Kimi acaba de enseñar músculo con Agent Swarm, una IA “autoorganizada” que deja atrás el esquema clásico del asistente de un solo agente. La promesa es ambiciosa: ejecutar tareas complejas mediante una especie de equipo interno que trabaja en paralelo y puede realizar más de 1.500 llamadas a herramientas sin que el usuario tenga que coordinar nada.
Lo interesante aquí no es presentar un modelo “más grande”, sino proponer una arquitectura distinta. En lugar de confiar en un único agente que piensa paso a paso, Kimi plantea repartir el trabajo como si se tratara de una redacción con varios especialistas colaborando al mismo tiempo.
Agent Swarm puede ensamblar y gestionar hasta 100 subagentes especializados en paralelo para tareas de investigación, análisis o generación de contenido. No se trata simplemente de “más contexto” o “más tokens”, sino de un sistema que se organiza en equipos según el objetivo que le plantees.
El problema del enfoque tradicional es bastante evidente: un único agente suele resolver todo de forma secuencial. Si le pides investigación, contraste, síntesis y redacción, lo habitual es que procese cada fase en cola, acumulando latencia en cada paso.
Kimi presenta su propuesta como una salida a los límites del llamado “escalado vertical”. En lugar de seguir aumentando parámetros, contexto y coste computacional, apuesta por el escalado horizontal, donde múltiples agentes colaboran para repartir la carga de trabajo.
A esto se suma un detalle práctico que no es menor: la posibilidad de realizar más de 1.500 tool calls en una sola tarea. Esto implica que el sistema no se limita a generar texto atractivo, sino que puede buscar, verificar, extraer, comparar y estructurar información a gran escala, utilizando herramientas de forma intensiva.
Cuando alguien escucha “1.500 llamadas a herramientas”, la pregunta natural es para qué sería necesario algo así. La respuesta está en trabajos de investigación complejos, donde no basta con una búsqueda superficial y un resumen rápido, sino que hace falta iterar, contrastar fuentes y construir un documento sólido sin perder coherencia.
Kimi no está posicionando Swarm como un juguete creativo para experimentar con prompts llamativos. La orientación es clara: usuarios con cargas de trabajo exigentes, como investigadores, analistas, redactores y profesionales que manejan grandes volúmenes de PDFs, tablas, bibliografía e informes extensos.
Uno de los casos de uso más evidentes es la recopilación masiva de datos y la síntesis estructurada de documentos largos. En términos prácticos, puedes pedirle que rastree grandes cantidades de información, la normalice y la devuelva organizada con conclusiones accionables.
Además, hay un elemento que cambia la dinámica: el sistema puede formar equipos de expertos de manera autónoma. Tú defines el objetivo —por ejemplo, “quiero un análisis completo de X”— y la IA decide cuántos subagentes necesita, cómo dividir el trabajo y qué roles asignar.

También apunta a tareas que resultan incómodas para un único agente, como analizar un problema desde perspectivas enfrentadas. En lugar de ofrecer una respuesta monolítica, el sistema puede generar argumentos a favor y en contra como si se tratara de equipos distintos debatiendo, con un editor final encargado de integrar y armonizar los resultados.
La cuestión que más interesa a muchos profesionales es si esto permitirá generar informes académicos o técnicos extensos sin caer en el típico “corta y pega” estructural. La apuesta de Swarm es que la especialización y el paralelismo mejoren todo el pipeline: un subagente busca, otro valida, otro sintetiza, otro redacta, y así sucesivamente.
Agent Swarm está disponible dentro de la plataforma de Kimi y puede utilizarse desde su interfaz web. No es un simple concepto teórico presentado en un paper, sino una herramienta en fase de uso real, aunque todavía bajo modalidad de vista previa.
Según la compañía, el acceso no está restringido a una región específica, lo cual resulta relevante en un panorama donde muchas funciones avanzadas de IA quedan limitadas por geografía o listas de espera interminables.
Sin embargo, hay que tener en cuenta que se trata de una preview temprana orientada a investigación. Eso significa que el foco actual está en probar, medir y ajustar el sistema, más que en ofrecer una experiencia completamente pulida para entornos de producción exigentes.
Kimi ya ha adelantado los siguientes pasos en su hoja de ruta. Entre ellos destaca la posibilidad de permitir comunicación directa entre subagentes, de modo que intercambien contexto, negocien decisiones y se corrijan como un equipo real. También planean habilitar un control dinámico de la división del trabajo, permitiendo que el sistema redistribuya recursos si detecta que una parte de la investigación se está atascando o requiere mayor profundidad.
Durante meses hemos visto modelos cada vez más potentes que, sin embargo, siguen funcionando como “un único cerebro” intentando hacerlo todo. Ese enfoque puede ser suficiente para tareas simples, pero escala con dificultad cuando el trabajo exige múltiples fases, verificaciones y cambios de rumbo.
La idea multiagente no es nueva en teoría, pero sí resulta relevante verla implementada con una propuesta tan concreta: hasta 100 subagentes, más de 1.500 llamadas a herramientas y una apuesta explícita por el escalado horizontal.

La pregunta decisiva no es solo si Swarm es más rápido, sino si será consistente en calidad. Coordinar múltiples agentes introduce nuevos desafíos: redundancias, contradicciones internas o errores que se amplifican si no existe un buen mecanismo de síntesis final.
En esencia, Kimi está intentando convertir la IA en una organización más que en una simple respuesta puntual. Si la estrategia funciona, pedir “un informe” podría dejar de ser equivalente a recibir un resumen decente y pasar a convertirse en un proceso completo de investigación asistida.
Todo apunta a una tendencia más amplia: menos obsesión por el modelo individual y más atención al sistema que lo rodea. Queda por ver si la competencia responderá con arquitecturas multiagente igual de prácticas o si Kimi terminará marcando el ritmo de cómo trabajaremos con IA cuando la exigencia sea real.
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