Donald Trump ha decidido meter la mano en el enchufe y dejar claro que no permitirá que los estadounidenses paguen la “fiesta” energética de la IA que están montando gigantes como Microsoft y OpenAI. Su postura llega en un contexto cada vez más tenso, donde el crecimiento acelerado de la infraestructura tecnológica empieza a tener consecuencias directas en el bolsillo de los ciudadanos.
Un estudio citado por varios senadores estadounidenses vincula el boom de los centros de datos con subidas del recibo de la luz de hasta un 267 % en cinco años en determinadas zonas del país. Esto ya no es una discusión abstracta sobre innovación o futuro digital, sino una realidad cotidiana para personas que abren su factura eléctrica y se encuentran con cifras que no cuadran.
Trump lo expresó de forma directa en Truth Social: no quiere que los ciudadanos paguen facturas más altas como consecuencia del consumo energético de los centros de datos de IA. El mensaje es que si la inteligencia artificial necesita megavatios a gran escala, ese coste no debería diluirse automáticamente en las tarifas locales como si fuera algo inevitable.
El despliegue masivo de centros de datos se está acelerando a un ritmo vertiginoso, impulsado por la carrera entre las grandes tecnológicas por entrenar y operar modelos cada vez más grandes y complejos. En este escenario, los nuevos complejos orientados específicamente a IA —repletos de GPUs destinadas a entrenamiento e inferencia— empiezan a concentrar críticas por su impacto directo en el precio de la electricidad en Estados Unidos.

El problema no es solo que consuman mucha energía, sino que lo hacen de forma intensiva, repentina y en ubicaciones muy concretas. Esa combinación ejerce una enorme presión sobre la red eléctrica local. Cuando una compañía eléctrica se ve obligada a reforzar infraestructuras para atender cargas tan elevadas, ese coste acaba apareciendo en algún lugar del sistema.
En la práctica, esto suele traducirse en tarifas más altas para hogares y pequeñas empresas, especialmente en regiones donde la llegada de un centro de datos altera por completo el equilibrio de la demanda energética. El resultado es una factura más cara para quienes no participan directamente del negocio de la IA.
También te puede interesar:OpenAI lanza la app de ChatGPT para Windows con nuevas funcionalidadesEl mes pasado, tres senadores estadounidenses enviaron cartas a Amazon, Google, Meta, Microsoft, Equinix, Digital Realty y CoreWeave para expresar su preocupación por el impacto del crecimiento de los centros de datos de IA en las tarifas de los servicios públicos locales. Su advertencia se apoya en datos difíciles de ignorar.
Según el estudio citado, en los últimos cinco años los precios de la electricidad han llegado a aumentar hasta un 267 % en zonas cercanas a grandes centros de datos. El matiz clave está precisamente ahí: no se trata de una subida uniforme en todo el país, sino de un fenómeno que castiga de forma desproporcionada a comunidades concretas.

En algunas regiones, estos centros llegan a consumir tanta energía como una ciudad entera. Introducir de golpe un consumo equivalente al de una ciudad en una red local tiene consecuencias inevitables, ya que ni la infraestructura ni la generación eléctrica pueden absorber ese impacto sin costes adicionales.
Los senadores también advertían que los precios suelen dispararse cuando las eléctricas deben construir nuevas subestaciones, líneas o sistemas de refuerzo para soportar estas cargas masivas. El boom de la IA, por tanto, no solo se mide en tokens y benchmarks, sino también en infraestructura física y capacidad energética.
Trump no se quedó en una queja genérica. Fue un paso más allá al afirmar que las grandes tecnológicas que construyen estos centros deben “pagar la parte que les corresponde”. Según sus declaraciones, su Administración ya está trabajando con Microsoft para evitar que los estadounidenses terminen asumiendo ese coste a través de facturas eléctricas más altas.

La gran incógnita está en qué significa exactamente “pagar lo que les corresponde”. Existen varias vías posibles: acuerdos directos de suministro energético, inversión en nueva capacidad de generación, contratos a largo plazo (PPAs) o incluso tarifas especiales en las que el coste de la expansión de la red recaiga principalmente sobre los grandes consumidores.
También te puede interesar:Microsoft ofrece miles de dólares a quienes encuentren vulnerabilidades en su IATrump llegó a asegurar que Microsoft implementará cambios importantes “a partir de esa misma semana”, lo que sugiere medidas inminentes. Sin embargo, por ahora los detalles concretos de esas decisiones no se han hecho públicos.
Incluso dentro de la propia industria hay voces que reconocen el problema. Jensen Huang, CEO de NVIDIA, admitió que el aumento del precio de la electricidad es una de las razones por las que muchos usuarios en Estados Unidos no comparten el entusiasmo de los directivos por la IA generativa.

La lógica es simple: los avances tecnológicos pueden resultar fascinantes, pero cuando el coste de vida aprieta, la percepción cambia. En Estados Unidos, el precio de la electricidad ha crecido más rápido que la inflación, mientras otros gastos esenciales siguen aumentando.
Este contexto dificulta vender la idea de que “la IA lo vale”, especialmente cuando el beneficio para el ciudadano medio es difuso, pero el impacto económico es inmediato y tangible en la factura mensual.
El auge de la IA también está tensando otra pieza clave de la cadena tecnológica: la memoria. Se observa un aumento significativo en los precios de la VRAM y, como efecto dominó, también de la RAM convencional y otros componentes utilizados en PCs y smartphones.
Cuando la industria consume grandes volúmenes de memoria para GPUs y servidores, el mercado se recalienta y el usuario final acaba notándolo al montar un ordenador, actualizar un portátil o comprar un móvil nuevo. La conversación se vuelve así más incómoda, porque la IA no solo consume energía, sino que también absorbe suministro y empuja al alza los precios de productos cotidianos.
Si a este encarecimiento del hardware se suma la presión política por las tarifas eléctricas, el relato de un progreso tecnológico sin fricciones empieza a resquebrajarse. La pregunta de fondo es clara: ¿vamos a construir la próxima ola tecnológica trasladando parte del coste a comunidades locales y consumidores, o se obligará a que quienes más consumen también paguen proporcionalmente más?
Lo que Trump promete suena bien en una publicación, pero la verdadera dificultad está en convertir ese mensaje en regulación efectiva, contratos concretos y obras reales. Habrá que esperar para ver si esos “cambios importantes” son solo un parche temporal o el inicio de una nueva norma implícita en la era de la IA: si quieres computación masiva, también te toca financiar la energía que la hace posible.
Me dedico al SEO y la monetización con proyectos propios desde 2019. Un friki de las nuevas tecnologías desde que tengo uso de razón.
Estoy loco por la Inteligencia Artificial y la automatización.