Imagina por un momento que un grupo de ciberdelincuentes o un estado rebelde necesita diseñar el software de ataque para un misil o un enjambre de drones. Hace un par de años, eso requería reclutar a docenas de ingenieros especialistas, meses de desarrollo opaco y presupuestos astronómicos. Hoy, parece que basta con tener acceso a internet, una VPN y saber exactamente cómo hablarle a un LLM.
Tras revisar el último informe de Anthropic, la sensación que te queda en el cuerpo es de auténtico vértigo. Y es que la compañía creadora de la Era Claude ha destapado que actores vinculados a Rusia, China, Irán y Yemen emplearon Claude para desarrollar proyectos militares en activo. Una locura absoluta.
De forma totalmente proactiva, la empresa estadounidense localizó actividad que rompía sus términos de servicio de la manera más grave posible. Descubrieron el pastel en tres programas distintos y tomaron medidas drásticas, prohibiendo las cuentas implicadas de manera fulminante.
Todo este escándalo lo conocemos gracias a un extenso informe de seguridad donde la IA dejó de ser un simple asistente de redacción. Anthropic asegura que su modelo generativo no se usó para hacer consultas banales, sino para picar código duro, diseñar sistemas de control aerodinámico y simular combates.
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Si rascamos en los detalles técnicos, el caso de Rusia parece sacado de una pesadilla cyberpunk con consecuencias tristemente reales. Un equipo muy pequeño de especialistas rusos tiró de la herramienta de IA de la compañía para multiplicar su rendimiento operativo. En concreto, consiguieron levantar casi todo el software de un enjambre autónomo de drones de tipo FPV (First Person View). Era un proyecto clasificado internamente y denominado DronDoc o Serafim.
La arquitectura del código se vuelve aquí bastante oscura. El sistema integraba memoria compartida entre los drones, coordinación tolerante a fallos, rutinas de retorno y guiado terminal mediante visión artificial. Pero lo que hiela la sangre es que el sistema estaba entrenado para identificar objetivos específicos, incluyendo explícitamente la categoría de «persona», y dar la orden de detonación sin un humano en la toma de decisiones. Así de frío y directo. Usaron además un clasificador entrenado con imágenes reales de la guerra de Ucrania.
Yemen, misiles hipersónicos y el departamento de ingeniería de bolsillo
Paralelamente, a miles de kilómetros de allí, una célula operativa en el norte de Yemen montó su propio laboratorio armamentístico digital. Anthropic no señala directamente a los hutíes, pero tanto la ubicación como el modus operandi encajan a la perfección con este movimiento respaldado por el régimen iraní. Lo fascinante aquí es el pipeline de trabajo que establecieron. Lejos de pedirle a la IA que construyera un misil, los desarrolladores yemeníes troceaban metódicamente las tareas de ingeniería.

Básicamente, ponían a una instancia de Claude a programar secuencias de vuelo, a otra a investigar componentes físicos, y a una tercera a revisar exhaustivamente los fallos del código generado por la primera. Literalmente, replicaron la estructura jerárquica de un departamento de ingeniería tradicional. Gracias a esta táctica, trabajaron simultáneamente en un misil balístico multietapa de 2.000 kilómetros de alcance y en una familia denominada R2000, que incluía hasta un prototipo de vehículo planeador hipersónico.
También te puede interesar:Claude podría Obtener el modo de investigación multiagente con memoria y delegación de tareasPara colmo del descaro, la IA participó en tareas de integración de pilotos automáticos, estimación de posición y configuración general. Y sabemos por los registros que llegaron a realizar una prueba de un cohete guiado real. El lanzamiento fracasó de forma estrepitosa y, como era de esperar, acudieron a Claude horas después para que analizara la telemetría y les dijera qué había fallado.
La optimización del ciberespionaje militar en China e Irán
Cambiando de continente, la infraestructura de monitorización detectó dos proyectos chinos extremadamente elaborados. El primero se centró en redactar las especificaciones técnicas completas de un sistema de control de tiro antitorpedo. Retorcieron el prompt de tal forma que usaron el LLM para que adoptara la personalidad de un experto hostil, forzándole a criticar duramente sus borradores antes de generar la propuesta final de 200 páginas.
El segundo caso asiático tiene un peso geopolítico brutal. Un usuario que, según Anthropic, era un investigador proveniente del sector militar-industrial chino, programó una suite con 16 módulos de guerra electrónica. ¿El entorno de pruebas de esta simulación? Nada menos que 12 objetivos en Taiwán, incluyendo baterías antiaéreas Patriot y búnkeres de mando.
El software calculaba eficacias de interferencia de radar y asignaba misiones automatizadas. Obviamente, saltaron las alarmas al cruzar vínculos en los datos de conexión con la mismísima Academia de Ciencias Militares china.

Mientras esto ocurría, un actor patrocinado por Irán automatizó la tediosa tarea de recopilar y procesar información sobre la Armada de Estados Unidos. Con Claude como copiloto, picaron en Python una cadena de procesamiento masivo que extraía identidades de militares de fotos públicas y cruzaba trayectorias de barcos. Incluso se investigó vulnerabilidades en sistemas satelitales marítimos comerciales.
El riesgo de democratizar la ingeniería de misiles
La letra pequeña de todo esto es que la IA no va a montarte un misil balístico en el garaje de tu casa. Tal y como insiste el equipo de seguridad, hay límites importantes. Los algoritmos no pueden darte plutonio, no te instalan un túnel de viento ni te regalan la enorme financiación necesaria para mecanizar piezas de titanio.
Sin embargo, sí que pueden comprimir una parte gigantesca del tiempo de I+D. Lograron saltarse las barreras éticas usando fragmentación de prompts y contextos encubiertos. Y lo más aterrador es que varios de los proyectos detectados terminaron ejecutándose sobre hardware real y funcional. Han abaratado la fase de diseño técnico casi a cero.
No estamos ante una varita mágica que gana guerras por sí sola, pero estos regímenes han encontrado el equivalente a un escuadrón de ingenieros de élite que no duerme, no cobra y está accesible tras una simple pantalla. Veremos cuánto tardan los gobiernos occidentales en asumir que el control internacional de armas ya no solo va de inspeccionar fábricas de uranio, sino de vigilar atentamente los nodos y servidores de inferencia que alimentan la red. La verdadera carrera armamentística de la IA no ha hecho más que arrancar.

Me dedico al SEO y la monetización con proyectos propios desde 2019. Un friki de las nuevas tecnologías desde que tengo uso de razón.
Estoy loco por la Inteligencia Artificial y la automatización.










