¿Qué pasa en una oficina cuando una herramienta nueva promete ahorrar tiempo, cuesta caro y al final obliga a revisar todo dos veces? La escena no es futurista. Se parece bastante a muchas empresas que hoy miran a la inteligencia artificial con más cansancio que entusiasmo.
Eso es lo que revela el informe anual AI at Work de G-P, una firma de contratación internacional y soluciones de recursos humanos con IA. Basado en una encuesta a 2.850 ejecutivos de nivel vicepresidente o superior en Estados Unidos, Alemania, Singapur, Australia y Francia, el hallazgo más llamativo es este: el 82% dice que la IA redujo el valor que asigna a sus empleados humanos.
Sin embargo, la pieza clave no está en una supuesta ola de reemplazos. Está en otro dato del mismo estudio: el 73% de los ejecutivos considera que la IA no cumplió sus expectativas, y el 69% afirma que ahora dedica más tiempo a supervisar sus resultados. Es decir, aparece un mecanismo incómodo: la tecnología no resuelve sola y además deja un “impuesto oculto”, el tiempo extra de control.

El informe sugiere que la devaluación del trabajador no nace de una mejora probada de las máquinas, sino de una decepción del management. Dicho de forma simple, muchos directivos no están viendo empleados menos útiles por datos duros de productividad o despidos masivos, sino por cómo interpretan una inversión que no funcionó como prometía.
También te puede interesar:¿La IA nos Hace Más tontos?: El MIT Revela el Impacto Oculto de la IA en el AprendizajeEl cambio principal no es un reemplazo real, sino una alteración en la percepción del valor del empleado por parte de quienes toman decisiones.
La analogía doméstica ayuda a entenderlo. Instalar IA en una empresa se parece a cambiar todo el cableado de una casa porque prometieron que las luces se encenderían solas, gastar una fortuna en la obra y descubrir después que igual hay que ir habitación por habitación revisando los interruptores. La falla, en ese caso, no convierte en inútil a quienes viven en la casa. Pero sí puede empujar al dueño a pensar que “nadie está aprovechando bien el sistema”.
Ese es el engranaje más delicado. Cuando la IA no entrega resultados claros, algunos jefes parecen trasladar esa frustración al valor de su propia gente, en lugar de asumir errores de implementación, estrategia o expectativas infladas.
Además, el estudio muestra otras señales de enfriamiento. El uso intensivo de IA para innovar cayó del 60% al 42% en un año. Y el 44% de los ejecutivos espera que la burbuja de esta tecnología estalle antes de que termine el año. No suena a una central productiva que ya desplazó a miles de personas, sino a una herramienta cuyo impacto real todavía está en discusión.
También te puede interesar:¿La IA nos Hace Más tontos?: El MIT Revela el Impacto Oculto de la IA en el AprendizajeLa percepción pesa más que la evidencia
Hay otro dato revelador: el 88% de los ejecutivos cree que los empleados simulan usar IA sin aportar valor real. Pero esa sospecha convive con un límite importante del informe. No mide productividad real, salarios ni despidos. Mide percepciones. Y los estudios más amplios sobre empleo muestran hasta ahora efectos agregados pequeños o nulos.

Por eso conviene leer el hallazgo con cautela. G-P tiene interés comercial en resaltar el valor del talento humano, lo que puede introducir sesgos de marketing. Justamente por venir de una empresa alineada con ese mensaje, el dato del 82% funciona como una alarma: incluso quienes deberían defender el peso del trabajo humano están detectando una caída en cómo se lo valora.
La clave, entonces, no es preguntarse si la IA ya reemplazó a los trabajadores. No hay evidencia sólida de eso a gran escala. La pregunta más útil es otra: qué hacen los directivos cuando una apuesta tecnológica costosa falla.
Si la respuesta es culpar al empleado, el daño puede aparecer antes que cualquier automatización real. Es un daño reputacional, casi invisible, pero muy concreto: la persona sigue en su puesto, aunque sea vista como una pieza menos valiosa del sistema.
Y ese tal vez sea el hallazgo más incómodo de esta etapa de la IA. A veces no hace falta que la máquina funcione mejor que un humano. Alcanza con que haya costado mucho, prometido demasiado y dejado a alguien buscando un responsable al otro lado del escritorio.

Directora de operaciones en GptZone. IT, especializada en inteligencia artificial. Me apasiona el desarrollo de soluciones tecnológicas y disfruto compartiendo mi conocimiento a través de contenido educativo. Desde GptZone, mi enfoque está en ayudar a empresas y profesionales a integrar la IA en sus procesos de forma accesible y práctica, siempre buscando simplificar lo complejo para que cualquiera pueda aprovechar el potencial de la tecnología.











