Llevamos meses escuchando que la Inteligencia Artificial va a dejar a todos los programadores en el paro. Te metes en redes sociales y parece que con un par de ‘prompts‘ cualquiera puede diseñar el próximo gran éxito del mercado tecnológico. Pero la cruda realidad, como acaba de demostrar el youtuber tirimid con su peculiar proyecto vib-OS, es bastante más cómica de lo que nos intentan vender. Un baño de realidad.
Y es que en el sector ha nacido una nueva moda de trabajo bautizada como vibecoding. Básicamente, consiste en depender casi exclusivamente de modelos de IA generativa para picar código, en lugar de teclearlo manualmente en el ordenador a la vieja usanza. Algunos gurús de Silicon Valley lo venden como un salto histórico en la productividad empresarial. Aseguran que pasas de tardar meses a tener tu software listo en cuestión de segundos. Una auténtica locura.
Como era de esperar, este exceso de confianza está cambiando los hábitos de toda la comunidad. Los desarrolladores prefieren preguntarle a su LLM de turno antes que buscar en internet, lo que ha provocado un declive evidente en foros históricos como Stack Overflow. La IA es genial para hacer prototipos rápidos, estructurar pipelines o investigar conceptos aislados. Sin embargo, a la hora de construir arquitecturas complejas, la máquina empieza a alucinar.
Para poner a prueba este límite técnico, el youtuber tirimid se propuso un reto mayúsculo. Quería comprobar hasta dónde podía llegar la automatización creando un sistema operativo completo usando únicamente esta polémica técnica generativa. El invento resultante ha sido bautizado como vib-OS. Y según las propias palabras de su creador, el experimento ha sido un absoluto desastre desde el primer minuto de compilación. Así de simple.
Un arranque agónico y un rendimiento insostenible
En concreto, la pesadilla de este desarrollador empezó en la fase más crítica de cualquier hardware: el inicio del sistema. Los scripts que había escupido la IA estaban repletos de fallos lógicos y no funcionaban correctamente durante el proceso de arranque. Le costó más de una hora de ajustes manuales conseguir que, por fin, la pantalla mostrase signos de vida. Un tiempo precioso tirado a la basura depurando código ajeno.
Una vez dentro del entorno de escritorio, el sistema fue sometido a una estricta batería de nueve pruebas de estrés para evaluar sus verdaderas capacidades. Las cifras de este benchmark casero hablan por sí solas ante la comunidad. El software vib-OS falla hasta en las cosas más básicas, logrando cumplir a duras penas cinco de esos nueve objetivos iniciales. Faltaba lo más esencial.
El mayor de los problemas estructurales es que el invento es incapaz de conectarse a ninguna red de internet. Ni siquiera cuenta con herramientas internas para comprobar el estado de la conexión local o diagnosticar el origen del fallo de red. Evidentemente, al carecer de este acceso online, cualquier intento de navegar por la web se convierte en una tarea matemáticamente imposible de lograr. Estás atrapado en un ecosistema ciego.
Una interfaz atractiva que esconde un interior roto
A ello se le suma una interfaz gráfica que, todo sea dicho, resulta bastante aparente al estar descaradamente inspirada en el diseño de macOS. Pero en esta industria las apariencias engañan demasiado rápido si decides rascar un poco en el código fuente. El explorador de archivos se ejecuta de milagro y lo hace con deficiencias gravísimas, el sistema es incompatible con el lenguaje Python y es totalmente incapaz de ejecutar programas. Esto elimina de un plumazo cualquier tipo de utilidad diaria.

Por si fuera poco, las herramientas básicas que vienen integradas parecen estar ahí de mero adorno estético. El editor de texto incorporado te deja teclear tu código, pero curiosamente la red neuronal se olvidó de la función vital: no permite guardar los archivos en el disco duro. El resto de las aplicaciones nativas que se intentaron abrir mostraron comportamientos erráticos o colapsaron la pantalla de inmediato. Un espectáculo continuo de fallos.
Y luego llegamos a la prueba de fuego de cualquier sistema que presuma de funcionar bien: ejecutar videojuegos clásicos. En el mundillo informático existe la norma no escrita de que el mítico DOOM de 1993 puede correr hasta en una humilde calculadora de bolsillo. Pues bien, este flamante sistema operativo de IA ni se inmuta al intentar abrirlo, quedándose colgado. El único título que logró ejecutarse de forma estable fue un simple clon del clásico Snake.

Al final de esta cómica odisea, el propio tirimid saca una moraleja muy rotunda sobre esta fiebre del código autogenerado. El proyecto solo es funcional en el sentido estricto de que consigue arrancar y mostrar unas cuantas ventanas bonitas, pero su arquitectura está plagada de errores inaceptables. Si te pica la curiosidad tecnológica y quieres echar un vistazo, el repositorio de viralcode te permite probar este sistema operativo de forma pública. Veremos si los modelos del futuro solucionan esto, pero de momento, los programadores humanos siguen al mando.

Me dedico al SEO y la monetización con proyectos propios desde 2019. Un friki de las nuevas tecnologías desde que tengo uso de razón.
Estoy loco por la Inteligencia Artificial y la automatización.








