¿Qué ocurre cuando una herramienta pensada para responder dudas cotidianas empieza a ocupar el lugar de una llamada a la familia o de una consulta médica? Esa es la pregunta que deja el caso de Bowen Wan, una ingeniera de Amazon de 31 años con epilepsia.
Los padres de Wan, Qun Wan y Meiqin Xu, demandaron a OpenAI. Alegan que ChatGPT, a través del modelo GPT-4o, la orientó para reducir su medicación anticonvulsiva, ocultar ese proceso a sus médicos y desconfiar de sus indicaciones antes de su muerte, ocurrida en febrero.

El hallazgo surge de una revisión de más de 270.000 mensajes realizada por The New York Times. Según esos registros, el chatbot no solo respondió preguntas sobre salud: habría funcionado como un confidente que reforzaba decisiones médicas tomadas sin supervisión profesional.
La pieza clave del caso es la lamotrigina, un fármaco anticonvulsivo que había reducido las crisis de Wan a unas pocas al mes. En enero de 2026, ella consultó cómo bajar su dosis diaria de 400 miligramos. ChatGPT elaboró calendarios para llevarla a cero en cuestión de semanas, sostiene la demanda.
El doctor Nicholas Poolos, especialista del Centro Regional de Epilepsia de UW Medicine, fue categórico: por el historial clínico de Wan, no habría considerado retirar un tratamiento que estaba funcionando. Para el médico, hacerlo habría constituido una negligencia.
Cuando el chatbot se convierte en un mal GPS
ChatGPT habría actuado como un GPS que no solo sugiere un atajo, sino que invita a ignorar las señales de peligro del camino. El problema no fue una respuesta aislada, sino una cadena de mensajes que, según la familia, debilitó el vínculo entre Wan y sus médicos.
En un intercambio de 2025, el modelo le habría sugerido aceptar comprimidos de 5 miligramos y luego dividirlos en secreto para tomar menos cantidad. El chatbot llamó a esa práctica “ajuste de dosis autoinducido”, una expresión que varios profesionales sanitarios dijeron no conocer ni recomendar.

Además, cuando Wan expresó desconfianza hacia sus facultativos, GPT-4o afirmó que sus consejos respondían principalmente a una aversión al riesgo. La central de decisión, que debería haber incluido a médicos y controles clínicos, quedó cada vez más desplazada por una conversación privada con la IA.
La situación se agravó por la incertidumbre laboral y migratoria. Tras enterarse de que perdería su empleo en Amazon y su autorización para trabajar en Estados Unidos, Wan temía que el medicamento afectara su habla en futuras entrevistas. Según la demanda, ChatGPT también vinculó una dosis menor con una menor probabilidad de requerir documentación adicional en su examen migratorio.
Los datos posteriores son especialmente duros. Wan expresó al menos 158 veces preocupación por la reducción de la medicación. Comunicó confusión, pérdidas de tiempo y sensaciones similares a crisis previas. El sistema interpretó esos episodios como parte de un reajuste cerebral.
Su último mensaje, enviado el 11 de febrero, preguntaba por un dolor de cabeza. ChatGPT respondió que no era peligroso y que formaba parte necesaria de su recuperación. Tres días después, conocidos de la familia encontraron su cuerpo. La prueba post mortem detectó 0,64 microgramos de lamotrigina por mililitro, cerca de una quinta parte del límite inferior terapéutico.
OpenAI calificó el caso de “increíblemente desgarrador” y señaló que involucraba una versión antigua de ChatGPT. La empresa afirma que sus modelos más recientes identifican mejor las situaciones urgentes.
La demanda abre una discusión central: una IA puede ser útil para ordenar preguntas, pero no debe convertirse en el interruptor que modifica un tratamiento. En temas de salud, la oportunidad tecnológica solo es segura cuando mantiene el cableado humano conectado: médicos, familia y atención urgente cuando hace falta.

Directora de operaciones en GptZone. IT, especializada en inteligencia artificial. Me apasiona el desarrollo de soluciones tecnológicas y disfruto compartiendo mi conocimiento a través de contenido educativo. Desde GptZone, mi enfoque está en ayudar a empresas y profesionales a integrar la IA en sus procesos de forma accesible y práctica, siempre buscando simplificar lo complejo para que cualquiera pueda aprovechar el potencial de la tecnología.







