Uber acaba de reconocer algo que parece sacado de una serie de tecnología: dentro de la empresa circula un chatbot llamado “Dara AI”, diseñado para imitar al CEO, Dara Khosrowshahi, y permitir que los equipos ensayen reuniones antes de enfrentarse al Dara real.
Según el propio Khosrowshahi, Uber no es simplemente “una app de coches” ni “una empresa de comida a domicilio”, sino una gigantesca base de código construida por ingenieros. Esa definición no es casual ni retórica: marca la forma en que la compañía se entiende a sí misma y cómo integra la inteligencia artificial en su operativa diaria.
Lo contó en el podcast The Diary of a CEO, presentado por Steven Bartlett, donde dejó varias pistas reveladoras sobre cómo la IA ya no es un experimento aislado, sino una capa estructural dentro de la empresa. Sin embargo, lo más interesante es lo que implica para la cultura interna: si tu jefe es predecible, puedes convertirlo en un test automatizado.
Khosrowshahi fue directo al punto: para él, los ingenieros son “literalmente los constructores” de Uber. Utilizó una metáfora muy propia del mundo tecnológico: los ingenieros no solo fabrican los ladrillos del sistema, sino que también actúan como arquitectos que diseñan cómo debería funcionar el conjunto.
Es decir, no se trata únicamente de lanzar nuevas funcionalidades o corregir errores, sino de pensar el sistema completo, sus dependencias y su evolución. En ese contexto, la inteligencia artificial aparece como una herramienta transformadora.
Muchos directivos repiten que la IA está mejorando la productividad, pero aquí la afirmación vino acompañada de convicción: según el CEO, está cambiando la productividad del equipo de ingeniería “de una forma que no había visto nunca”. Cuando el máximo responsable de una empresa de esta escala dice algo así, no habla de experimentar con un par de prompts, sino de procesos que se rediseñan desde dentro.
Algunos equipos han creado internamente “Dara AI”, un chatbot que actúa como una versión virtual del CEO. Lo utilizan para ensayar presentaciones, recibir preguntas incómodas y anticipar posibles objeciones antes de sentarse frente a la alta dirección.
Lo que antes era simplemente “prepárate bien el deck”, ahora puede convertirse en “pásalo por el Dara-bot y deja que lo ponga a prueba”. Esta práctica encaja con la propia descripción que hizo Khosrowshahi sobre el recorrido de las decisiones importantes: cuando un asunto llega a su mesa, normalmente ya ha pasado por múltiples filtros y reuniones, con presentaciones pulidas al detalle.
En ese sentido, “Dara AI” actúa como un filtro previo, elevando el estándar antes de la reunión definitiva. La lectura es doble: por un lado, puede ahorrar tiempo y mejorar la calidad media de las propuestas; por otro, podría fomentar una cultura donde se optimiza para el gusto del CEO, y no necesariamente para el usuario o el producto.
Un detalle relevante es que esta historia no proviene de rumores internos. El propio Khosrowshahi lo contó públicamente, y medios como Business Insider ya habían informado sobre este uso del “clon” de IA para preparar reuniones y presentaciones.
Más allá del chatbot, hay un dato que realmente marca la diferencia: aproximadamente el 90% de los ingenieros de software de Uber utiliza IA en su trabajo diario. Esto ya no es un piloto aislado ni un experimento de laboratorio, sino adopción masiva.

Además, alrededor de un 30% son considerados “usuarios avanzados”. En este contexto, “avanzado” no significa solo usar herramientas de autocompletado, sino replantear cómo se construye el sistema desde sus cimientos.
Según explicó el CEO, estos perfiles están repensando la arquitectura completa de la empresa. La IA no sería simplemente un acelerador para escribir código más rápido, sino una palanca para rediseñar servicios, dependencias, capas internas y la forma en que todas esas piezas encajan entre sí.
Ahí está la diferencia clave: no es lo mismo usar IA como asistente que reorganizar la compañía alrededor de ella. En el primer caso, mejoras velocidad; en el segundo, transformas estructura.
La historia de “Dara AI” no trata solo de un bot con personalidad corporativa, sino de un cambio de hábito: convertir la preparación en un proceso iterativo, casi como si se hicieran unit tests para argumentos estratégicos. Antes de consumir tiempo ejecutivo en una reunión costosa, la narrativa se somete a pruebas.
Esto, sin embargo, abre preguntas relevantes. Si el bot imita al CEO, alguien ha tenido que traducir su estilo: qué preguntas suele hacer, qué métricas prioriza, qué riesgos detecta con mayor sensibilidad y qué señales le parecen humo. Esa codificación del criterio directivo es, en sí misma, un ejercicio de estandarización cultural.

Si el perfil está mal calibrado, existe el riesgo de optimizar proyectos para superar un filtro que no refleja fielmente la realidad. Por eso, el verdadero valor del bot no es “adivinar el futuro”, sino forzar claridad, datos sólidos, narrativa coherente y anticipación de riesgos.
Hay, además, una consecuencia más profunda: si el 30% de los ingenieros ya está repensando la arquitectura con IA, el resto probablemente seguirá el ritmo por presión profesional. Nadie quiere quedarse ejecutando tareas básicas mientras otros rediseñan sistemas completos con nuevas herramientas.
Esto también tensiona el rol de los managers. Con equipos que automatizan más y diseñan mejor, el liderazgo deja de centrarse en el control de tareas y pasa a enfocarse en definir contexto, prioridades y criterios de decisión.
En el fondo, Uber está mostrando algo que probablemente veremos replicarse en otras grandes compañías: la IA no solo se integra en el producto final que usas en tu móvil, sino en las entrañas de la organización, donde se decide qué se construye y cómo se construye.
Si un CEO puede convertirse en un modelo simulable para ensayar reuniones, el siguiente paso lógico es simular comités completos, revisiones de seguridad o debates de arquitectura. Quizás estemos ante el nacimiento de un nuevo ritual corporativo: antes de hablar con tu jefe, hablas con su IA.
Me dedico al SEO y la monetización con proyectos propios desde 2019. Un friki de las nuevas tecnologías desde que tengo uso de razón.
Estoy loco por la Inteligencia Artificial y la automatización.