Imagina que llevas décadas puliendo tu estilo de escritura, ganándote la vida juntando palabras, y de repente una empresa tecnológica decide clonar tu «voz» para venderla por 144 dólares al año. No es el guion de un capítulo descartado de Black Mirror. Ha pasado en el mundo real y los protagonistas son nombres pesados como Stephen King, el mismísimo Carl Sagan o la reputada periodista Kara Swisher.
Y es que la herramienta de corrección Grammarly se ha metido en un lío legal monumental por usar inteligencia artificial para suplantar la identidad de cientos de autores. Así de simple. La compañía, a través de su matriz Superhuman, lanzó hace poco una función controvertida bautizada como «Expert Review». La premisa sonaba revolucionaria en la sala de juntas: un LLM (modelo de lenguaje grande) que simula ser un escritor famoso y te da consejos editoriales sobre tus textos en tiempo real.
Pero claro, había un detalle minúsculo que se les «olvidó» por el camino. Nadie le pidió permiso a los expertos involucrados. Cogieron sus nombres, asumieron sus identidades y lo empaquetaron todo como un servicio de pago premium. Evidentemente, la jugada les ha estallado en la cara. La periodista Julia Angwin acaba de presentar una demanda colectiva contra Superhuman en los tribunales estadounidenses.
La ironía aquí es antológica. Angwin lleva años dedicando su carrera a investigar precisamente cómo las grandes empresas tecnológicas rastrean nuestros datos y vulneran nuestra privacidad. Ahora, ella misma es víctima directa de este modelo de negocio desenfrenado. Al ser una demanda colectiva, cualquier otro escritor afectado puede sumarse a la batalla legal.
También te puede interesar:Grammarly Refuerza Su Plataforma de IA Con La Adquisición de Superhuman EmailSi miramos el comunicado oficial, la acusación dispara a dar. Grammarly vulneró los derechos de privacidad y publicidad de los autores al comercializar una versión impostora de su experiencia profesional. Angwin ha dejado muy claro que le aterra que una corporación comercialice una falsificación de las habilidades que a ella le ha costado décadas perfeccionar.
El humo detrás de la magia de la IA
A ello se le suma un detalle fascinante que roza la comedia: la lista de «expertos clonados» incluía a Timnit Gebru, una de las voces éticas más críticas y reconocidas sobre los peligros de la inteligencia artificial. Parece una broma de mal gusto meter a tu mayor crítica dentro de tu propio algoritmo sin avisar.
Básicamente, te cobraban por un consejo de genios de la literatura que, en la práctica, era bastante mediocre. Casey Newton, fundador del conocido boletín tecnológico Platformer y otro de los afectados por esta criba masiva, decidió poner a prueba el sistema. Newton introdujo uno de sus artículos en la herramienta y pidió la opinión experta de la versión digital de Kara Swisher.

El resultado fue un texto plano y lleno de obviedades. El sistema le sugería comparar a los usuarios diarios de IA con los escépticos para «crear una línea argumental clara». Un consejo de manual genérico que cualquier chatbot gratuito te daría en dos segundos. Cero rastro de la mordacidad o el estilo analítico real de Swisher.
También te puede interesar:Grammarly Refuerza Su Plataforma de IA Con La Adquisición de Superhuman EmailComo era de esperar, cuando Newton le enseñó este experimento a la verdadera Kara Swisher, la respuesta fue tajante. La periodista no se mordió la lengua y acusó públicamente a la compañía de robo de identidad e información. Una auténtica locura a nivel de relaciones públicas.
La marcha atrás y unas disculpas a medias
Tras la oleada de palos y con la demanda ya sobre la mesa, a Grammarly no le ha quedado más remedio que apagar los servidores de «Expert Review». El CEO de Superhuman, Shishir Mehrotra, ha dado la cara en una extensa publicación en LinkedIn confirmando la desactivación del invento y pidiendo disculpas.
La letra pequeña es que, aunque pide perdón por las formas, sigue defendiendo ciegamente la genialidad de su idea. Mehrotra cree firmemente que este tipo de tecnología sirve para que los expertos creen una relación «constante y a escala» con millones de usuarios. Su visión asume que un buen prompt puede replicar la mente de un líder empresarial o un profesor galardonado.
Es decir, en Silicon Valley todavía asumen que cualquier profesional desearía que un algoritmo escupa opiniones genéricas usando su nombre registrado. Vender la ilusión de tener a Stephen King corrigiendo los correos de tu oficina es un gancho de marketing brutal, pero la realidad técnica es mucho más fría.
Tocará seguir de cerca este enfrentamiento en los tribunales. Esta demanda puede sentar un precedente letal para aquellas start-ups que aún creen que el talento humano y la reputación son solo un set de datos gratuito esperando a ser monetizado. La pelota está ahora en el tejado de la justicia estadounidense, y esta vez, no hay IA que pueda redactar la sentencia.

Me dedico al SEO y la monetización con proyectos propios desde 2019. Un friki de las nuevas tecnologías desde que tengo uso de razón.
Estoy loco por la Inteligencia Artificial y la automatización.











