Google acaba de añadir una pieza nueva a Google Classroom: una herramienta impulsada por Gemini que convierte materiales educativos en lecciones de audio estilo pódcast. Y no es un simple adorno. La batalla por la atención del alumnado ya no se gana solo con PDFs y diapositivas, se gana hablando su idioma… y usando su formato.
La función está pensada para que el profesorado genere episodios que ayuden a una comprensión más profunda del contenido, no solo un “audio para salir del paso”. Al mismo tiempo, el movimiento manda un mensaje bastante claro: Google quiere que Classroom sea el hub donde se produce, se entrega y ahora también se escucha el aprendizaje.
Hay una cifra que explica por qué Google se mete en este terreno: se citan 35 millones de oyentes mensuales de pódcast de la Generación Z en Estados Unidos. Evidentemente, no todos van a escuchar un episodio de historia con la misma pasión que un true crime, pero la costumbre de aprender con auriculares ya está instalada.

A eso se suma que los pódcasts educativos han crecido de forma sostenida. Universidades y centros formativos producen los suyos, y cada vez más estudiantes consumen contenido formativo por iniciativa propia, fuera del horario lectivo. Es decir, el alumnado no necesita que le descubras el formato: ya lo trae de casa.
El problema es que transformar una lección en un audio decente requiere tiempo, guion, tono y estructura. Y ahí es donde entra Gemini: automatiza el primer borrador para que el profesor no tenga que convertirse en productor de radio.
El proceso arranca desde la pestaña de Gemini dentro de Google Classroom. No es un botón mágico sin contexto: la herramienta pide definir nivel o curso, temas y objetivos de aprendizaje. Es decir, Gemini no solo narra, sino que intenta respetar una intención pedagógica clara: qué debería haber entendido el alumno al terminar el audio.

Uno de los puntos más interesantes es que permite elegir el número de interlocutores. Esto es clave para evitar el tono de audiolibro plano, porque el formato conversación suele enganchar más al simular una escucha “social”, aunque el alumno esté solo en el bus.
Además, se puede seleccionar el estilo conversacional: entrevista, mesa redonda, diálogo informal, entre otros. Y esto no es un detalle estético. El estilo condiciona el ritmo, cómo se introducen los conceptos y cuánto espacio se deja para ideas complejas. Un tema de ciencias explicado como entrevista puede mantener al alumno escuchando por curiosidad, no solo por obligación.
La función está disponible para usuarios con Google Workspace Education en los planes Fundamentals, Standard y Plus. No llega como un experimento aislado, sino integrada en un ecosistema que ya usan centros completos, no solo docentes, especialmente tecnológicos.
El contexto temporal también importa. Gemini for Classroom se lanzó en 2024, y desde entonces Google ha ido añadiendo funciones de forma progresiva. En junio, por ejemplo, se desplegaron mejoras para generar ideas, desarrollar planes de clase y personalizar materiales.
El pódcast, por tanto, no aparece de la nada. Es una pieza más dentro de una estrategia clara de IA para preparar y entregar contenidos educativos.
El audio tiene una ventaja obvia que a veces se subestima: se puede repetir sin presión social. Estas lecciones tipo pódcast facilitan el aprendizaje autónomo porque el alumnado puede volver a escucharlas cuando necesite repasar o si ha faltado a clase.

Además, encajan perfectamente con el estudio en movilidad: caminando, en transporte público o mientras haces tareas rutinarias. Pero aquí también está el riesgo: que el pódcast se convierta en “me lo pongo de fondo” y ya.
Por eso el diseño importa tanto. Objetivos claros, estructura por bloques y un cierre que ate las ideas clave son lo que marca la diferencia entre aprender algo y dejarlo pasar como ruido.
Nada de esto elimina una realidad incómoda: muchos docentes siguen teniendo dificultades para integrar la IA en su práctica diaria. No es solo aprender a usar la herramienta, es encajarla con evaluación, programación didáctica y normas del centro.
A eso se suma una preocupación muy concreta: la dependencia del alumnado de la IA generativa para hacer tareas. El miedo no es la tecnología en sí, sino que el alumno deje de pensar porque el prompt piensa por él.

En ese punto, Google insiste en el uso responsable de la IA y recomienda que el profesorado revise y edite cuidadosamente todo contenido generado para asegurar precisión y adecuación al contexto. Es lo mínimo: un audio con un error conceptual puede propagar el fallo a velocidad x1,5.
Si se usa bien, esta función tiene pinta de ser una de esas mejoras pequeñas que cambian hábitos: menos “léete el tema en casa” y más “escucha, entiende y ven a clase a discutir”. La pregunta de fondo no es si el pódcast mola, sino si el sistema educativo está preparado para evaluar aprendizaje real cuando la IA empieza a hacer de guionista.
Tocará ver si esto se convierte en una herramienta cotidiana o en otra pestaña más que el profesor abre dos veces… y olvida.
Me dedico al SEO y la monetización con proyectos propios desde 2019. Un friki de las nuevas tecnologías desde que tengo uso de razón.
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