Katerina Mrazkova y Daniel Mrazek (sí, hermanos) se marcaron 72,09 puntos en la danza sobre hielo olímpica de Milán 2026… y aun así se han llevado más titulares por la música que por los giros. Y es que su rutina con estética noventera metió en la ecuación un ingrediente explosivo: una canción generada por IA con un “olor” sospechosamente familiar a hits de los 90.
En concreto, la prueba del lunes exigía a los participantes competir con temática de los años 90, y la mayoría hizo lo lógico: tirar de Jennifer Lopez, Ricky Martin o los Backstreet Boys y a correr. Evidentemente, el debate no es si la coreografía estaba bien (el panel de jueces ya habló), sino qué demonios estamos normalizando cuando la música “nueva” suena como un clon con bigote postizo.
Sorprendentemente, la idea original era todavía más directa: patinar con una canción de IA que usaba citas literales de “You Get What You Give” (1998) de New Radicals, un éxito internacional de finales de los 90.
En concreto, eso ya no es “inspiración”, es jugar a ver si el detector de plagio está dormido.
Pero claro, la opción que acabó sonando el lunes fue, según se ha contado, una versión “limpia”: mantiene riffs de guitarra, pero cambia la letra para no copiar palabra por palabra.
Es decir, el truco clásico de “te cambio el texto y me quedo la vibra”, solo que ahora lo hace un generador en vez de un productor humano con mala conciencia.
Y es que la periodista Shana Bartels ya había avisado en noviembre en su boletín de Patreon “Figure Skating for Baseball Nerds”, dejando caer que aquello olía raro desde lejos.

Evidentemente, cuando un tema intenta sonar a un hit concreto, lo que estás comprando no es música: es reconocimiento de fondo, esa sensación de “me suena” que engancha aunque no recuerdes de qué.
En concreto, en un vídeo de entrenamiento de hace un par de meses se escucha la canción completa identificada como “One Two, Thunderstruck”.
La IA intenta recrear un riff de guitarra similar al de “Thunderstruck” de AC/DC en el primer tercio de la rutina. Pero claro, aquí la IA no es magia: las voces no suenan como las de Bon Scott o Brian Johnson, y eso delata el apaño.
Básicamente, parece el típico “quiero esta canción, pero no puedo (o no quiero) pagarla / licenciarla / pelearla”, así que genero algo que se le parezca lo justo para colarlo.
A ello se le suma un detalle aún más delicado: según se informa, el clip de entrenamiento usaría la misma música que el lunes, pero además incluiría fragmentos directos de “Thunderstruck” auténtico junto con secciones generadas por IA.
Es decir, no es solo “música nueva inspirada”, sino un híbrido donde lo original y lo sintético se mezclan, y luego ya que el espectador adivine dónde empieza el sampling y dónde acaba el modelo.
Encontrar clips completos de la actuación del lunes en redes sociales no es tan fácil, entre otras cosas porque NBC, que tiene los derechos de retransmisión en Estados Unidos, suele ser extremadamente protectora con el copyright.
Pero claro, que no haya clips virales no frena el debate; lo desplaza a lo que sí tenemos: testimonios, análisis y el runrún de “esto es demasiado descarado”. Por su parte, el periodista deportivo Rodger Sherman calificó el vídeo de la rutina como “impresionante” y decía que no entiende cómo pensaron que podrían “salirse con la suya”.
Evidentemente, cuando lo que está en juego es propiedad intelectual, “salirse con la suya” no significa solo evitar una reclamación: significa evitar que el deporte parezca un atajo creativo.
Y es que la controversia ha tocado un nervio muy concreto entre músicos y gente de audio.
En concreto, un ingeniero de sonido criticó en Bluesky el uso de música hecha con IA en patinaje artístico olímpico por pedir respeto para el arte del patinaje mientras se desprecia el arte musical que lo acompaña.
Pero claro, otra respuesta en redes fue aún más directa y rechazó sin matices la “música de patinaje hecha por IA”.
Es decir, no es una discusión técnica sobre “si suena bien”, sino una discusión cultural sobre qué consideramos trabajo creativo y qué consideramos un apaño para esquivar licencias.
Y es que el artículo que enmarca esta historia viene a decir algo incómodo: aunque los Juegos deberían ir de logros deportivos, el foco se está yendo cada vez más hacia problemas de propiedad intelectual, incluso sin IA.
En concreto, el español Tomás-Llorenç Guarino Sabaté recibió inicialmente la indicación de que no podría usar música de la franquicia Minions, pero la decisión cambió en el último momento.

Claro, cambiar música a última hora es una faena monumental, porque los patinadores sincronizan movimientos al milímetro con la pista. A ello se le suma el caso de la estadounidense Amber Glenn, que también tuvo lío: según Associated Press, la artista canadiense Seb McKinnon (CLANN) se quejó de que no autorizó el uso de su canción.
Evidentemente, Glenn dijo después que “se alegraba de haberlo aclarado” con Seb, pero sigue sin saberse qué falló exactamente en la gestión de permisos.
En concreto, la ISU solo empezó a permitir música con letra en 2014, y ese cambio abrió la puerta a elecciones más contemporáneas… y a un infierno administrativo de licencias.
Es decir, más canciones disponibles, sí, pero también más titulares de derechos a los que pagar, más “clearing” y más posibilidades de que algo se rompa por el camino.
A ello se le suma que la ISU trabaja con ClicknClear para gestionar derechos, y USA Today lo describe como un reto cuando hay distintos propietarios que deben cobrar. Pero claro, justo ahí la IA aparece como tentación: si licenciar es lento y caro, algunos intentarán “fabricar” un tema que suene a lo que querían sin pasar por caja.
Y es que el resultado ya lo hemos visto: 72,09 puntos, puesto 17, y una conversación que no va de técnica de patinaje, sino de si el futuro del deporte va a depender de quién encuentre el mejor agujero legal.
Evidentemente, esto solo es el principio de una guerra rara: atletas afinando coreografías, cadenas protegiendo copyright y modelos generativos tentando a quien quiera una banda sonora “parecida pero no igual”. Veremos si la competencia responde… o si la ISU acaba poniendo reglas más duras, porque si no, la próxima gran pirueta olímpica igual no es sobre el hielo, sino sobre los derechos de autor.
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