¿Qué pasa cuando una herramienta que promete ahorrar tiempo se usa como si fuera un atajo ciego? En profesiones donde una fecha, una cita o una firma cambian una vida, ese interruptor mal usado no solo falla: puede quemar todo el cableado.
Eso es lo que acaba de señalar el Tribunal Superior de Justicia de Canarias (TSJC) en un caso revelado por La Razón. Una abogada presentó un recurso con sentencias inexistentes, citas falsas y referencias imposibles de verificar, en un escrito que, según el tribunal, habría sido generado con inteligencia artificial sin revisión posterior.

El hallazgo más duro es casi mecánico en su simpleza: el 99% de las resoluciones judiciales citadas eran erróneas en número y fecha o directamente inventadas. Para los magistrados, ese recurso carecía del rigor y la veracidad exigibles a cualquier profesional del Derecho, y las citas textuales incluidas no existen en repertorio jurídico alguno.
Detrás de ese escrito estaba la defensa de un hombre de más de 80 años condenado a 18 años de prisión por abusar sexualmente de su nieta biológica, de 11 años, y de otra niña de 7 que convivía en el mismo entorno familiar. El TSJC rechazó el recurso y confirmó la condena.
La pieza clave, aquí, no es solo el error humano. Es el mecanismo con el que operan muchos sistemas de IA generativa: pueden redactar con soltura, pero también alucinar (inventar datos con apariencia creíble) cuando no se verifica la salida.
La analogía doméstica ayuda a entenderlo. Pedirle a una IA que redacte un recurso sin comprobar cada cita es como mandar a un electricista virtual a rehacer la instalación de una casa y no revisar ni un cable. Desde afuera, la pared queda prolija. Pero al encender la luz, salta la chispa.
En el ámbito jurídico, esa chispa tiene nombre: sentencias apócrifas, fechas imposibles, párrafos que suenan bien pero no están en ningún lado. La IA puede ordenar lenguaje, pero no reemplaza la comprobación de fuentes. Si nadie mira el tablero, el sistema parece robusto hasta que se lo conecta a la realidad.
Un recurso sin anclaje en la realidad
Además, el tribunal fue categórico al describir la maniobra como “sumamente reprochable”. No se trató de una cita mal copiada o de una referencia aislada. Los magistrados detectaron un patrón, una cadena de piezas falsas montadas como si fueran jurisprudencia real.
Ese punto abre una nueva línea en la jurisprudencia canaria sobre el uso inadecuado de la inteligencia artificial en el trabajo profesional. Y no aparece en el vacío: distintas audiencias del país ya vienen detectando episodios similares, con escritos construidos por máquinas y firmados por personas.

Mientras tanto, el fondo del caso también quedó firme. Los hechos ocurrieron en 2017. Según la sentencia, el acusado aprovechó la relación de cuidado y convivencia diaria para cometer los abusos, que cesaron cuando fueron descubiertos.
La primera menor, de 7 años, sufrió tocamientos y al menos tres episodios de acceso carnal mientras estaba a su cuidado. La segunda, su nieta de 11 años, padeció tocamientos en el mismo domicilio. Aunque no era abuelo directo de la primera, el tribunal reconoce una relación de confianza equivalente.
La defensa intentó anular las declaraciones de las menores alegando irregularidades procesales. Sin embargo, el TSJC subraya que ambas declararon en juicio con protección de biombo y siendo ya mayores de 14 años, y que también se admitieron grabaciones de la fase de instrucción.
Para los magistrados, se respetaron las garantías de inmediación, publicidad e igualdad. El testimonio de una de las víctimas fue considerado determinante, incluso “aplastante”, frente a una versión del acusado calificada como evasiva, poco creíble y sin una negación tajante de los hechos.

La oportunidad y el límite
La inteligencia artificial puede ser una oportunidad para ordenar documentos, resumir expedientes o buscar patrones. Pero en profesiones sensibles no funciona como piloto automático. Funciona, en el mejor de los casos, como un asistente que necesita supervisión constante.
La lección que deja este caso es menos tecnológica que humana: cuando una herramienta capaz de escribir muy bien se usa sin contraste, el problema no es solo la máquina. Es haberle entregado las llaves de la casa sin revisar si conocía el plano.
Y en un tribunal, a diferencia de un chat, los cables sueltos siempre terminan a la vista.

Directora de operaciones en GptZone. IT, especializada en inteligencia artificial. Me apasiona el desarrollo de soluciones tecnológicas y disfruto compartiendo mi conocimiento a través de contenido educativo. Desde GptZone, mi enfoque está en ayudar a empresas y profesionales a integrar la IA en sus procesos de forma accesible y práctica, siempre buscando simplificar lo complejo para que cualquiera pueda aprovechar el potencial de la tecnología.











