OpenAI está jugando a otro deporte en la guerra por el talento. Según cifras citadas por The Wall Street Journal, la compañía paga una compensación media de 1,5 millones de dólares por empleado.
Y si ese número ya suena desproporcionado, espera a la escala completa: con una plantilla cercana a los 4.000 trabajadores, el coste total en compensaciones rondaría los 6.000 millones de dólares.
Pero claro, aquí no hablamos solo de “salarios altos”. Hablamos de una estrategia de supervivencia en una carrera donde el precio del talento lo marca el competidor que está sentado en la mesa de al lado.
Porque cuando construyes modelos punteros y productos que afectan a medio planeta, perder a una persona clave no es “una baja más”. Es perder velocidad, contexto acumulado y ventaja competitiva real.
No se trata de unos pocos genios cobrando cifras astronómicas, mientras el resto mantiene salarios normales. La lectura es más incómoda: el paquete medio —sueldo, bonus y, sobre todo, equity— se ha disparado.
Y es que OpenAI compite en dos frentes al mismo tiempo: contra gigantes con caja prácticamente infinita y contra start-ups agresivas que prometen riqueza futura en forma de acciones.
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Pero OpenAI tiene un problema añadido: su talento es brutalmente transferible. Un buen investigador de modelos, un ingeniero de infraestructura o un perfil de producto con experiencia real en despliegue de LLMs puede ser productivo desde el primer día en otra empresa.
A eso se suma la dinámica más incómoda de todas: cuando un empleado valioso se va, no solo pierdes capital humano. Le entregas impulso directo a un competidor que se lleva talento, contexto interno y red de contactos.
Esto no empieza con OpenAI. En el sector ya se hablaba de políticas defensivas: empresas como Apple habrían ofrecido bonificaciones de retención que, en algunos casos, superaban los 180.000 dólares anuales.
Es decir, el “bonus de retención” ya forma parte del kit básico de supervivencia en las grandes tecnológicas.
Pero lo de OpenAI apunta a otra liga. El artículo sugiere que la empresa estaría sobrecompensando deliberadamente a sus empleados para frenar la fuga de talento.
Y tiene lógica fría: cuando el mercado te percibe como la punta de lanza de una tecnología estratégica, tus empleados se convierten automáticamente en el objetivo prioritario de la competencia.
También te puede interesar:OpenAI Lanza el Modo Visión en Tiempo Real y Compartir Pantalla en EuropaContratar a alguien muy bueno es caro. Reemplazar a alguien muy bueno en mitad de una carrera tecnológica es todavía peor.
Según el Wall Street Journal, OpenAI estaría pagando compensaciones que superan las de cualquier start-up tecnológica previa. Ni siquiera el estereotipo de “start-up inflada pre-IPO” encaja del todo aquí. Estas compensaciones serían 34 veces superiores a las de otras compañías en fase pre-IPO durante los últimos 25 años.

¿Se puede sostener algo así? Solo si crees que la IA es una carrera de ganadores que se llevan casi todo.
Si el premio es dominar plataformas, APIs, agentes, productos y contratos empresariales durante la próxima década, pagar carísimo hoy puede venderse internamente como inversión estratégica.
El riesgo no es únicamente para OpenAI. Cuando una empresa fija un techo nuevo, el resto del mercado se ve obligado a reaccionar.
Estas compensaciones agresivas podrían abrir la puerta a una inflación estructural dentro del sector tecnológico.
No inflación de consumo, sino inflación de talento: contratar a los mejores se vuelve prohibitivamente caro y, por contagio, el resto de perfiles también sube.
Ese efecto no viene solo. Se traduce en rondas más grandes, burn rates más altos y presión creciente para monetizar antes de tiempo.
Además, redefine cómo compiten las tecnológicas desde que la IA se convirtió en prioridad absoluta en los consejos de administración.
El modelo financiero de OpenAI refleja una presión competitiva extrema por retener a sus empleados más valiosos. La empresa estaría aceptando dolor a corto plazo —costes gigantescos— para blindar al equipo que le permite seguir lanzando modelos, productos y acuerdos estratégicos.
Pero aquí hay una tensión evidente: gastar miles de millones en compensación te obliga a justificar crecimiento constante y a no permitirte bajones de innovación.
Visto desde fuera, el movimiento suena a pagar por tiempo. Tiempo para seguir liderando, tiempo para construir barreras técnicas, tiempo para que la competencia no replique tu ventaja usando a tu propia gente. La pregunta que queda flotando es inevitable: ¿qué pasa cuando todos juegan a esto?
Si el estándar pasa a ser paquetes millonarios como norma, el resultado será un sector más caro, más agresivo y mucho más desigual entre quienes pueden pagar ese talento y quienes solo pueden observar desde la barrera.
Quizá esa sea la verdadera noticia: la IA no solo está transformando productos y modelos de negocio. Está cambiando las reglas del mercado laboral tech a una velocidad que da vértigo.
Ahora toca ver si esta burbuja de compensaciones se estabiliza… o si apenas estamos entrando en la fase más cara de la historia para construir el futuro.
Me dedico al SEO y la monetización con proyectos propios desde 2019. Un friki de las nuevas tecnologías desde que tengo uso de razón.
Estoy loco por la Inteligencia Artificial y la automatización.