Google acaba de enseñar sus cartas en el comercio asistido por IA: anuncios personalizados dentro de su modo de compras con IA, impulsado por Gemini, y un nuevo protocolo abierto junto a Walmart para que los agentes compren sin salir del chat. Y es que, si la IA se vuelve tan común como el buscador, la gran pregunta ya no es “¿quién tiene el mejor modelo?”, sino “¿quién cobra la caja?”.
En concreto, Google quiere monetizar su experiencia de compra conversacional sin depender solo de suscripciones, porque en unos años casi todo el mundo usará IA, y no todos pagarán una cuota mensual.
Pero claro, esto también es un movimiento defensivo: los chatbots están mordiendo el negocio histórico de Google, el de los anuncios en búsquedas, el que imprime decenas de miles de millones de dólares.
En concreto, la novedad es que los anunciantes podrán lanzar ofertas exclusivas a usuarios que están a punto de comprar usando el modo de compras con IA. Es decir, no es el típico “anuncio patrocinado” que te empuja a hacer clic en un resultado y aterrizar en una web externa, sino algo mucho más integrado: la IA te acompaña durante todo el proceso y, si todo sale como Google quiere, tú compras sin pasar por la web del comercio.

Las tiendas podrán activar descuentos o incluso envío gratuito justo en el momento de finalizar la compra, cuando el incentivo es máximo y la decisión ya está casi tomada. A ello se le suma que este sistema no se apoya solo en keywords, sino en el contexto completo de la conversación con Gemini, de modo que tu diálogo con el chatbot se convierte en un paquete de señales para recomendar productos relevantes mientras navegas por el modo de compras.
Pero claro, aquí la pregunta incómoda es evidente: ¿cuánto de “asistente” y cuánto de “vendedor” va a ser el asistente cuando el incentivo económico está tan cerca?
También te puede interesar:Ya Hay una Polémica por el Protocolo de Compras de la IA de Google: Advertencia y RespuestaEn concreto, Vidhya Srinivasan, vicepresidenta de Google Ads y Commerce, lo define como “un nuevo concepto que va más allá de nuestro modelo tradicional de anuncios de búsqueda”. El matiz importa, porque el anuncio deja de ser un bloque fijo en una lista de enlaces y pasa a ser una intervención calculada dentro de una experiencia conversacional.

Los minoristas configurarán qué promociones quieren mostrar y Google usará su IA para decidir el momento óptimo para enseñarlas, es decir, el “cuándo” lo decide un sistema de inferencia que optimiza conversión, no la paciencia del usuario.
Al principio el foco estará en descuentos, pero Google ya avisa de que ampliará a packs combinados, envíos gratuitos y otros incentivos, algo que encaja con la lógica del retail: no siempre se gana bajando precios, a veces se gana moviendo stock o reduciendo fricción logística.
Entre los socios iniciales aparecen Petco, e.l.f. Cosmetics y Samsonite, porque Google necesita casos reales que conviertan, no solo demos que se vean bien en una keynote.
Nada de esto ocurre en el vacío. Gemini sigue por detrás de ChatGPT en popularidad, pese a los avances técnicos y a la distribución brutal de Google. Precisamente por eso, empujar la IA hacia un lugar donde el dinero es directo —las compras— tiene todo el sentido.
OpenAI también compite en este terreno y ya ofrece compra instantánea dentro de ChatGPT, quedándose una comisión por cada venta. Es decir, el chatbot no solo recomienda: también participa del ingreso cuando hay transacción.
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Según Financial Times, OpenAI llegó incluso a frenar internamente cualquier trabajo relacionado con publicidad tras un código rojo de Sam Altman para mejorar ChatGPT, porque la publicidad dentro del chat es dinamita: puede ser un gran motor de ingresos o un disparo al pie si el usuario percibe manipulación.
A esto se suma Microsoft, que presentó Copilot Checkout y asegura que las compras vía chatbot generan un 53% más de ventas en los primeros 30 minutos de interacción, reforzando la idea de que la conversación acelera decisiones al reducir dudas en tiempo real.
Además de anuncios, Google presentó el Universal Commerce Protocol, desarrollado junto a gigantes como Walmart, Target y Shopify. Aquí no hablamos de un banner, sino de infraestructura para que agentes de IA investiguen productos y ejecuten compras sin salir del entorno de Google.
El protocolo es de código abierto y busca convertirse en un estándar, una especie de idioma común para que la compra conversacional no sea un sistema distinto en cada tienda. Cadenas como Kroger, Lowe’s y Papa Johns ya están probando estas herramientas, porque nadie quiere quedarse fuera si el tráfico se desplaza del buscador tradicional a la interfaz de chat.
Comprar directamente desde un chatbot sigue siendo un elefante en la habitación por una razón clara: todavía no se percibe como una herramienta totalmente fiable. Si el asistente se equivoca en un modelo, un tamaño o una condición de envío, la culpa se la come la marca, no el LLM.
El riesgo reputacional es real: un error en una compra no es un “ups”, es una devolución, una reseña negativa y un cliente perdido. Por eso muchas empresas están desarrollando sus propios agentes de IA, buscando controlar cómo se muestran los productos, cómo se ejecuta la compra y qué ocurre en el postventa.

Según McKinsey, el mercado del comercio potenciado por IA podría mover entre 3 y 5 billones de dólares a nivel global para 2030. Es decir, esta carrera no va de añadir un botón bonito en un chat, sino de quién se queda con el nuevo peaje del comercio digital.
Si Google logra que Gemini sea el lugar donde preguntas, comparas y compras, el buscador deja de ser un destino y pasa a ser todo el embudo. Pero queda una incógnita clave: si los usuarios aceptarán anuncios contextuales en plena conversación sin sentir que los están empujando demasiado.
Por ahora, una cosa está clara: la batalla ya no es solo por la mejor IA generativa, sino por la IA transaccional. Y en ese terreno, quien controla el checkout controla el negocio.
Me dedico al SEO y la monetización con proyectos propios desde 2019. Un friki de las nuevas tecnologías desde que tengo uso de razón.
Estoy loco por la Inteligencia Artificial y la automatización.