¿Alcanza con abrir ChatGPT, escribir una frase rápida y esperar una respuesta perfecta? Para muchos adolescentes, esa escena ya es cotidiana. El problema aparece cuando la herramienta falla y nadie les enseñó cuál es la pieza clave que mueve ese engranaje.

Ese es el hallazgo que empuja a la Diputación de A Coruña a lanzar la primera edición de un programa de alfabetización en inteligencia artificial para alumnado de 20 institutos. La iniciativa se desarrolla junto al CITIC y la Universidade da Coruña en centros de la Costa da Morte, Ferrolterra y A Coruña.

La clave no es solo usar inteligencia artificial generativa, la capaz de crear texto, imágenes o ideas a partir de una instrucción. El objetivo, según explican los responsables, es preparar a los jóvenes para convivir con una tecnología que ya está en su rutina y que también influirá en su futuro académico y laboral.

A Coruña a lanza el primer programa de alfabetización en inteligencia artificial para alumnado de 20 institutos

Fran Bellas, investigador y responsable del proyecto, señala que muchos estudiantes ya usan estas herramientas, pero lo hacen sin formación específica. Y cuando la respuesta no coincide con lo que esperan, suelen abandonar el intento en lugar de revisar si hicieron bien la pregunta.

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“No basta con usarla: hay que saber pedirle lo que uno necesita”, viene a subrayar el mecanismo central de esta formación.

La analogía es simple. La IA no funciona como un adivino, sino como un electrodoméstico con botones muy sensibles. Si se pulsa cualquier interruptor, la máquina responde, sí, pero con un programa básico. Si se elige bien el modo, la potencia y el tiempo, el resultado cambia por completo.

Eso es, en esencia, un prompt (instrucción precisa para la IA). No se trata de decorar una orden, sino de darle contexto. En vez de pedir “explícame la Revolución Francesa”, el alumno aprende a decir qué curso hace, qué nivel de detalle necesita y hasta puede sumar sus propios apuntes como base.

Ahí aparece otra revelación importante: la calidad de la respuesta mejora cuando el estudiante conecta sus materiales con la herramienta. Es como llevar ingredientes concretos a una cocina. Sin ellos, la IA improvisa. Con ellos, puede ajustar mejor la receta.

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El interruptor que cambia la respuesta

En el ámbito educativo, muchas consultas juveniles son demasiado genéricas. Esa falta de precisión activa una respuesta también genérica. El programa enseña justamente ese cableado invisible: cómo formular instrucciones claras, con objetivos concretos y el nivel de profundidad deseado.

Pero la iniciativa no se queda en la técnica. También trabaja pensamiento crítico y responsabilidad digital. Porque otra pieza clave del problema es que muchos menores perciben estas aplicaciones como completamente seguras, cuando no siempre lo son.

Durante la formación se abordan riesgos muy concretos: bulos, plagio, uso indebido de datos personales, derechos de autor y protección de datos. Los expertos advierten que un uso irresponsable de estas herramientas puede tener consecuencias reales, no solo escolares, también legales y sociales.

Es, de algún modo, como enseñar a conducir un coche automático. El vehículo facilita tareas y ahorra esfuerzo, pero eso no elimina la necesidad de entender las normas, los límites y los riesgos de la carretera.

Oportunidad y autonomía

Aun con esas alertas, el mensaje no es de miedo. Es de oportunidad. La inteligencia artificial permite optimizar tareas y ahorrar tiempo, sobre todo en trabajos vinculados con la creación de contenido digital, una actividad cada vez más presente en muchas profesiones.

Además, los responsables del programa consideran fundamental darle continuidad en los próximos años. La razón es práctica: cada vez más empresas demandan perfiles capaces de trabajar con estas herramientas, y no aprender a usarlas puede dejar a muchos jóvenes en desventaja.

El movimiento de A Coruña busca algo más profundo que enseñar a escribir mejores órdenes. Quiere que los alumnos mantengan su autonomía frente a sistemas automatizados y entiendan dónde está el mecanismo, cuándo confiar y cuándo dudar.

Porque en esta nueva central digital, saber apretar un botón ya no alcanza. La diferencia real está en entender qué interruptor enciende la mejor respuesta.

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