¿Qué ocurre cuando una herramienta que ayuda a redactar un correo, resumir un informe o planificar una semana empieza a resolver cada duda antes de que la persona intente pensarla? La comodidad puede parecer inocente, pero también puede cambiar hábitos que hoy pasan inadvertidos.
Un trabajo divulgado en ArXiv por Ricard Solé, de la Universitat Pompeu Fabra, junto con Giulio Ruffini y Michael Levin, propone mirar a ChatGPT, Claude y otros modelos de lenguaje extenso desde un ángulo inesperado: su expansión social puede parecerse a la de un “virus cognitivo”.
El hallazgo no afirma que la inteligencia artificial sea una enfermedad ni que cada uso deteriore la mente. El estudio, todavía sin revisión por pares, plantea un modelo teórico para entender cómo una tecnología útil puede arraigarse en escuelas, oficinas y hogares hasta volverse difícil de dejar.

Los LLM, sistemas de IA entrenados con grandes volúmenes de texto, generan respuestas adaptadas a cada pedido. Por eso pueden resumir, traducir, programar, corregir o construir argumentos con una facilidad que transforma la relación cotidiana con la información.
También te puede interesar:ChatGPT Siempre te Da la Razón y un Análisis Explica Por Qué Esa Sensación Acabará Pasándote FacturaLa pieza clave está en que estas herramientas no se propagan solas. Necesitan personas que compartan sus textos, recomienden sus usos y trasladen a sus compañeros prácticas que parecen ahorrar tiempo.
La IA como un cableado que puede cambiar la casa
La analogía central se parece al sistema eléctrico de una casa. Al principio, instalar un interruptor automático para encender una luz resulta práctico. Pero si cada ambiente pierde sus llaves, sus interruptores manuales y hasta el hábito de reconocer dónde está el tablero, cualquier falla deja a todos sin margen de acción.
La IA puede ser un buen cableado externo, siempre que la persona conserve el tablero de control. En ese escenario, funciona como un exocórtex, una extensión externa de la mente, que busca información y ordena materiales mientras el usuario mantiene el juicio, la interpretación y la decisión final.
El problema aparece cuando la herramienta deja de ser andamiaje cognitivo, un apoyo para aprender, y pasa a sustituir las operaciones mentales necesarias para conservar una habilidad. Delegar de forma repetida la lectura crítica, la escritura o la resolución de problemas puede reducir el entrenamiento de esas capacidades.

Para estudiar ese mecanismo, los autores aplicaron modelos de epidemiología, cálculos usados para analizar contagios, a la adopción de los LLM. Clasificaron a la población entre personas no conectadas, usuarias y persistentemente dependientes, y observaron la interacción entre imitación social, recuperación de autonomía y refuerzo colectivo.
El modelo revela un posible umbral crítico, un punto de cambio acelerado. Antes de cruzarlo, el uso puede crecer poco a poco. Después, una adopción apenas mayor podría impulsar una transición rápida hacia una dependencia extendida y una caída de las competencias cognitivas.
No es una predicción inevitable. Es una advertencia sobre un engranaje social: cuando escuelas y trabajos recompensan la respuesta inmediata, pensar sin asistencia puede parecer una pérdida de tiempo. A la vez, esa menor práctica vuelve todavía más atractiva la delegación.
Las claves de una inmunización cognitiva
La respuesta propuesta no es prohibir la IA. Los investigadores hablan de “inmunización cognitiva”: prácticas que reducen la dependencia y facilitan volver a un uso más deliberado. Resolver algunos problemas sin ayuda, verificar datos y sostener discusiones críticas mantienen activas las habilidades propias.
Eric So, profesor de la Escuela de Administración Sloan del MIT, también subraya el valor de preservar la “fricción” mental: afrontar desafíos sin pedir de inmediato una respuesta automática. Esa pausa funciona como el entrenamiento de un músculo; incomoda un poco, pero evita que pierda fuerza.
La oportunidad, entonces, no consiste en rechazar una herramienta capaz de ampliar el acceso al conocimiento. Consiste en configurarla para que haga preguntas, ofrezca orientación y acompañe la práctica, en lugar de entregar siempre la solución completa.
La central de esta discusión no es si la IA entra o no en la vida diaria. Es quién conserva la mano sobre el interruptor cuando llega el momento de leer, decidir y pensar.

Directora de operaciones en GptZone. IT, especializada en inteligencia artificial. Me apasiona el desarrollo de soluciones tecnológicas y disfruto compartiendo mi conocimiento a través de contenido educativo. Desde GptZone, mi enfoque está en ayudar a empresas y profesionales a integrar la IA en sus procesos de forma accesible y práctica, siempre buscando simplificar lo complejo para que cualquiera pueda aprovechar el potencial de la tecnología.









