¿Tiene sentido vaciar una oficina para pagar la inteligencia artificial si al final el trabajo no sale mejor ni más barato? Esa es la pregunta que hoy atraviesa a miles de empleados y también a los directivos que vieron en la IA una oportunidad casi automática de ahorro.
Un nuevo informe de Gartner acaba de poner un freno a esa idea. El hallazgo central revela que despedir personal para financiar la implantación de inteligencia artificial no está dando el retorno de la inversión esperado en las grandes compañías.
El estudio se apoya en encuestas a directivos de organizaciones con ingresos superiores a los 1.000 millones de dólares al año. Y la pieza clave es esta: no hay diferencias significativas en el retorno de la inversión entre las empresas que despidieron empleados y las que no lo hicieron.

La fotografía es más amplia de lo que parece. Cerca del 80% de las grandes empresas que adoptan IA autónoma, sistemas capaces de ejecutar tareas con menor intervención humana, recortaron plantilla en mayor o menor medida. En algunos casos, los ajustes llegaron al 20% de los trabajadores. Pero el mecanismo económico que parecía tan lógico no terminó de encajar.
La promesa era simple: reemplazar personas por software, automatizar tareas y bajar costes. Sin embargo, la realidad se parece más a cambiar a toda prisa el cableado de una casa para ahorrar en electricidad y descubrir después que varias habitaciones quedaron sin luz o que los interruptores ya no responden cuando hacen falta.
Con la IA ocurre algo parecido. La herramienta puede acelerar procesos, pero una empresa no funciona como una lámpara que se enciende sola. Tiene engranajes humanos, decisiones pequeñas, correcciones de último minuto y saber práctico. Cuando esa red se corta de golpe, el sistema pierde flexibilidad.

De hecho, algunas compañías que apostaron por sustituir empleados por IA tuvieron que volver a contratar personal. El ahorro inmediato abrió espacio en el presupuesto, pero no consolidó mejores resultados. Como destacaba Fortune, el recorte no siempre se convierte en una ventaja real.
La IA como apoyo, no como reemplazo
Helen Poitevin, analista de Gartner, subraya que no existe correlación entre los despidos y un mejor rendimiento económico. La advertencia no es menor: sustituir trabajadores por IA puede ser perjudicial a medio y largo plazo, porque la empresa deja de invertir en su propia operatividad.
“No hay correlación” entre recortar plantilla y lograr más retorno, advierte Gartner.
Las organizaciones que sí muestran mejores resultados usan la IA como herramienta de apoyo. Es decir, no la colocan en el lugar de una persona, sino al lado. Invierten en formación, crean nuevos roles y rediseñan flujos de trabajo para que los empleados ganen autonomía y respuesta inmediata. Gartner proyecta que para 2029 se crearán más puestos de trabajo gracias a la IA de los que se destruirán. La previsión coincide con el informe del Foro Económico Mundial, que apunta a una transformación profunda del mercado laboral más que a un colapso.
Entre 2023 y 2029 se automatizarán unos 6 millones de empleos en el mundo. Parece una cifra enorme, pero representa una fracción pequeña frente a los cerca de 2.000 millones de puestos globales. Unos 32 millones de trabajadores al año verán cambiar su función o parte de sus tareas. La clave, entonces, no está en apagar personas para encender máquinas. Está en entender qué interruptor conviene tocar para que ambos trabajen mejor juntos.
En un mercado laboral cada vez más movedizo, ese puede ser el hallazgo más útil: la inteligencia artificial no siempre reemplaza una silla vacía, pero sí puede volver más sólida la mesa completa.

Directora de operaciones en GptZone. IT, especializada en inteligencia artificial. Me apasiona el desarrollo de soluciones tecnológicas y disfruto compartiendo mi conocimiento a través de contenido educativo. Desde GptZone, mi enfoque está en ayudar a empresas y profesionales a integrar la IA en sus procesos de forma accesible y práctica, siempre buscando simplificar lo complejo para que cualquiera pueda aprovechar el potencial de la tecnología.








