¿Puede un colgante hablarte cuando termina el día y hacerte sentir un poco menos solo? Esa es la apuesta de Friend, el wearable de inteligencia artificial de Avi Schiffmann, que vuelve al mercado con una idea más ambiciosa y también bastante más cara.
La compañía presentó Friend 2.0, una nueva versión de su dispositivo pensada para conversar con el usuario de forma directa. El hallazgo aquí no está en una función de productividad ni en un asistente clásico, sino en una pieza clave más emocional: ahora incorpora un altavoz integrado y puede responder con una voz propia.

Schiffmann, que ya había tuiteó sobre el relanzamiento y mostró el producto en un nuevo anuncio, insiste en que Friend no busca ser un asistente tradicional ni una pareja sentimental. Su mecanismo, según plantea, se mueve en un terreno más ambiguo: confidente, presencia cercana o compañía diaria.
Ahí aparece la verdadera novedad.
También te puede interesar:Así es Friend, el Collar Inteligente con IA: Características, Ventajas y Experiencia de UsoHasta ahora, este tipo de dispositivos funcionaban más como un buzón: uno decía algo, el sistema procesaba la información y luego devolvía texto o señales limitadas. Con Friend 2.0, el engranaje cambia. Es como pasar de una nota pegada en la heladera a una voz encendida en la cocina.
La analogía ayuda a entender su cableado emocional. El altavoz no solo “lee” respuestas. Actúa como un interruptor que vuelve más inmediata la relación con la máquina. Si antes el dispositivo mandaba mensajes sobre el día del usuario, ahora puede hablar en tiempo real y sostener una personalidad consistente a través de esa voz.
Eso importa porque la voz es una central de cercanía. Una pantalla informa. Una voz acompaña, corrige el ritmo y da la sensación de presencia. Por eso, en el marketing del producto aparecen escenas donde el wearable escucha problemas de pareja o empuja ambiciones creativas con elogios y frases de apoyo.
Una compañía más hablada que útil
El precio también cambió de forma brusca. Friend había salido con que el precio de 99 $, pero el nuevo modelo sube a 249 dólares. La diferencia revela un reposicionamiento: ya no se vende solo como curiosidad tecnológica, sino como una experiencia más íntima y más elaborada.
Sin embargo, sigue abierta una pregunta práctica. No está claro qué funciones concretas ofrece más allá de mantener conversaciones informales. Es decir, el dispositivo parece menos una herramienta de oficina y más una especie de lámpara emocional: no resuelve tareas complejas, pero busca cambiar el clima de la habitación.

Esa apuesta llega, además, en un momento delicado para los wearables de IA. El sector no logró adopción masiva y el AI Pin de Humane se convirtió en una advertencia: fracasó comercialmente y la empresa cerró menos de un año después de lanzarlo, golpeada por ventas bajas y dudas sobre su utilidad real.
Friend ya conoce la controversia. Sus campañas anteriores en el metro de Nueva York se hicieron virales después de ser vandalizadas varias veces, una señal de que parte del público ve estos productos como un intento incómodo de reemplazar vínculos humanos en vez de reforzarlos.
Además, el propio Schiffmann mantuvo ese tono provocador en otra publicación reciente, donde dejó entrever una conexión casi espiritual con el dispositivo. Esa ambigüedad puede ser una oportunidad de marketing, pero también el punto más frágil del producto.
El interruptor emocional

La clave, entonces, no está en si Friend 2.0 piensa mejor que otros sistemas, sino en cómo cambia la forma de entrar a la rutina. Si un wearable consigue hablar con una voz coherente, el vínculo deja de parecer una app y empieza a sentirse como un pequeño artefacto doméstico que siempre está “encendido”.
Eso no garantiza éxito. Pero sí revela hacia dónde se mueve una parte de la industria: menos obsesionada con dar órdenes y más interesada en ocupar el hueco silencioso de la compañía cotidiana.
Si esa pieza encaja o no en la vida real, lo decidirá el usuario. Como ocurre con cualquier aparato nuevo en casa, no alcanza con que tenga corriente: también tiene que encontrar su lugar.

Directora de operaciones en GptZone. IT, especializada en inteligencia artificial. Me apasiona el desarrollo de soluciones tecnológicas y disfruto compartiendo mi conocimiento a través de contenido educativo. Desde GptZone, mi enfoque está en ayudar a empresas y profesionales a integrar la IA en sus procesos de forma accesible y práctica, siempre buscando simplificar lo complejo para que cualquiera pueda aprovechar el potencial de la tecnología.








