OpenAI ya ha puesto por escrito cómo quiere manejar la publicidad en ChatGPT. La compañía plantea los anuncios como una vía para financiar el acceso a sus productos de IA sin cargarse la confianza del usuario por el camino. No como el motor del producto, sino como una pieza más dentro de un equilibrio delicado.
En concreto, OpenAI enmarca la publicidad dentro de un plan más amplio: ampliar disponibilidad, sostener una versión gratuita y, al mismo tiempo, seguir empujando planes de pago. Pero claro, en cuanto alguien menciona “anuncios” en un producto conversacional, saltan todas las alarmas: ¿van a colarse en las respuestas?, ¿van a usar lo que escribes para venderte cosas?
OpenAI intenta cortar ese debate de raíz con una promesa clave: los anuncios no influirán en las respuestas del modelo. Es decir, la idea no es que el LLM recomiende una marca porque alguien ha pagado, ni que el orden o el contenido de la información se vea contaminado por intereses comerciales.
Según OpenAI, si llegan, los anuncios estarán claramente separados del contenido generado por el sistema. Y esto no es un detalle menor: esa separación es el mínimo exigible para que el producto no pierda credibilidad en dos tardes.

Pero separar visualmente un anuncio de una respuesta no elimina el miedo de fondo: que el modelo cambie su comportamiento para maximizar clics, conversiones o métricas trimestrales. La propia OpenAI reconoce ese riesgo y lo describe como un problema de incentivos.
Dicho de otra forma: si monetizas demasiado pegado al output, terminas sesgando el output. Por eso insisten en mantener una separación estricta entre intereses comerciales y comportamiento del modelo, no como una nota legal, sino como un principio de diseño.
También te puede interesar:OpenAI Lanza el Modo Visión en Tiempo Real y Compartir Pantalla en EuropaUno de los puntos más sensibles queda explicitado sin rodeos: las conversaciones de los usuarios no se venderán a anunciantes.
Y siendo honestos, cruzar esa línea en un producto donde la gente habla de trabajo, estudios o temas personales no rompe solo la privacidad: rompe el producto. Aun así, existe otra preocupación habitual: la hiperpersonalización basada en lo que escribes.
Aquí OpenAI añade otro límite claro: los anuncios no se personalizarán usando datos sensibles procedentes de las conversaciones. Es decir, no debería darse ese escenario inquietante en el que hablas de una ruptura y, acto seguido, te aparece un anuncio de terapia dentro del mismo servicio.
La publicidad, según explican, se basaría en señales contextuales limitadas, como información de sesión de alto nivel, y no en el contenido del chat. Queda pendiente por ver qué entra exactamente en “señales de sesión”: probablemente idioma, país, dispositivo, momento del día o tipo de plan, pero no el texto que estás escribiendo.
Este movimiento no surge de la nada. OpenAI lo conecta directamente con el aumento de los costes de infraestructura y con una demanda que no deja de crecer. El uso de la IA en educación, trabajo y consumo general está presionando el sistema, y servir modelos a escala global no es comparable con mantener una app tradicional.
También te puede interesar:OpenAI une fuerzas con los Laboratorios Nacionales de EEUU para transformar la investigación científicaAquí la factura depende de inferencia, picos de tráfico y disponibilidad de cómputo. Cuando millones de personas quieren respuestas inmediatas (y cada vez más complejas), el coste aparece sí o sí. La publicidad entra, entonces, como una válvula de escape: sostener un nivel gratuito con ingresos complementarios, mientras se reservan las capacidades avanzadas para planes de pago.
El esquema que dibuja OpenAI es bastante clásico:
Esto también demuestra que la IA se está convirtiendo en infraestructura cotidiana, y la infraestructura, tarde o temprano, se monetiza con modelos mixtos. Eso sí, OpenAI insiste en que este enfoque será incremental y cauteloso, tratando la publicidad como apoyo y no como el centro del producto.

Esa frase importa, porque sugiere que no quieren diseñar ChatGPT para maximizar impresiones, sino para mantener utilidad, seguridad y confianza como prioridades. Si el producto se convierte en un escaparate, no solo enfadas al usuario: también destruyes el argumento de que esto es una herramienta seria para estudiar, trabajar o tomar decisiones.
Todo esto suena razonable sobre el papel, pero el diablo estará en los detalles: formato, frecuencia, ubicación y tono. No es lo mismo un banner discreto en la interfaz que anuncios rodeando el hilo de conversación, o “sugerencias patrocinadas” que se parezcan demasiado a recomendaciones del modelo.
El listón está altísimo. Si OpenAI logra financiar el acceso sin manipular respuestas ni exprimir datos personales, podría marcar un estándar para toda la industria. Porque, nos guste o no, la pregunta ya no es si la IA a gran escala necesita un modelo económico sostenible, sino qué sacrificios estamos dispuestos a aceptar para pagarla.
Veremos cómo responde la competencia… y, sobre todo, si OpenAI consigue que la palabra “anuncios” no termine siendo sinónimo de “IA menos fiable”.
Me dedico al SEO y la monetización con proyectos propios desde 2019. Un friki de las nuevas tecnologías desde que tengo uso de razón.
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