tokens sin impacto real, porque entonces el permiso social desaparece.
Microsoft planea invertir 80.000 millones de dólares en centros de datos para IA, con un matiz geopolítico clave: el 50% de esa inversión se realizará fuera de Estados Unidos. El cómputo se distribuye y, con él, la pelea por energía, suelo, agua, permisos y aceptación social.
Nadella también habló de burbuja, aclarando que existiría si todo quedara en acuerdos entre tecnológicas y gasto en infraestructura. Una señal clara sería que solo se hable de empresas tech y no de productividad real en el resto de sectores.

Su visión es la contraria: que la IA doble la curva de productividad y genere crecimiento más allá del capex. Para eso, hace falta adopción masiva y nuevas habilidades, algo que Nadella resumió llamando a la IA un “amplificador cognitivo”, comparable a aprender Excel como competencia laboral básica.
Al final, la pregunta no es si habrá más centros de datos. La verdadera cuestión es si esos tokens se convertirán en diagnósticos más rápidos, trámites públicos más ágiles y empresas más eficientes, o si solo acabarán siendo la factura energética más cara de nuestra época.
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