Google acaba de enseñar Project Genie, un prototipo experimental que convierte un prompt en un mundo interactivo estilo videojuego, y lo hace directamente desde el navegador. No estamos hablando de una “imagen bonita” ni de un simple vídeo generado, sino de un entorno en el que puedes moverte con W, A, S, D y explorar un escenario que la IA va creando sobre la marcha.
En concreto, Project Genie es una evolución directa de Genie 3, el modelo que Google presentó a mediados de 2025 para simular entornos fotorrealistas. Sin embargo, aquí la palabra clave no es “fotorrealista”, sino jugable: la ambición ya no es solo ver mundos generados por IA, sino habitarlos e interactuar con ellos.
El planteamiento es tan agresivo como sencillo: tú escribes una frase —mejor si es detallada— y el sistema te devuelve un escenario por el que puedes caminar. Google insiste en que no necesitas saber programar ni diseñar niveles, porque todo el pipeline corre a cargo de la IA.
Es decir, lo que antes implicaba motores como Unreal o Unity, búsqueda de assets, iluminación, físicas, scripting y mucha paciencia, ahora se reduce a describir el estilo, los elementos y el tipo de personaje que controlas. A esto se suma la posibilidad de elegir vista en primera o tercera persona, como si estuvieras montando un shooter o una aventura narrativa en cuestión de segundos.
Pero lo verdaderamente interesante no es que genere un escenario, sino que responda cuando interactúas con él.
Llevamos tiempo viendo demos de mundos generados por IA que parecen videojuegos… hasta que intentas jugar y la ilusión se rompe. En Project Genie, en cambio, el usuario se mueve por el entorno con las teclas clásicas W/S/A/D y el mundo se va construyendo delante de ti conforme avanzas.
No se trata de un mapa cerrado que se renderiza de golpe, sino de un sistema donde Genie 3 genera el entorno en tiempo real, extendiendo caminos, objetos y escenarios según tus decisiones. Esto cambia por completo el tipo de “magia” que ocurre detrás: ya no es solo renderizar escenas bonitas, sino mantener una experiencia coherente mientras el jugador actúa.
Además, Google promete simulación de física e interacciones para crear mundos dinámicos, no simples decorados. Eso sí, “simular física” en un prototipo experimental puede abarcar desde colisiones básicas hasta comportamientos más complejos, y ahí es donde la letra pequeña empieza a importar.
El gran enemigo de este tipo de demos es la incoherencia visual: giras la cámara y, de repente, cambian paredes, puertas o proporciones como si el mundo tuviera amnesia. Según Google, Project Genie evita esto gracias a la generación autorregresiva de Genie 3.

En la práctica, el sistema construye el mundo fotograma a fotograma y “recuerda” lo que ya ha generado, evitando contradicciones evidentes. Esa memoria visual permite algo muy concreto y muy valioso para cualquier jugador: si te das la vuelta, el entorno sigue siendo el mismo.
Ahora bien, esa memoria también tiene un límite técnico, y ese techo marca claramente hasta dónde puede llegar hoy la experiencia.
Project Genie funciona como una aplicación web accesible desde el navegador, con un enfoque similar al de herramientas como Gemini. Google no quiere que instales nada extraño: quiere que lo pruebes rápido, lo compartas y lo iteres como si fuera un experimento creativo.
La experiencia se apoya en varios modelos, incluyendo Genie 3, Nano Banana Pro y Gemini. No hay un “modelo mágico” único, sino un conjunto de piezas: una para generar y mantener el mundo, otra para la vista visual previa y otra para la capa general de IA.
Un detalle especialmente acertado es que, tras escribir el prompt, Nano Banana Pro genera primero una imagen estática como vista previa. Esa imagen no es el juego, sino una especie de “¿este es el rollo visual que quieres?” antes de pasar a lo interactivo.

A partir de ahí, puedes modificar el mundo tantas veces como quieras: añadir o eliminar objetos, cambiar personajes o ajustar el estilo. Esto va de iterar, no de acertar a la primera, con un enfoque muy cercano al remix. Además, incluye un randomizer para generar escenarios aleatorios y una galería para explorar creaciones de otros usuarios.
Aquí conviene no vender humo. Google reconoce dos límites importantes. El primero es que los mundos no pueden ser ultrarrealistas, ni a nivel visual ni en la simulación física. La sensación es claramente de videojuego, no de simulador del mundo real.
El segundo límite es aún más concreto: la generación está restringida a 60 segundos, que es el máximo de memoria visual que soporta actualmente Genie 3. Con solo un minuto de coherencia garantizada, diseñar experiencias largas —misiones complejas, exploración profunda o progresión— se vuelve complicado.

Por ahora, Project Genie suena más a demo jugable o herramienta de prototipado rápido que a un motor completo para desarrollar un juego comercial de principio a fin.
Project Genie estará disponible inicialmente solo para suscriptores de Google AI Ultra en Estados Unidos. La suscripción cuesta 250 dólares al mes, así que la barrera de entrada no es precisamente baja, aunque la interfaz sea accesible.
Desde el punto de vista de Google, tiene sentido: el sistema consume mucho cómputo y quieren controlar el despliegue antes de abrirlo a gran escala. Han prometido expansión internacional, pero sin fechas concretas.

Si esto logra escalar, el impacto puede ser enorme, no porque vaya a sustituir a los estudios tradicionales, sino porque reduce la creación de prototipos a algo absurdamente rápido. La gran incógnita es si la competencia responderá con algo igual de interactivo, igual de consistente y, sobre todo, menos elitista en precio.
Veremos si Project Genie se queda como una curiosidad premium o si estamos presenciando el primer paso hacia un futuro donde hacer un juego empiece, literalmente, con una sola frase.
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