SpaceX acaba de sacar la artillería pesada regulatoria: el viernes presentó ante la FCC una solicitud para poder desplegar hasta un millón de satélites que actuarían como centros de datos en órbita.
No se trata simplemente de “más Starlink”, sino de llevar el músculo de la computación —sí, el que necesita la IA— directamente al espacio, alimentado por energía solar y conectado mediante enlaces láser entre satélites. La cifra suena a locura, pero precisamente por eso conviene leerla con el manual de SpaceX en la mano.
En concreto, la compañía solicita aprobación para una constelación de 1.000.000 de satélites en órbita baja terrestre (LEO) que funcionarían como una red distribuida de compute. Es decir, una especie de “cloud” fuera del planeta, donde cada satélite no solo comunica, sino que también procesa información.

Es poco probable que la FCC dé luz verde a algo de ese tamaño tal cual. Sin embargo, SpaceX tiene historial: pedir números inflados como punto de partida y luego aterrizar en una cifra “negociada” que, aun así, sigue siendo enorme. Esto no significa que mañana vayan a aparecer un millón de artefactos en el cielo, sino que están tanteando hasta dónde pueden estirar la cuerda regulatoria.
La solicitud se describe con un tono épico: se presenta como un “primer paso” hacia una civilización tipo Kardashev II, capaz de aprovechar toda la energía del Sol. No es solo un proyecto de telecomunicaciones o infraestructura, sino un manifiesto de “infra espacial” aplicado a la economía de la IA.
Aquí hay un mensaje claro entre líneas: si la IA está devorando energía y suelo en la Tierra, quizá la solución —o parte de ella— sea mover el problema fuera del planeta. Eso sí, entre el pitch grandilocuente y la ingeniería real hay un trecho considerable, y el espacio no perdona improvisaciones.
También te puede interesar:Miles de Millones y una OPV en Juego: la Fusión de SpaceX, Tesla y xAI Que Agita Wall StreetLa Agencia Espacial Europea estima que actualmente orbitan la Tierra alrededor de 15.000 satélites, y una parte muy significativa pertenece a una sola marca. Starlink domina el mapa orbital como ninguna otra constelación comercial.
Según Johnathan’s Space Report, hay más de 9.600 satélites Starlink activos en este momento. Es decir, solo Starlink ya representa una porción brutal del tráfico en LEO. Si incluso una fracción pequeña de ese millón se materializa, el salto en densidad orbital sería enorme.
Esto reabre un debate que ya está caliente: basura espacial, riesgos de colisión y el temido efecto dominó de fragmentos multiplicándose. Cuantos más objetos se colocan en órbita, mayor es la probabilidad de fallos, choques o satélites fuera de control. No hace falta ser alarmista para ver el problema.
SpaceX presenta estos centros de datos orbitales como una alternativa más barata y más respetuosa con el medio ambiente que los centros de datos tradicionales. Atacan así el punto más sensible del boom de la IA: energía, refrigeración y conflicto con comunidades locales.

Los centros de datos terrestres no son invisibles: consumen enormes cantidades de electricidad, requieren agua para refrigeración en muchos diseños y generan presión sobre la red energética local. La compañía argumenta que en órbita se evitaría extraer agua de comunidades, se reduciría el riesgo de contaminación de acuíferos y no se presionaría la factura eléctrica regional.
Cambiar el “dónde” no elimina el “cuánto”. La IA sigue necesitando compute, y ese compute se convierte inevitablemente en calor. SpaceX sostiene que este calor podría disiparse radiándolo directamente al vacío del espacio, mediante radiadores térmicos y diseño especializado, en lugar de complejos sistemas terrestres.
A esto se suma un punto clave: el sistema dependería casi por completo de energía solar en tiempo real, con baterías limitadas como respaldo. El pico de computación estaría condicionado por la disponibilidad energética orbital y la gestión térmica, lo que deja claro que no es un enchufe infinito.
Existe un cambio de clima evidente: la oposición social a la construcción de centros de datos está creciendo. Cada vez más comunidades bloquean proyectos por ruido, uso de agua, impacto en la red eléctrica o simple hartazgo de ver suelo industrial dedicado a máquinas que perciben como poco generadoras de empleo.
Si en tierra la respuesta es “no”, las grandes tecnológicas buscan espacios donde no haya a quién molestar. En ese contexto, el espacio aparece como el “no-lugar” perfecto: sin ayuntamientos, sin vecinos y sin manifestaciones en la puerta.
Esta solicitud de SpaceX se entiende mejor desde ahí. No es solo una idea futurista, sino una respuesta directa a un cuello de botella político y social que la industria de la IA ya está enfrentando.
Conviene aclarar un detalle importante: se corrigió una versión anterior que confundía el total lanzado con los satélites activos. Por eso, el dato correcto es más de 9.600 Starlink operativos, no “más de 11.000 en órbita”.
Incluso en un tema tan seguido, las cifras pueden variar si no se distingue entre satélites activos, desmantelados o fuera de servicio. La gran pregunta no es si la FCC aprobará un millón, sino qué parte de esta visión se normalizará en los próximos años.
Si la IA continúa creciendo a este ritmo, veremos más propuestas destinadas a sacar el compute de las ciudades, de redes eléctricas tensionadas y del foco político. SpaceX, como casi siempre, está empujando el límite: si cuela, cambia el tablero; y si no, mueve la negociación hacia un “sí, pero menos”.
Habrá que esperar para ver si esto se queda en un órdago regulatorio o si estamos presenciando el prólogo de una nueva industria: centros de datos en el cielo, con todo lo bueno… y todo lo peligroso que eso implica.
Me dedico al SEO y la monetización con proyectos propios desde 2019. Un friki de las nuevas tecnologías desde que tengo uso de razón.
Estoy loco por la Inteligencia Artificial y la automatización.