Grandes firmas como CBRE, Jones Lang LaSalle y Cushman & Wakefield sufrieron fuertes caídas bursátiles por un temor muy concreto: que la IA reemplace parte del trabajo de asesores, analistas e intermediarios, es decir, los engranajes humanos de un negocio basado en conocimiento.

Al mismo tiempo, surgieron nuevos jugadores. Francis Huang, que empezó a desarrollar esta idea en Harvard en 2019, convirtió esa intuición académica en Apers AI, una empresa que usa inteligencia artificial para decidir inversiones en inmobiliario comercial e institucional. Según sus desarrolladores, el sistema ya automatiza más del 90% de esas decisiones.

La clave está en entender qué hace realmente esa IA. Recibe señales, detecta qué interruptor conviene activar y deriva la energía al ambiente correcto.

La IA toma un papel preponderante en el mercado inmobiliario

En este caso, las señales son datos de mercado, tendencias de alquiler, riesgos financieros y valoraciones. La modelización de riesgos (simulación de escenarios probables) y la valoración automatizada (cálculo rápido del precio de un activo) permiten revisar miles de opciones sin el cuello de botella humano.

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La analogía para verlo mejor sería: Un gran inversor puede tener que abrir 10.000 “puertas” para quedarse con apenas 100 operaciones. Antes hacía falta una cuadrilla completa revisando una por una. Ahora la IA opera como un tablero eléctrico que descarta habitaciones inútiles y enciende solo las que merecen una visita.

Eso reduce costos y también comisiones. Y ahí aparece la amenaza para los modelos de negocio más intensivos en intermediación, donde buena parte del valor estaba en filtrar información y conectar partes.

Una pieza clave que también llena edificios

Sin embargo, el mecanismo tiene otra cara. La IA no solo recorta tareas: también crea demanda inmobiliaria. La creciente necesidad de capacidad de cálculo impulsa la construcción de centros de datos, una nueva categoría de inmueble comercial que gana peso en el mercado.

Además, las propias empresas de IA se convirtieron en inquilinos relevantes de oficinas. En Estados Unidos, representaron cerca del 20 % de los alquileres de oficinas en el primer semestre de 2025. Esa demanda duplicó el nivel de 2022 y empezó a revertir la desocupación en ciudades como Nueva York y San Francisco.

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Hoy en día la IA te ayuda a elegir tu próxima vivienda

Es decir, la misma tecnología que parecía vaciar plantas enteras ahora vuelve a encender algunas luces. Actúa como una fuerza contraria al golpe del teletrabajo.

Algunos expertos subrayan que el principal riesgo no es adoptar demasiada IA, sino llegar tarde. Para ellos, esta herramienta es menos un enemigo que una oportunidad competitiva: mejora la asignación de capital, acelera el análisis y permite detectar el uso óptimo de cada activo.

Eso no implica una sustitución total. El negocio inmobiliario sigue siendo profundamente interpersonal. Negociar, interpretar matices locales y sostener relaciones de confianza todavía son piezas clave que no se automatizan con facilidad.

El cambio ya empezó, pero no está cerrado

También hay una ventaja silenciosa para las firmas tradicionales: sus datos propios. Ese archivo interno, construido durante años, funciona como una cañería difícil de copiar desde afuera. Y en un sistema de IA, la calidad del flujo importa tanto como la potencia del motor.

Por eso el sector entra en una etapa de rediseño, no de extinción. Hará falta ajustar flujos de trabajo, revisar modelos de negocio y decidir en qué tareas conviene poner personas y en cuáles conviene dejar actuar a las máquinas.

Las oficinas, entonces, no desaparecen. Pero su sentido cambia. Como en una casa que renueva su instalación eléctrica sin derribar las paredes, el inmobiliario comercial empieza a vivir una reforma profunda que todavía conserva algo central: el factor humano sigue teniendo la llave.

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