¿Alcanza con ver un video de dos minutos, pedirle un resumen a la inteligencia artificial y seguir? En plena cuenta regresiva hacia la selectividad, esa es la pregunta que atraviesa a miles de estudiantes y también a muchas familias.

La respuesta, según la experta Laia Lluch Molins, revela un matiz clave: la generación Z no estudia peor que las anteriores. Estudia distinto. Y, en varios aspectos, con un mecanismo más sofisticado, porque combina videos, apuntes compartidos, mensajería, documentos colaborativos e IA en un mismo recorrido.

Es comprobado científicamente que las pantallas generan distracción a los alumnos en el aula

El hallazgo central no apunta contra la tecnología. Apunta contra una confusión muy extendida: obtener una respuesta rápida no es lo mismo que haber aprendido. La inteligencia artificial puede ser una pieza clave, pero el problema aparece cuando se la usa como reemplazo del pensamiento y no como apoyo.

“El problema no es la IA, sino delegar en ella la tarea de pensar”, subraya Lluch Molins.

También te puede interesar:El CEO de Klarna usa un avatar de IA para presentar resultados financieros

Ahora bien, el cambio de época no es menor. Antes, el estudio seguía un camino más lineal, con libro, carpeta y una secuencia cerrada. Hoy, un mismo alumno puede pasar de un video a un resumen, de ahí a un chat grupal y luego a una consulta con una herramienta de IA. Es un ecosistema híbrido y multimodal.

La analogía ayuda a entenderlo: estudiar hoy se parece menos a seguir una ruta con un solo mapa y más a entrar en una casa con muchas puertas abiertas. Hay una puerta para los videos, otra para los apuntes de otros, otra para la mensajería y otra para la IA. Pero abrir puertas no garantiza llegar a la habitación correcta.

La clave sigue estando en el cableado interno. Es decir, en cómo esa información se conecta dentro de la cabeza del estudiante. Si el contenido entra y sale sin tocar nada, como una luz que parpadea y se apaga, no deja aprendizaje profundo.

Por eso, ver resúmenes o usar plataformas colaborativas solo funciona cuando se activa el interruptor correcto: tomar notas, hacerse preguntas, reformular con palabras propias, comparar ideas y enlazar lo nuevo con saberes previos. Ahí aparece el verdadero engranaje del estudio.

También te puede interesar:El CEO de Klarna usa un avatar de IA para presentar resultados financieros
También te puede interesar:Informe Revela los Riesgos Ocultos de la IA en el Desarrollo Emocional Adolescente

El interruptor entre consumir y aprender

La comprensión profunda que exige la selectividad necesita tiempo y esfuerzo cognitivo, es decir, trabajo mental sostenido. No alcanza con reconocer una respuesta cuando aparece en pantalla. Hace falta elaborarla, desarmarla y volver a construirla.

Una familia reunida en una mesa estudiando

Además, el entorno digital tiene una ventaja y una trampa. Multiplica el acceso al conocimiento y da flexibilidad en momentos de presión. Pero también fragmenta la atención. De hecho, el 30% de los alumnos evaluados en PISA reconoce que las pantallas los distraen mientras estudian.

En ese punto, la recomendación práctica es concreta: dejar el móvil fuera del espacio de estudio o en modo avión. En períodos de alta exigencia, incluso desinstalar aplicaciones como Instagram puede mejorar la concentración.

No se trata de demonizar internet, sino de distinguir usos. Un estudio de Funcas señala que los estudiantes que usan internet en casa exclusivamente para tareas escolares obtienen mejores resultados en matemáticas y comprensión lectora. Y tienen un 72% menos de probabilidades de repetir curso.

La pieza que también involucra a las familias

Educar digitalmente en época de IA

Otro dato que este debate revela es que el rótulo de “nativos digitales” puede ser engañoso. Haber nacido rodeado de pantallas no significa saber utilizarlas bien. Como cualquier herramienta potente, necesitan guía, criterio y límites.

Ahí las familias también tienen una responsabilidad central. Educar digitalmente no es solo poner horarios. Es ayudar a distinguir entre usar una herramienta para pensar mejor o usarla para dejar de pensar.

En definitiva, la generación Z no estudia con menos profundidad por defecto. Tiene más puertas, más atajos y más ruido alrededor. La oportunidad está en transformar ese flujo de datos en conocimiento real. Porque, al final, la selectividad no premia al que más consume, sino al que logra encender el interruptor correcto.

0 0 votos
Valoración del artículo
Suscribirte
Notificar sobre
guest
0 Comentarios
Más Antiguos
Más Nuevos Más Votados
Comentarios en línea
Ver todos los comentarios