Tim Sweeney, director ejecutivo de Epic Games, calificó de “repugnante” y “aborrecible” la política de Steam que obliga a declarar el uso de IA generativa (herramientas que crean contenido nuevo) en los videojuegos. El directivo sostiene que esa información puede convertirse en un blanco para campañas contra los desarrolladores.

La medida de Valve, empresa detrás de Steam, está vigente desde el 10 de enero de 2024. Pide a los estudios que expliquen si utilizaron IA generativa durante el desarrollo y con qué finalidad, desde recursos visuales hasta doblajes, traducciones u otros elementos del juego.

Sweeney fue categórico en sus publicaciones: comparó la declaración con un “ensayo político obligatorio”. Según su mirada, mostrar esa etiqueta permite que una “turba de haters” use el dato contra equipos que dependen de cada venta para sostener su trabajo.

El hallazgo de esta disputa está en una pregunta simple: ¿una ficha técnica protege al comprador o expone al creador?

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La etiqueta como una luz en el tablero

La política de Steam funciona como el tablero de un auto. Una luz no dice que el vehículo sea malo ni obliga a dejar de usarlo. Solo señala que hay una pieza que conviene conocer antes de seguir viaje.

La declaración sobre IA no es una sanción: es una etiqueta para que el usuario sepa qué hay bajo el capó. Steam la ubica en la parte inferior de la página de cada juego, junto a avisos sobre contenido y cajas de botín, las compras aleatorias dentro de un título.

La declaración sobre IA no es una sanción: es una etiqueta para que el usuario sepa qué hay bajo el capó.

Valve introdujo este mecanismo porque el marco legal de la tecnología todavía tiene zonas grises. La empresa explicó que necesitaba comprender mejor los riesgos mientras la industria definía reglas sobre derechos, materiales de entrenamiento y responsabilidades de los estudios.

Además, la norma ya tuvo un ajuste. Este año Steam eliminó la obligación de informar si la IA se usó para escribir código de programación. Mantiene el aviso cuando se emplean redes neuronales, sistemas que detectan patrones para generar resultados, en imágenes, voces o traducciones.

La diferencia de escala también es una pieza clave. Steam recibió 18.433 juegos en 2024, mientras Epic Games Store publicó 1.100 títulos. Con ese caudal, el formulario puede operar como un mecanismo de control de daños y no necesariamente como una herramienta de censura.

Sweeney considera que la adopción será masiva en apenas un año y no ocultó que la controversia puede abrir una oportunidad para Epic Games Store. Epic se presenta públicamente como una compañía “AI first”, con la inteligencia artificial como eje prioritario.

Sweeney fue categórico en sus publicaciones: comparó la declaración con un “ensayo político obligatorio”.

Sin embargo, la discusión tiene un cableado incómodo para la propia empresa. Fab, la tienda de recursos digitales propiedad de Epic, también exige a sus creadores revelar si utilizaron inteligencia artificial. Usuarios de redes sociales señalaron rápidamente esa contradicción.

Valve tampoco encaja con facilidad en la imagen de una compañía anti-IA. Gabe Newell donó 20 millones de dólares a OpenAI cuando todavía era una organización sin fines de lucro, una señal de que el debate no gira solo alrededor de rechazar o aceptar la tecnología.

La clave, entonces, no parece ser apagar el interruptor de la IA. Se trata de decidir cuánta información necesita quien compra un juego para elegir con confianza, sin convertir esa luz del tablero en una alarma contra quienes lo construyen.

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