Meta acaba de poner sobre la mesa su plan más industrial y ambicioso para ganar la carrera de la IA: Meta Compute. Con esta iniciativa, Mark Zuckerberg quiere reforzar su infraestructura a una escala que roza la ciencia ficción, especialmente en lo que respecta a energía y capacidad de cómputo.
No se trata de pequeños ajustes en centros de datos. Zuckerberg ha hablado abiertamente de decenas de gigavatios durante esta década y cientos de gigavatios con el tiempo. Cuando el CEO de una de las mayores plataformas del planeta habla en esos términos, no está pensando en “mejores servidores”, sino en dominar el verdadero cuello de botella de la IA: potencia eléctrica y cómputo sostenido, escalable y controlado.
Meta Compute es la nueva iniciativa con la que la compañía busca reforzar su infraestructura de IA de forma integral. La idea no surge de la nada: ya el año pasado Meta había advertido, en sus previsiones de gasto de capital, que invertiría agresivamente para aumentar su capacidad orientada a IA.

Durante una llamada de resultados el verano pasado, la CFO Susan Li dejó clara la tesis central: desarrollar una infraestructura líder en IA es una ventaja competitiva decisiva. Controlar chips, red, centros de datos, software y operaciones reduce la dependencia de terceros y permite marcar el ritmo en costes, escalado y despliegue de modelos.
No es un capricho tecnológico. Es una respuesta directa al atasco global de compute y energía que está provocando la IA generativa.
Lo más llamativo del anuncio no es la acumulación de GPUs, sino la magnitud de la huella energética que Meta quiere desplegar. Zuckerberg fue explícito: la compañía planea ampliar de forma drástica su capacidad energética, hablando de cifras propias de infraestructura nacional, no de simples ampliaciones de data centers.
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Esta obsesión no es paranoia. En Estados Unidos ya se estima que la demanda eléctrica asociada a la IA podría pasar de 5 GW a 50 GW en la próxima década. Si esa proyección se cumple siquiera parcialmente, la competencia dejará de centrarse solo en “qué modelo es mejor” y pasará a ser quién puede encenderlo sin quebrar ni quedarse sin suministro.
Meta Compute no se presenta como un proyecto difuso. Zuckerberg ha designado tres responsables clave, cada uno atacando un frente distinto:
Este reparto deja algo claro: Meta trata el compute como ingeniería dura, estrategia industrial y diplomacia al mismo tiempo.
Meta no está sola. Toda la big tech compite por construir entornos cloud preparados para IA generativa, y el patrón se repite con matices:
La competencia ya no es solo por talento o modelos. Es por ladrillo, cable, transformadores y acuerdos energéticos.
También te puede interesar:Meta Comenzará a Usar Casi Todos Tus Datos Para Entrenar Su IA: Así Puedes ProtegerteQueda ver si la IA va a necesitar tanta energía, ¿quién paga la factura y quién tendrá acceso cuando haya escasez? Veremos si el resto responde con números igual de agresivos o si Meta acaba marcando el ritmo de una década donde la IA ya no se mide solo en parámetros, sino en gigavatios.
Me dedico al SEO y la monetización con proyectos propios desde 2019. Un friki de las nuevas tecnologías desde que tengo uso de razón.
Estoy loco por la Inteligencia Artificial y la automatización.